Escucho a Paco Marhuenda, ese gran intelectual del centro-derecha español, reconocido a nivel intergaláctico por la sutil objetividad que imprime a su diario, “La Razón”, otro monumento a la más estricta imparcialidad y al buen hacer periodístico, en el debate de hoy en “Al Rojo Vivo”, hacer una defensa a ultranza del respeto a los políticos, de la necesidad de huir de las descalificaciones y el insulto, para a continuación, en un giro dialéctico sin parangón en la historia de la filosofía, llamar a Varoufakis “chulo bielorruso”, y a los representantes democráticamente elegidos de los ayuntamientos donde han confluido opciones municipalistas de nuevo cuño, “hippi-flowers” y “pijos progres”. Su preocupación por que algunos de los nuevos regidores de ayuntamientos en España lleven “alpargatas” y “camisetas” en lugar de chaqueta y corbata dice mucho de la altura de sus elucubraciones políticas. Y, sobre todo, de la manifiesta e inconmensurable incomprensión de la derecha española acerca de lo que está pasando en el país. Precisamente la estética de “desharrapado” que tanta repulsión provoca en el contertulio, es todo un símbolo del proceso de cambio que está sucediendo en el país. Su estética es mucho más que una imagen, es el producto de una demanda, cargada de sentido ético democrático radical, la demanda de que la gente común, cercana a la realidad social que se vive en la calle, gobierne en las instituciones y se comience a utilizar los recursos públicos para el bien común y no para el lucro de unos pocos. Donde Marhuenda ve un leproso, mucha gente en España ve a uno de los suyos. Mientras el mundo sigue su curso, y políticos de veras, con altura de miras y el corazón en la gente, se asoman a la posibilidad de gobernar, Marhuenda se aferra a su alpargata y a sus modales de intelectual liberal por encima del bien y el mal, detentador de la verdad absoluta. Que maravilloso será verlos caer, o, al menos, tambalearse.

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