Buscar

Zona de Ruptura

10 notas sobre las elecciones andaluzas

Antes del resultado electoral de las elecciones autonómicas andaluzas, conocido el pasado 2 de diciembre, los análisis y pronósticos sobre el proceso se concentraban básicamente en tres aspectos:

  1. El PSOE ganaría las elecciones, pero perdería un significativo apoyo electoral, traduciéndose en una pérdida de escaños que le impedirían formar gobierno en solitario.
  2. En la derecha se dirimiría un incierto combate a tres bandas, con un crecimiento exponencial de Ciudadanos, una sangría de votos para el Partido Popular, y el ascenso de VOX.
  3. Con respecto a Adelante Andalucía, en cambio, se aseguraba que o bien mantendría o perdería 1 o 2 escaños.

Con estos mimbres, la duda fundamental que se planteaba era por lo tanto en torno a la gobernabilidad de Andalucía tras las elecciones, y la cuestión de en quién se apoyaría el PSOE andaluz para gobernar.

Estos pronósticos, en el fondo, no se equivocaron, pero no acertaron en dos acontecimientos de calado que son los que hoy han marcado una suerte de shock, por lo inesperado: el descalabro del PSOE, que ha sido aún mayor de lo predecible, y la espectacular subida de VOX. Este resultado ha destruido también el vaticinio que aseguraba que, en todo caso, el PSOE podría gobernar, aunque sin mayoría y buscando apoyos.

Seguir leyendo “10 notas sobre las elecciones andaluzas”

Anuncios

Lo que se juega en Andalucía

1El día 2 de diciembre se celebran elecciones anticipadas en Andalucía, la Comunidad Autónoma más poblada de España (más de 8,3 millones según el INE)[1], por delante de Cataluña (7,5 millones) y Madrid (6,5 millones). En torno a 6,5 millones de andaluces podrán acudir a las urnas.

Éstas son unas elecciones de primera magnitud, por el peso específico de Andalucía en el conjunto del Estado, y porque, como observa lúcidamente el veterano jurista Javier Perez Royo[2], las elecciones andaluzas suelen marcar una pauta en el resto de Comunidades Autónomas del Estado, salvo en los particulares universos políticos de Madrid, País Vasco y Cataluña.

Seguir leyendo “Lo que se juega en Andalucía”

Pablo Casado, Albert Rivera y el espacio Salvini

Los pobres pertenecen a una especie infrahumana. Son algo menos que humanos, son despreciables, ignorantes, feos, desagradables. Son desechables. Esto es lo que pensaba Gonzalo de Aguilera y Munro, terrateniente, oficial retirado del Ejército español, salmantino. Cuando en julio de 1936 en España un nutrido grupo de militares traidores a su  pueblo y a su patria decidieron dar el golpe de Estado que acabó en Guerra Civil, el señor Gonzalo de Aguilera, para celebrarlo, puso en fila a sus jornaleros, eligió a 6 al azar, y los fusiló. Para que aprendieran.

Los militares africanistas, bregados en una lucha sin cuartel contra los marroquíes, se habían embrutecido asesinando salvajemente a la población civil del país vecino, entonces ocupado en su franja norte por España, y lo hicieron sin remordimientos: los moros eran infrahumanos. Los obreros y campesinos españoles tenían sangre bereber y árabe, postulaban, y, por lo tanto, también eran seres inferiores. Es decir; también podían ser exterminados. Y si alguien manifestaba una opinión contraria a esto y se resistía al “Alzamiento”, el general Mola, artífice del Golpe del 36,  lo dejó bien clarito: “Hay que dar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos y sin vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

Lo más lamentable es que en gran parte de la intelectualidad española (como en gran parte de Europa), las teorías racistas, genetistas y biologicistas que clasificaban a los seres humanos en tipologías raciales para justificar el dominio de unos sobre otros, estaban muy en boga. Esto permitió a toda una generación de autores, grandes filósofos y literatos, que, al preguntarse sobre las causas de la decadencia de España, a la vez que descubrieran, acertadamente, que el problema estaba en las élites (las “oligarquías y el caciquismo”), llegaran a la conclusión de que España estaba demasiado “africanizada”. Europa era lo moderno y lo civilizado, y España tenía que tender a Europa. Había que huir del vecino africano, el lugar de lo “bárbaro”. Alguien tan relevante e interesante como Joaquín Costa llegó a dejar escrito que había que “contener el movimiento de retroceso y africanización que nos arrastra lejos de la órbita en que gira y se desenvuelve la civilización europea”. Europa era el remedio contra la enfermedad “África”.

Hicieron falta 50 millones de muertos y la derrota del fascismo en 1945 para la puesta en cuestión de toda una serie de ideas racistas que habían adquirido categoría de prestigio académico. Hasta hace poco nadie, salvo los muy trasnochados, se declaraban abiertamente racistas.

Es difícil subestimar por ello la relevancia que tiene que en Europa existan personajes como Salvini. Todo un Ministro del Interior en Italia, madre fundadora de la UE. Y también de Berlusconi. Y también del fascismo. En la otra orilla, también de grandes pensadores que han incidido en la lucha por la emancipación del género humano, como Lorenzo Valla, Maquiavelo o Antonio Gramsci. Italia es una suerte de laboratorio de pruebas. Produce desde los tiempos de Roma una serie de innovaciones políticas que anuncian tendencia, marcan estilo. Italia es fondo y forma. Italia es parte indispensable de la red neuronal que vertebra la historia y el pensamiento de Europa. Sin Italia no hay Europa. Hay que tomarse muy en serio lo que pase en Italia.

Europa no es el lugar de condensación de todos los males de la Tierra. Es el crisol donde se fundió la rica cultura mediterránea productora de grandes cadenas pero también de sólidos yunques y martillos para desbaratarlas. El azar colocó a Europa, península de Asia que besa a África en el Estrecho, en un lugar geográfico privilegiado de cruce de civilizaciones. No hay nada dado de una vez y para siempre. Sucedió simplemente, y los historiadores tratan de desentrañar el origen de los azares que colocaron a Europa en una posición de dominio. La tradición clásica lo supo entender: la fortuna es la emperatriz del mundo.

A partir de 1945 se convirtió en políticamente incorrecto decir lo que hoy dice el gobierno italiano: los gitanos sobran. Los negros sobran. Los desheredados de la tierra, aquellos sobre cuyos cadáveres erigimos nuestro bienestar, sobran.

No es una casualidad que precisamente cuando ese bienestar se tambalea, el cáncer Salvini aparezca. Las últimas declaraciones de Casado anuncian que la metástasis ya se ha extendido, aunque ha estado larvada durante mucho tiempo. Donald Trump, Salvini y personajes similares no son una aberración, una pústula infecta o el producto de un error en la historia: es la consecuencia lógica de años de políticas de racismo encubierto en los significantes “lucha contra las mafias”, “contra el terrorismo” o de “contención en frontera”. Son la expresión fidedigna de hacia dónde camina la humanidad cuando el simple ánimo de lucro cabalga sin bridas, dejando atrás los valores de solidaridad, fraternidad, libertad e igualdad, las auténticas raíces de la democracia moderna.

Rivera y Casado son hoy dos gladiadores que luchan en la arena pública por el espacio Salvini en España. Representan sin lugar a dudas lo peor de Europa, lo menos válido. El miedo, la insolidaridad, la conversión del derecho en privilegio. El peso de las generaciones muertas, la pulsión tanática, la autodestrucción de las redes sociales basadas en la fraternidad. Son el fin de la cosa pública y la entrada de cabeza en el infierno del sálvese quien pueda. Con ellos no hay otro futuro que el abismo.

Pablo Casado se ha colocado ya abiertamente en el espacio Salvini: el espacio del populismo de derechas. Es muy sintomático que, como Rivera, ya anuncia en cada declaración, con una negación, todo aquello que es: un populista de derechas y un nacionalista excluyente e intolerante.

Casado tiene una habilidad primordial, genuina y sinceramente extraordinaria: miente sin pestañear. No puede ser de otra manera en una persona que representa en sí mismo el paradigma de eso que se llama “emprendimiento”, entendido exactamente en los términos en los que realmente funciona: el mundo del enfrentarse con la barbilla alzada a la dignidad, a la honestidad, a la profesionalidad y a la virtud del servicio público, todo  en aras del medro y el lucro. Casado sabe qué hay que hacer para tener éxito en este mundo. Dar codazos, usar el Caos como escalera, tirar de clientelismo, desarrollar con sutileza el difícil arte de lo aparente. Casado no es un monstruo, es un símbolo: el de la banalización de la democracia. “No hay que hacer demagogia”, nos dice, mientras hace de ella la fuente de la que manan sus falacias. “No hay que ser populistas”, nos dice, mientras juega con la lógica amigo/enemigo haciendo del inmigrante el “Otro” a erradicar; el “problema es el nacionalismo”, nos canta, mientras hace del uninacionalismo españolista la bandera con la que pretende salir del bucle de decadencia electoral en el que está inserto su partido.

Salvini ya está aquí entre nosotros, desdoblado entre Rivera y Casado, emponzoñando el aire. La pregunta clave es: ¿ha venido para quedarse?

 

El combate que viene: en Europa y contra el populismo de derechas

Resultado de imagen de salvini

Según el análisis electoral realizado por el equipo de Jaime Miquel para el diario Público, la moción de censura de Pedro Sánchez que ha derribado al gobierno de Mariano Rajoy con el apoyo de todos los partidos del arco parlamentario salvo PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias, ha supuesto, de momento, el hundimiento de las perspectivas de voto del Partido Popular. Buena noticia. Lo malo es quiénes van a sustituirles.

Según los cálculos de Miquel, si hoy se votara en unas elecciones generales, el PP quedaría en cuarta posición y el sector de sus votantes de ultraderecha votaría al partido VOX, que podría acceder a la conquista de dos escaños. Además, asegura Miquel, Pedro Sánchez ya no rascará más en el sector derechista del electorado español, que ha quedado aglutinado en torno a la figura de Albert Rivera.

Seguir leyendo “El combate que viene: en Europa y contra el populismo de derechas”

El Partido Popular, una lacra para España

La negación sistemática de la legitimidad del adversario como estrategia para alcanzar o mantener el poder político. Éste es básicamente el modus operandi al que nos tiene acostumbrado el Partido Popular en España, especialmente cuando está en la oposición, aunque también cuando ejerce el gobierno. Vamos a tener ración doble de este caldo lo que dure el nuevo gobierno socialista.

Seguir leyendo “El Partido Popular, una lacra para España”

7 notas sobre el nuevo gobierno de Pedro Sánchez

1.- El primer y más evidente hecho en los nombramientos de Sánchez para su gobierno, es el nombramiento de más mujeres que hombres. Más mujeres y además en puestos de responsabilidad que habitualmente eran considerados patrimonio de los hombres.

Esto tiene una clara significación feminista, en el sentido de que atiende al despertar feminista que la sociedad española parece estar viviendo en los últimos años. Poner esto en cuestión me parece absurdo.

Porque los gestos simbólicos no son únicamente gestos, son también reconocimiento, en este caso, a la pujanza del movimiento feminista. Que haya interés electoralista, por obvio, no implica que no pueda tener aspectos positivos.

La discusión en torno a si este gesto es algo verdaderamente feminista me parece aún temprana, fundamentalmente por dos cuestiones: a) habrá que esperar a ver qué tipo de políticas públicas se ponen de manifiesto y b) habrá que esperar a ver qué tipo de políticas de corte feminista se ponen en marcha, si es que finalmente se ponen en marcha.

Esto último en dos sentidos: lo radicales que sean esas políticas y en función a qué tendencia del feminismo se adhieren tales medidas. Porque el feminismo es algo bastante plural, afortunadamente. En principio siempre es positivo cualquier política feminista (puesto que busca una mayor emancipación de las mujeres en un contexto que las discrimina con evidencia, y ello redunda en una sociedad más igualitaria y, por lo tanto, mejor para todos y todas) pero en lo concreto no todas las propuestas del feminismo son igualmente valiosas (según mi opinión).

Por ejemplo: existe un feminismo que considera que la prostitución debe ser abolida. Y existe otro feminismo que considera que lo fundamental es proteger a las trabajadoras del sexo, regulando su trabajo. El primer feminismo denuncia la mercantilización del cuerpo de la mujer y siente aversión a que el sexo pueda ser objeto de una transacción comercial, tendiendo a dar poca voz a las trabajadoras del sexo, a las que se victimiza y elimina capacidad decisoria (entre otras cosas confundiendo constantemente prostitución con trata), mientras que el segundo atiende a un concepto más desprejuiciado de la sexualidad y se preocupa por la cuestión de los derechos de las trabajadoras.

Existe, por poner otro ejemplo, un feminismo de carácter muy punitivo, que entiende que problemas sociales reales y muy sangrantes como la violencia de género, el acoso o la agresión sexual se solventan con un mayor énfasis penal, mientras que existe otro feminismo que, sin negar necesariamente lo anterior, reivindica una mayor dedicación a políticas públicas educativas para erradicar el machismo de allí donde mejor cobijo encuentra: las mentalidades sociales.

La articulación de políticas feministas puede por lo tanto atender a unos u otros valores, y en función de donde se ubiquen podrán resultarnos más valiosas o menos. Aún es pronto para saberlo, pero mi intuición es que de articularse políticas feministas puede que se concentren en la tendencia feminista hegemónica, compartida tanto por el feminismo socialista como por el autoconsiderado de corte más “de izquierdas” (que en los dos casos presentados se refieren a la postura “abolicionista” y a la postura “punitiva”), que, en lo que respecta a la lucha por la igualdad, son en mi opinión opciones menos valiosas, porque en el fondo no atienden o confunden la raíz del problema y tienen cierto poso de conservadurismo con el que no comulgan, afortunadamente, todas las feministas. Esta fértil disputa intelectual en el diario Ctxt.es entre Beatriz Gimeno y Loola Pérez puede resultar ilustrativas del tipo de diferencias existentes en el seno del feminismo:

(http://ctxt.es/es/20180523/Firmas/19815/sexo-feminismo-empatia-sexualidad-machista.htm y http://ctxt.es/es/20180606/Firmas/19986/follar-empatia-sexo-patriarcal-feminismo-Loola-Perez.htm).

2.- Los gestos, decíamos, no son sólo gestos, sino también reconocimiento. Y en el vital cargo del Ministerio de Economía, Sánchez ha decidido colocar a una tecnócrata abiertamente socio-liberal (Calviño) lo que anuncia (de nuevo, habrá que esperar que tipo de políticas se ponen en marcha) un gesto hacia las políticas económicas tradicionales en la UE.

Es decir, el tipo de políticas económicas que nos han traído hasta el lugar en el que estamos: una potente erosión de los sistemas de protección de las mayorías sociales, de los derechos de los trabajadores y de las instituciones públicas dedicadas a tal efecto, a la vez que se incrementa la renta de quienes más tienen y se reduce la de los que menos tienen. A su vez, estas políticas han desgastado, desprestigiado y vaciado de contenido al sistema representativo democrático, arrebatándole espacios de soberanía que se ubican en lugares donde no decide la gente.

Los suspiros de alivio de los mercados, de Ana Botín y de los prebostes de Bruselas ante el nombramiento de Calviño han sido evidentes. Y como no existen evidencias de que los suspiros de tales agentes suelan repercutir en el bien común, no tengo ningún tipo de confianza ante este nombramiento. Habrá que ver por dónde van los tiros, pero no huele bien.

3.- La elección de Marlaska para el ministerio de Interior tampoco anuncia buenas cosas. Este bilbaíno, perteneciente al sector conservador de la judicatura, asociado tradicionalmente al Partido Popular, se ha destacado por poner en cuestión las denuncias de las asociaciones de derechos humanos sobre el trato recibido por los migrantes en situación irregular en los CIE, ha ignorado las denuncias de torturas en el País Vasco, no encontró causa penal en el caso del Yak-42, que afectaba al PP, y se ha manifestado en contra del acercamiento de presos de ETA condenados por terrorismo a sus localidades de origen (hecho que conculca de manera evidente derechos fundamentales por muy deleznables que nos parezcan los atentados). Otras realizaciones del juez que inciden en su carácter conservador son las referidas a la petición de identificación de las personas que quemaron fotos del rey en Cataluña en 2007 (los autores fueron condenados a multas, y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reprendió a España por ello).

En definitiva, lo único positivo de este juez desde un punto de vista progresista es su defensa de los derechos del colectivo LGTBI, al que él mismo pertenece, con lo que Sánchez se apunta un nuevo tanto de “guiño” hacia los que defiende las libertades en el capítulo de la identidad sexual.

4.- Se podría seguir relatando sobre las ambigüedades de cada uno de los nombramientos. El candente tema catalán es otro de ellos, y el nombramiento de Borrell y de Batet apunta a disparos en dos direcciones (un tiro españolista y otro más proclive al diálogo). En todo caso lo que parece claro es que Sánchez ha convertido lo que se denominaba un “gobierno Frankenstein” en un gobierno con imagen de solvencia, que contenta de manera relativa a un amplio abanico de sectores, especialmente a los sectores más conservadores del voto progresista, a los votantes de Ciudadanos que emigraron del PSOE o a algunos sectores amplios de personas hastiadas del gobierno del PP.

5.- Lo más positivo del gobierno de Sánchez es en todo caso que por fin el PP es desalojado del gobierno. Esto en principio puede parecer poca cosa, porque la vida nos enseña que en política, por muy mal que vayan las cosas, siempre pueden ir a peor.

Sin emabargo la cuestión es que hoy el peor escenario, que aún sigue en el horizonte, es la configuración de un gobierno de derechas dominado por Albert Rivera y apoyado por el PP y ese escenario ha sido trastocado con la moción de censura.

La jugada de Sánchez con la moción fue en realidad un ataque directo no al Partido Popular (inicialmente es probable que Sánchez ni siquiera estuviera pensando en ganar la moción de censura) sino al partido naranja, que ya se frotaba las manos esperando que la Moncloa le cayera como manzana madura en las manos impulsada por la ley de la gravedad de la corrupción sistémica de los populares. Albert Rivera se ha quedado con la cara congestionada, al estilo Susana Díaz tras las primarias del PSOE. Al menos podremos agradecerle a Pedro Sánchez el haber lanzado un buen jarrito de agua congelada sobre la soberbia insultante de estos dos personajes. Bromas aparte, el PP se ha ido porque la sociedad española ya no aguanta más, y Pedro Sánchez ha sabido leer que era el momento de dar descanso a esta saciedad. Él y sus asesores han sido inteligentes, y esto debe ser reconocido como una virtud en política. El sentimiento mayoritario en la sociedad española, aunque se exprese con voto dividido, es que está harta de los corruptos, y Sánchez se ha convertido en el percutor de esa indignación con su moción de censura.

6.- Se podrá comprobar que no tengo mucha confianza en las posibilidades que tiene este gobierno de generar una política progresista. Sin embargo, me parece bastante pueril el tipo de manifestaciones que suelen oírse en determinados ambientes de izquierdas. Básicamente, estas manifestaciones alarman sobre la insolvencia de la identificación de Sánchez y del PSOE con la izquierda, proponen un corolario de ejemplos, la mayoría de las veces acertado, sobre las veces que el PSOE traicionó a los ideales de la izquierda, e incluso se oyen los cánticos de quienes aseguran que con el PSOE se estará incluso peor que con el PP, dado que llevará a cabo las mismas políticas con una pátina de falsa preocupación social. Sinceramente estoy algo cansado de quienes se sienten en la obligación de recordarnos constantemente dónde están los verdaderos ideales del PSOE, entre otras cosas porque creo que esta cuestión es suficientemente conocida. En fin, que la gente no es tan imbécil, y sabe perfectamente lo que hay. Y es responsable de lo que vota y a quien apoya. Lo que pasa es que la gente decide depositar su voto o sus perspectivas de mejora en quien le ofrece aquello que considera una mejor solución. Esto lo sabe perfectamente Pedro Sánchez y sus asesores, y por eso han ido directo a la yugular, pensando en las futuras elecciones.

La cuestión es que el voto no es el alma de una persona. No compromete su “esencia” (si acaso existe tal cosa) ni lo condena al Hades de por vida. El voto es una de las múltiples herramientas que tenemos en democracia para manifestar nuestras preferencias políticas, nuestra indignación o nuestras esperanzas. Uno puede considerar que la población es simplemente un conjunto de hormigas o borregos que son dirigidos de manera absoluta por los medios de comunicación, las mentiras de los líderes políticos, su ignorancia y su propio e intrínseco egoísmo.  Por ejemplo, esto lo piensan los nacionalistas españoles de los nacionalistas catalanes, y a la inversa. Esto lo piensa por regla general la derecha, y en momentos específicos la izquierda, sobre todo cuando el pueblo no apoya sus propuestas. Esto lo piensan muchos líderes políticos que prefieren no hacer el esfuerzo de pensar en la propia responsabilidad a la hora de convencer a la gente de que su opción es la más acertada.

Sin eliminar totalmente la tesis del seguidismo irreflexivo, el poder de los medios de comunicación, la manipulación de los líderes políticos, etc, que evidentemente afecta también, podría argumentarse que existen más factores, que la gente toma decisiones de manera consciente, tiene herramientas para hacerlo, y son por lo tanto responsables de las decisiones que toman. La gente vota a una opción porque su proyecto le emociona, coincide con sus valores, con lo que piensa o incluso con lo que desea pensar. En la combinación entre la capacidad volitiva del ser humano y la presión de las estructuras sistémicas está la clave. No sólo en uno de los dos polos.

 7.- Finalmente, ante esta situación que tenemos, la pregunta clave, para un votante progresista, es: ¿Qué puede hacer Unidos-Podemos? Porque Unidos-Podemos, a pesar de todos los pesares, que comienzan a ser muchos, y muy densos, sigue siendo la opción más esperanzadora que uno vislumbra en el horizonte. No porque sean la panacea de nada, sino porque son el germen de algo, y, de hecho, ya han provocado una dignificación de la política española evidente. El Parlamento se parece hoy a España más que en 2014, eso es evidente.

Unidos-Podemos puede entonces tirar por la vía confortable y conocida de jugar a lanzar las profecías de autocumplimiento que tanto han hecho por el avance del neoliberalismo al provocar el auto-exilio de la izquierda de las instituciones. En este caso esta estrategia se plasmaría en realizar una labor de zapa y destrucción del gobierno de Sánchez aprovechando su posición de debilidad en el Congreso, denunciando la impureza y falsedad de su asociación al espectro de la izquierda (siempre se encontrarán sólidos argumentos para esto).

Sin embargo, también podría aprovechar para alejarse del típico puritanismo obsesionado con la búsqueda de las esencias y preocuparse por el bien del común, por avanzar en lo que se pueda, apoyar aquello que sea progresista, denunciar lo que no lo sea, y no hacerle el juego a Ciudadanos y PP, que de buen seguro van a dedicarse a tratar de hacer, como siempre, del Caos su mejor baza electoral. Si Unidos-Podemos decide optar por esta última opción, que no es otra que la de tratar a la gente con respeto, quizás obtenga buenos réditos electorales. Pero la cuestión no está únicamente en ganar elecciones. También es posible que, se haga lo que se haga, a Sánchez le salga bien la jugada, y acabe animando un nuevo incremento de apoyo electoral al PSOE. Pero resulta que la cuestión no es qué es lo mejor electoralmente, sino qué es aquello que verdaderamente repercute en el bien de la gente. ¿Un gobierno de Ciudadanos y del PP será igual que uno de PSOE apoyado por Podemos? Quizás sí, pero, como aún no lo sabemos, porque no se ha dado la circunstancia… ¿y si probamos?

 

La mirada larga del PNV

Hace unos días, una iniciativa del PDeCAT para agilizar los “deshaucios express” de las viviendas ocupadas fue aprobada en comisión (a la espera de su aprobación en el Senado) con el apoyo del PP, PNV y Ciudadanos.

Aunque es cierto que las disposiciones que defendían Ciudadanos y PP eran aún más duras, la iniciativa facilita un trámite rápido para desalojar viviendas pertenecientes a particulares, entidades sociales y públicas destinadas a alquiler social. Esto deja en estricta intemperie a los “ocupas” que deciden habitar una vivienda vacía por motivos relacionados con la mera supervivencia.

La insistencia particular de Unidos Podemos ha conseguido que no se incluyera en esta medida a las propiedades de los grandes tenentes de propiedad y a los fondos buitres, a pesar de la presión en sentido contrario ejercida por Ciudadanos, apoyados por el PP. La nueva normativa se autojustifica con el argumento de “luchar contra las mafias” que aprovechan la situación de vulnerabilidad de los ocupantes para lucrarse, pero no se establece en la práctica ninguna medida para combatirlas. Es decir, que, como denunció Lucía Martin, de En Comú, o Mayoral, de Unidos Podemos, la medida garantiza desalojar a personas sin garantía de realojo. El PSOE, algo más tibio, para variar, finalmente ha votado en contra de la medida. ERC también votó en contra, aunque no presentó ninguna enmienda. Por un solo voto, la propuesta de PDCat ha salido adelante.

En otras palabras, PDeCAT, Ciudadanos, PNV y PP esconden las banderas que tanto agitan para ponerse de acuerdo en aquello que les une: la defensa a toda costa de la propiedad privada. A “toda costa” aquí significa lisa y llanamente por encima del bien común. Estos cuatro partidos nacionalistas de derecha (dos españolistas, uno catalanista y otro vasquista) tienen bien clarito a quiénes se deben, y a quienes defienden. El modelo es el mismo, las diferencias estriban en a qué “nación” dicen representar mientras la desahucian.

Las diferencias entre estos distintos nacionalismos de derecha son no obstante notables, y no sólo en la cuestión nacional, que es fundamental y no solo cortina de humo, aunque haya mucho de esto. Y la diferencia más marcada está sin duda en el PNV.

El PNV es probablemente la derecha más “moderna” de todo el espectro político español, la más conectada auténticamente con la histórica democracia cristiana europea, esa que construyó el pacto social de posguerra con los socialdemócratas y que hoy está en disolución, y es también la derecha que en España ha mostrado una mayor y más genuina sensibilidad social, hecho este último que no puede sin embargo desconectarse de las particulares circunstancias en las que Euskadi se ha desenvuelto desde que el tirano se fue a molestar al infierno: el generoso pacto fiscal concedido por el Estado y la presencia de la violencia armada de ETA, uno de los más deletéreos legados que Franco legó a la democracia española.

Pero la diferencia fundamental del PNV con respecto no ya a las derechas nacionalistas del Estado en sus variadas adscripciones, sino probablemente al resto de opciones políticas, es la sutil, audaz y experta mirada larga con la que los de Sabin Etxea observan el panorama español.

El PNV es hoy el partido que mejor sabe entender España. Podemos supo inicialmente, quizás partiendo de alguna hipótesis incorrecta, pero exitosa, detentar esa mirada larga, pero la progresiva laminación del sector auténticamente radical en su seno (los genuinamente populistas) les ha hecho perder capacidad interpretativa, y salvo el sector que está combatiendo por mantener sus posiciones en Madrid en torno a Errejón, esa capacidad se está diluyendo en el partido morado.

Pero el PNV es otra cosa, en primer lugar porque la experiencia, por mucho que duela a los jóvenes audaces que hoy inundan la política española, es siempre un valor añadido, y en segundo lugar porque ellos no pretenden subvertir el régimen del 78, del que han sacado réditos más que significativos, sino mantenerlo en la medida de lo posible mientras se preparan para su inevitable transformación.

La mirada larga del PNV le está advirtiendo de varias cosas. De un lado, en lo inmediato, ha logrado que el movimiento de los jubilados en Euskadi le sirva de pista de aterrizaje perfecta para apoyar los presupuestos del PP haciendo caso omiso a las barbaridades que el gobierno está poniendo en marcha contra sus “hermanos” en Catalunya. El PNV, con el pacto alcanzado en esta materia con el PP, se acaba de marcar un tanto extraordinario, pues se va a presentar ante las generaciones mayores en Euskadi como el adalid de su combate por el mantenimiento de unas jubilaciones dignas. El peix a cove se fue de Catalunya, pero en Euskadi se mantiene incólume al desaliento.

En segundo lugar, a medio plazo, el PNV está observando con honda preocupación que la fenomenal crisis de representación que azota España, y que ya ha trocado bipartidismo en tetrapartidismo (a nivel estatal) está camino de cerrarse por la derecha con la paulatina sustitución del Partido Popular por Ciudadanos.

Un Ciudadanos que no sólo cuenta con la simpatía de la mayoría de los medios de comunicación y empresariales, sino que además hace gala de un nacionalismo español sin complejos que no se nombra a sí mismo, hecho que marca aún más la relevancia de su existencia, que se aleja (no sin alguna dificultad) de la evidente conexión que el PP aún mantiene con sus raíces franquistas, y que ha acumulado una notable experiencia en la dificilísima batalla catalana, no sólo sin quemarse, sino incrementando exponencialmente sus posibilidades.

El problema fundamental para el PNV es que este nuevo Cid Campeador de la derecha española no debe nada a los pactos del 78, aunque haga uso constante de los mitos fundacionales de la Transición para enrocarse con los valores de moderación, consenso y apatía política con los que fueron educados gran parte de las generaciones posteriores al 78, y sobre todo, no debe nada a los pactos territoriales que se establecieron entonces.

Y he aquí la mirada a largo plazo del PNV: dado que estos pactos están quebrados, primero por la actitud del Partido Popular (desde la política recentralizadora de la segunda legislatura de Aznar hasta la sentencia del TC sobre el Estatut, más todo lo demás que aún sigue) y luego por la reacción defensiva catalana (especialmente esas dos famosas leyes del Parlament de auténtico viaje a la estratosfera), Ciudadanos no se siente en absoluto concernido por ninguna de las líneas rojas territoriales que ya no respetan ni sus demiurgos. Sólo hay una de la que no se habla, que no se toca, que no se huele, que nadie se atreve a nombrar, y esa ausencia se va a convertir, advierte el PNV, en una potente presencia con los oportunistas de Rivera: el concierto económico vasco.

Esta triple mirada del PNV es la que explica, en el contexto de una corrosiva crisis multidimensional que ha degradado hasta niveles insospechados el bienestar en España, la jugada maestra del PNV al apoyar los presupuestos. El PNV teme la llegada del centralismo españolista renovado de Ciudadanos, y va a poner toda la carne en el asador para mantener en la UCI al Partido Popular todo el tiempo que sea necesario. El PNV conoce bien España. Mejor que nadie.

La sonrisa de los mismos

Estos días, en la sonrisa de Cifuentes habita toda una forma de entender la política en España. Y un anuncio de futuro. Un anuncio que hay que combatir con todas nuestras fuerzas. Y con el voto entre los dientes.

La de Cifuentes es la mirada y la sonrisa de un depredador acorralado que aún confía en la firmeza de sus dentelladas y en el auxilio del resto de la jauría.

La sonrisa de Cifuentes es la muralla de Numancia encalada con la sentencia romana que acabó con los asesinos de Viriato, está protegida por los puñales de Guzmán el Bueno y enlucida con el mito de Moscardó resistiendo en el Alcázar de Toledo.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes no está la defensa imposible de un máster que no fue, ni tan siquiera la mala leche y la venenosa quina de las personas curtidas en el mar de tiburones del espectáculo de la copla de la caspa, a lo Pantoja.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes hay algo más profundo. Seguir leyendo “La sonrisa de los mismos”

El Máster en Novio de La Muerte

mastermuerte

El Partido Popular ha desplegado durante esta Semana Santa una poderosa estrategia mediática que merece una reflexión seria y desprejuiciada. Aquellos que deseamos que caiga el mal gobierno deberíamos estar muy atentos a las señales que los estrategas del PP están mandando a la sociedad. Porque son de una inteligencia indiscutible, y no anuncian nada bueno.

Seguir leyendo “El Máster en Novio de La Muerte”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: