Desde que el pasado 24 M una serie de nuevas agrupaciones municipalistas dieron el sorpasso, que no la sopresa, que se veía venir, en las elecciones municipales, el tema de la confluencia se ha convertido en un lugar común en las discusiones y las ilusiones de muchos que esperamos que lleguen las elecciones generales para, con el voto a modo de martillo, usar la urna como un yunque, y que suene el martinete de “se os acabó el tinglao”, y ver hasta dónde puede llegar el necesario e inevitable cambio (otra cosa será el ritmo, los tiempos y la profundidad del mismo) que ha de acontecer en España.
El acto de clausura del Foro por el Cambio de Podemos celebrado este fin de semana en Vallecas ha tenido como uno de sus ejes, si no el central, responder abiertamente al órdago desafiante que supone para la organización el lanzamiento de “Ahora en Común”. En el Foro estaban Susan George y De Sousa Santos apoyando la opción del partido morado: no me parece baladí que estuvieran presentes estos dos intelectuales tan influyentes en los movimientos sociales alternativos desde la época de la antiglobalización. De Sousa tiene un papel más o menos relevante e influyente en Latinoamérica. Estas palabras suyas en el Acto de Clausura de Podemos son en mi opinión muy significativas y apuntan claramente en un sentido en el debate de la “confluencia”: “en España el nombre de la renovación y la refundación de la política es Podemos (…) Ésta es la renovación genuina, y como en todos los procesos hay un intento de diluir la renovación genuina en una renovación falsa, no lo vamos a aceptar”. A buen entendedor…
Las intervenciones de Errejón e Iglesias son las más abiertamente dirigidas a la polémica. En resumidas cuentas, la tesis es 1) el eje izquierda y derecha no sirve para ganar y 2) la plataforma “Ahora en Común” se ubica en el lado izquierdo del problema, y por lo tanto, no es una opción ganadora. Por otra parte, uno de los argumentos clave en el discurso de los dirigentes de Podemos, es que la izquierda ha estado constantemente ejerciendo de “pitufo gruñón” (expresión acuñada por Pablo Iglesias, de nuevo haciendo de las suyas en un discurso ofensivo que podría ahorrarse) y ha advertido del fracaso de todas las estrategias de Podemos cuando al final han resultado ser eficaces: la cara de Pablo en las papeletas, la separación del eje derecha-izquierda, el uso de los términos “patria” y “casta”, y un largo etc. Por otra parte, creadores de opinión muy seguidos en los circuitos de la indignación han venido expresando sin ambages su desilusión con el verticalismo de Pablo Iglesias, su egocentrismo, el incumplimiento de muchas de las propuestas que Podemos articuló al principio de su campaña, la incapacidad de Podemos para articular vías para la confluencia, etc. El análisis suele ser que las elecciones municipales demuestran que el camino es crear plataformas de convergencia para las elecciones, y que la apuesta de Ahora en Común serviría a tal contingencia. No estoy deacuerdo con este enfoque, aunque me parezcan obvios los problemas mencionados derivados de la centralización verticalista en el partido, la marcha atrás en algunas propuestas y los problemas relacionados con el tono de algunas críticas. La tesis de los dirigentes de Podemos, que yo comparto, tal y como lo expresan, viene a decir que se ha configurado un espacio de indignación ciudadana que reclama una enmienda a la totalidad del sistema de partidos, está asqueada y harta, necesita un cambio de 180 grados, y eso implica un NO tamaño catedral no sólo al PP y al PSOE, sino a la propia configuración de la frontera que llamamos “derecha e izquierda”. Parafraseando a Jaime Miquel, autor del indispensable libro recién publicado “La perestroika de Felipe VI”, esto es una “posición inexpugnable” en el mercado de los votos. Yo comparto esta tesis. Se ve en el aire que respira España, y lo digo a casi 9000 kilómetros de distancia. Y lo huelo. Si “Ahora en Común” se constituye como una plataforma de izquierdas, ese caballo de madera arderá como la yesca antes de pasar las murallas de Troya. Mi opinión es que Podemos sirve mejor al propósito de alcanzar el Parlamento con una buena representación de diputados. Y estoy pensando en unos 50-60 diputados porque otra cosa me parece difícil. Al menos no en la legislatura que viene. IU es una organización que adolece de toda una serie de problemáticas que no voy a reproducir aquí, porque están más claras que el agua; el espectáculo de Madrid bien pudiera ser su tumba definitiva. Alberto Garzón es el mejor candidato que he visto en muchos años en IU, y desde luego parece que quiere cambiar las cosas. Echarle un cable no vendría mal, que se lo merece, y no me parece bien lanzarle una soga para que abandone su barco y se ahorque. Eso me parece jugar sucio, no sé si me estoy explicando. Tampoco me parece limpio por parte de IU llenarse la boca con la confluencia, criticar la tesis de Podemos (huir del eje izquierda y derecha) y luego estar buscando precisamente estar en una plataforma donde no aparezca su nombre, o se diluya. Eso suena a que sabes que tu marca no funciona, pero no quieres reconocerlo. Y a salvar los muebles frente al desastre que se avecina. Lo lamentable de todo es que entre las soberbias de unos y otros, los exabruptos de éste y los juegos poco claros de los otros, la imagen que se transmite a la sociedad es de un patetismo enervante, y por el camino pueden irse perdiendo ilusiones y votos. Ignoro cuales son los impedimentos reales para crear una herramienta de verdad confluyente, y que no se asocie a un polo de izquierdas. Pero desde luego sería una gran noticia que sucediera y que se abandonaran las posiciones irredentas que sustentan los diversos sectores que están por el cambio. Los “pitufos gruñones” están en las dos orillas, y hay mucha gente valiosa y nada dogmática en ambas; que están alertando de la necesidad de configurar una herramienta política más amplia; ojalá se sepa cómo articularla.

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