El PP, sin ningún tipo de complejo, recupera el ajado lenguaje de la Guerra Fría y embiste, sintiéndose acorralado, con la tesis de “que vienen los rojos”.
Rita Barberá, ese monumento al señoritismo y a la babosa soberbia del posfranquismo, propone un pacto de Estado “contra los radicales”; Esperanza Aguirre, sin lugar a dudas un auténtico parásito para el sistema democrático, una tenia que se alimentó y engordó a costa de la corrupción que florecía bajo su férula (nunca le salpicó, pero todo llegará) propone a PSOE y Ciudadanos un pacto para frenar a Carmena, que en su opinión quiere “destruir la democracia occidental tal y como lo conocemos” (alucinante). Para rizar el rizo, Yolanda Barcina, presidenta del gobierno de Navarra, en esta ocasión no del PP sino de UPN, que es lo mismo sin llegar a serlo, y que tiene en su haber una mochila cargadita de sospechas de enriquecimiento a costa del erario público, de dietas infladas, sueldos aumentados, cohechos perdonados por el Tribunal Constitucional y de relaciones sospechosas con grandes empresas y cajas de ahorro, en un alarde de profundo conocimiento histórico y politológico, logra enlazar en un mismo discurso, ni más ni menos, a ETA, la Argentina de Perón, la Venezuela de Chávez, Podemos y si, queridos amiguetes, a la Alemania de Hitler. Para más inri, lo hace citando a Stefan Zweig y su maravilloso libro “El mundo de ayer”, pervirtiendo el pensamiento de uno de los autores que supo plasmar como nadie el grito de desesperanza, desasosiego y dolor de una época en la que Europa abandonaba lo mejor de sí misma para caer en los brazos del fascismo.
Dado que su proyecto para España no es otro que el del capitalismo de amiguetes, ese en el que los pocos se llenan los bolsillos y los muchos pagan la cuenta; dada su falta de sensibilidad hacia los problemas reales de la población, su desprecio hacia las demandas de transformación y regeneración democrática, su profunda y enfermiza actitud de soberbia y su incapacidad congénita para entender que el país clama por una rectificación de las políticas de austericidio, al PP no le queda otro remedio que recurrir al miedo. ETA, comunismo, Chávez-Lucifer, extrema izquierda, radicalismo, antisistema… la cantinela de siempre, las cortinas de humo con las que trabajan para tratar de ocultar lo que realmente late bajo el ADN del Partido Popular: un profundo desprecio por la democracia cuando sus resultados no les benefician.

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