PP y PSOE aceleran su proceso de podemización discursiva al ritmo que marca el compás de la contienda electoral que se aproxima. Una contienda que asestará la estocada final al ciclo de bipartidismo imperfecto que ha venido caracterizando al sistema político español tras su articulación durante nuestro proceso de transición a la democracia. La música más potente suena hoy a indignación ciudadana, y sólo hay una forma de reducir sus decibelios: introducir la suave melodía de las mejoras sociales. A la derecha española este ritmo le produce urticaria, pero parece que son inmunes a cualquier tipo de afección que contradiga su labor de gobierno o a su ya de por sí menguada coherencia y honestidad intelectual. La vacuna del renovarse o morir hace tiempo que se la inocularon en masa, haciendo cola en el hospital mientras el tirano agonizaba en la cama. El caso del PSOE es distinto, porque sociológica e históricamente son izquierda, y lo mismo te bailan al son de Hayek que al de Pablo Iglesias (el otro). En esta versatilidad está la madre del cordero que les puede permitir acceder de nuevo al gobierno, ya sea de la mano del PP o de Podemos, que les da lo mismo, porque lo que importa es tener habitación con vistas en la Moncloa. El Partido Popular, cuyos máximos dirigentes han estado de fiesta llevándoselo crudito durante la crisis, ha podemizado su logo, en el que se difumina la gaviota, el símbolo que mejor representa al partido dado sus hábitos alimenticios, y se lanza al mercado de los votos con ofertas de pátina social. Esto es lo que explica la alucinante alocución de Doña Finiquito en la Conferencia Política del PP de hace unos días, donde aseguró que el proyecto de su partido es ese que cree “en la igualdad de oportunidades, en cuidar de aquellos que más lo necesitan, en reconocer los derechos que nacen del esfuerzo cotidiano o del trabajo de toda una vida”. Este sensacional ejercicio de cinismo es fulminante, incontenible e infinito; se va y vuelve a la velocidad de la luz tras visitar las cordilleras heladas de Plutón con la misma facilidad con la que consigue la verborrea bobina de Rajoy inscribirse en los anales del ridículo. Nunca me cansaré de escuchar, sin perder la estupefacción, su “España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles”. Maravilloso. Cospedal, que ha bebido con el ansia del sediento de esta fuente de excelencia discursiva, afirma en la misma conferencia que ellos están por la consecución de una sanidad digna, la creación de empleo, la lucha contra la corrupción y lo que queramos pedirle a los Reyes Magos, que ellos tienen línea directa con la Virgen del Pilar y saben de lo que están hablando, que para algo se han dedicado a destruir sistemáticamente todo lo que ahora ofrecen. La oferta de Montoro, ese Nosferatu del carisma, se inserta en esta línea, así como la “agenda social” de 2000 millones propuesta por Javier Maroto para ayudar a los sectores más vulnerables. El Gary Cooper del PSOE no le anda a la zaga, y acaban de proponer, tras asimilar, a su manera, los conceptos de patria y cambio propugnados por los líderes de Podemos, un ingreso mínimo vital para las personas en situación de pobreza con un costo de unos 6000 millones de euros. En fin, todo el pack de propuestas del partido soviet-populista envuelto para regalo, banalizado, descontextualizado y minorizado, aderezado con una buena dosis de opio calidad talibán. Este giro social discursivo en los dos grandes partidos es responsabilidad sin duda del seísmo político provocado por Podemos, y de la lucidez con la que han sabido oler el viento del cambio para canalizar las esperanzas de una población cansada de que la tomen por estúpida. En mi opinión es una buena noticia porque revela quien y con qué contenidos marcan la agenda, y, con todas las objeciones y peros que le pongamos, es fruto de una audaz y efectiva estrategia articulada por el partido morado que sólo puede venir a mejorar el lamentable panorama en el que nos encontramos. Veremos en qué queda todo, pero, por lo pronto, es válido afirmar sin ninguna duda que Podemos ya está en el Parlamento.

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