Lo de Rodrigo Rato y Figaredo viene de raza, de la España de abolengo, castiza y autoritaria. Esa España que forjó la riqueza de sus élites a base de la falta de libertades y el expolio del prójimo.

Rodrigo Rato debe estar flipando en colores por las acusaciones que recaen sobre él, porque los presuntos delitos de los que se le acusa (alzamiento de bienes, blanqueo de capitales y fraude fiscal) no son ni más ni menos los que se han cometido de toda la vida en España, especialmente entre la gente de su casta, la gente de orden y buen apellido, que son los que pueden. Porque que tienen la ambición, la pasta, los contactos y la impunidad para hacerlo.

La historia familiar de Rodrigo Rato es la historia de ese sector de la clase media del siglo XIX que en España logró medrar en los negocios y la política a la sombra de las élites que finalmente le dieron cobijo. En gran parte, revoloteando en torno a la corona y a los cuantiosos beneficios que reportaba la herencia colonial.

Un bisabuelo de Rodrigo Rato, el bueno de Faustino Rodríguez San Pedro (1833-1925), fue un abogado y empresario asturiano de renombre, que llegó a ser, entre otros cargos políticos, alcalde de Madrid, Ministro de Hacienda y Secretario de Estado del joven Alfonso XIII, formando parte de varios de los gobiernos conservadores de Antonio Maura.  Forjó su riqueza con la industria algodonera y azucarera; si miran las fechas, ya saben ustedes en base al sudor y la libertad de quienes. Sólo diré que llegó a ser diputado en las Cortes Españolas por la circunscripción de Cuba. Los intereses de Faustino en la Isla, antes de la independencia, los representaba su primo, el general Suárez Valdés, que fue gobernador civil y militar en Santiago de Cuba, y tiene en su haber ser otro de esos españoles insignemente destacados por su papel en la lucha contra la libertad. Se enfrentó al ejército mambí en la Guerra de Cuba, y en su biografía se destaca que recomendó en 1895 para la Cruz Roja al Mérito Militar a un joven oficial inglés que perteneció a su Estado Mayor y ejerció funciones de observador militar así como de reportero de la guerra. Sus artículos propagandísticos en favor de España fueron publicados en el Daily Graphic y su nombre era Winston Churchill.

Un apunte más; el bueno de Faustino fue uno de los muñidores de la repatriación de capitales españoles tras la pérdida de Cuba en 1898; con esos mimbres se refundó el Banco Español de Crédito, más conocido por su acronimia: Banesto.

De raza le viene al galgo, y Rato tuvo otro bisabuelo, también asturiano, y también abogado, Apolinar de Rato y Hevía Argüelles  (1830-1894). Con ese apellido, hay enjundia. La casa solariega de los Hevia en Gijón, Asturias, era famosa por haber servido de posada a Carlos I en 1519, a la vuelta de Flandes. Se casó con Ana d´Uquesne, una señorita de bien francesa, también con apellido insigne, con un abuelo que había combatido codo con codo con Lafayette en la independencia norteamericana. Apolinar adquirió gracias este enlace matrimonial el título de Duque de Duquesne. También hizo fortuna con el despojo de Cuba, fue Teniente de Alcalde de La Habana, Secretario del Banco de Comercio, redactor de la Ley Hipotecaria en Cuba y Puerto Rico, además de destacado antimarxista. Desde su folleto La cuestión Social lanzó furibundos ataques a todo lo que oliera a socialismo.

Ya se sabe que Dios los cría y ellos se juntan, así que el hijo de Apolinar se casó con la hija de Faustino, y ahí nació otro futuro insigne español, Jose María de Rato y Duquesne, abuelo de Rodrigo Rato, nacido en Cuba en 1866, que tuvo, como buen cristiano, 10 retoños, prestos a comerse el mundo emprendiendo. Uno de ellos sería Ramón Rato (1907-1998), el padre de nuestro Rodrigo, llamado a ser otro afamado representante  de la cleptocracia.

Ser un Rato a estas alturas significaba dos cosas: ser abogado a la par que un auténtico emprendedor, que es como en España llamamos a los ladrones de guante blanco. No lo digo yo, lo dice Luis Bárcenas de sí mismo: “he sido una persona inquieta, eso que se llama ahora y está tan de moda: un emprendedor” (sic). Viva España y la jeta que tengo que me la piso.

El inquieto Ramón Rato, el padre de Rodrigo, cursó derecho y se doctoró en Múnich, donde se apasionó con Hitler y el nacionalsocialismo. En varios libros relata su apasionamiento por el Führer. En uno de ellos, clamando contra el parlamentarismo liberal, reclamaba, literalmente, que “El Estado y su gobierno vuelvan a ser totalitarios”.

Estaba en Perú cuando estalló la Guerra Civil. Muy valiente y patriota, vino a luchar del lado de los suyos, de los de la jeta emprendedora y el ordeno y mando de toda la vida, y, contando con la confianza del militar coruñés (y auténtico psicópata) Millán Astray, fundador de la Legión, se encargó de poner en marcha las cadenas de radio que estuvieron en el origen de su emporio mediático radiofónico y de la propia Radio Nacional de España, ideada a mayor loor y gloria del Alzamiento Nacional, que es como llamaron los golpistas en España al movimiento militar y civil que acabó con la primera experiencia democrática en la historia del país.

No obstante, el padre de Rodrigo Rato no siempre permaneció atado a las ideas fascistas; con el paso del tiempo fue virando hacia la oposición monárquica en el seno del franquismo, manteniendo buenas relaciones con Don Juan de Borbón. Su instinto de negociante debió advertirle que Europa iba por otro camino y que el franquismo podía ser una rémora.

El patriarca de los Rato se casó con Aurora Figaredo. Un apellido asturiano, otro apellido fundamental para entender el desarrollo del capitalismo en nuestro país. Dios los cría… Los Figaredo hicieron fortuna en la minería de Asturias. La familia, que adoptó el apellido a partir de la parroquia del mismo nombre, se hizo de oro con el auge de la venta de carbón a finales del XIX. Asturias, carbón. Ya saben ustedes en base al sudor y la libertad de quienes.

Fueron precursores del capitalismo asturiano del XIX en el Valle del Turión. Durante la Primera Guerra Mundial multiplicaron su fortuna gracias a la demanda de material para la guerra. Uno de sus miembros, Vicente Figaredo, fue el fundador del Banco de Oviedo. Intervienen también en la gestación del Banco Español de Crédito. Era el padre de Aurora, que se casó con Ramón, y que son los padres de nuestro querido Rodrigo.

En noviembre de 1966, Ramón Rato fue detenido en un lujoso Hotel donde se celebraba el banquete de su hija, María de los Ángeles Rato, con Emilio García Botín (sobrino del famoso banquero recientemente fallecido, todo queda en casa) por orden del juez Antonio Sánchez del Corral. El  día 3 estaba en la cárcel de Carabanchel. El día 28 del mismo mes, quebraban tres bancos españoles: el Banco de Siero, el Banco Murciano y el Banco de Medina, bajo el control de la familia Rato. Ramón Rato y su hijo mayor fueron condenados a penas de cárcel y multas por valor de lo que hoy serían cerca de 36 millones de euros.

Fueron acusados por ser parte instigadora de una trama de evasión de capitales a Suiza y Bélgica, trama en la que se mezclaban maletines repletos de millones, uso ilícito de los fondos de clientes bancarios, negocios inmobiliarios y de medios de comunicación, falsificación documental… ¿les suena? El fallo del Tribunal que le condenó le acusó de haberse embolsado fraudulentamente casi 80 millones de las antiguas pesetas de los antiguos años 60. Un crack del emprendimiento.

La venta de parte del ingente patrimonio de los Rato para pagar estas multas desplazó parte de esta riqueza a otros voraces capitalistas de la época. En particular, hubo un combate de buitres carroñeros por hacerse con el traspaso de los bancos de los Rato. La partida la ganó un holding bancario que desde entonces tomó fuerza, a la cabeza del cual estaba un importante empresario jerezano, opusdeísta hasta la muerte, que jugó con información privilegiada que le cedió otro insigne miembro de la Obra de Dios, el gobernador del Banco de España, Mariano Navarro Rubio. El holding era RUMASA, y el empresario jerezano no era otro que Jose María Ruiz Mateos, que se encargó de humillar a la familia Rato hasta el punto de amenazar con la cárcel a Ana Figaredo, la esposa de Ramón, madre de Rodrigo Rato.

Quizás, quien no lo supiera, entiende ahora porqué Ruiz Mateos lo tuvo crudo con el gobierno del PP para conseguir algún tipo de compensación por la expropiación de la empresa RUMASA que tuvo lugar durante el gobierno del PSOE. Rodrigo se la guardó; la venganza, en frío. Así se las gasta la casta.

El problema principal de Ramón Rato no fue que se dedicara a robar y especular con el dinero de sus clientes y saltarse a la torera las leyes vigentes, sino que en un mundo profundamente autoritario, falto de libertades y corrupto hasta la putrefacción del tuétano, que eso fue el franquismo desarrollista impulsado por los tecnócratas del Opus Dei, los enemigos, dentro de la reducida camada de alimañas que se enriquecieron con la llegada del capitalismo, eran implacables, y había que tener padrinos. Ramón los tenía, ni más ni menos que el hermano mayor del Generalísimo, Nicolás Franco, pero cometió el error, propio de quien tiene abolengo y cree que no debe nada a nadie, de enemistarse con él y exigirle que le pagara una calderilla que le había prestado: 4 millones de pesetas. Ahí se montó el quilombo y por eso fue a parar con sus huesos a la cárcel.

El estallido de otro escándalo de corrupción, el conocido como “Caso Matesa”, en 1969, que fue enorme y tocó a ministros del franquismo, se solventó como se hace entre este tipo de hurtadores de los bienes ajenos, con un indulto generalizado. Obras y gracia de la magnanimidad del Caudillo, y en conmemoración del 35 aniversario del nombramiento de Franco como Jefe de Estado.

De este indulto acabaría beneficiándose el padre de nuestro flamante exdirector gerente del FMI. También se le perdonaron las deudas que aún no había pagado. Ramón Rato recuperó así los derechos sobre parte de su colosal patrimonio, aunque los bancos que le había chirlado Ruiz Mateos ya no volverían a su seno. Ya se sabe, quien roba a un ladrón…

A principios de los 80 los hijos de Rato toman las riendas de los negocios paternos. En éstas, Fraga Iribarne, amigo personal del patriarca de la familia, impulsó la carrera política de Rodrigo Rato al que apadrina en Alianza Popular. Rodrigo Rato sería uno de los fautores del remozamiento de la derecha española que acabaría confluyendo en el Partido Popular.

En el año 96 el PP gana las elecciones. Rodrigo Rato tenía para entonces acciones en un conglomerado empresarial con ramificaciones en la construcción, lo inmobiliario, la explotación agrícola, turismo, alimentación… así como participaciones en numerosos bancos (Banesto, Central Hispano, Banco Popular), el sector petrolero y eléctrico. La herencia del abolengo. Al menos otras 60 empresas estaban gestionadas por su familia. Prácticamente todas las ramas de los negocios importantes del país están relacionadas de una u otra forma con los Rato. Desde el puesto de Ministro de Economía, en una época, el aznarato, fecunda en privatizaciones… ¿alguien pensaba que no se confundirían los intereses privados de Rato con los nacionales? Rato desde luego no se confundió, porque para los de su prole, España son ellos, y punto.

Rodrigo Rato, el hacedor del milagro económico español, esa época dorada en la que España engordaba a base de desayunar cemento, almorzar ladrillo y cenar trabajadores inmigrantes, es el estereotipo perfecto del tipo de capitalismo de amiguetes nacido en España al calor del franquismo, potenciado en los gobiernos del PSOE y pulido durante los gobiernos del Partido Popular. Para ellos, España, que durante buena parte del franquismo fue un cuartel, es ahora un bufete de negocios, una marca, una gran empresa en la que se confunden la política, los negocios y las relaciones familiares y de amistad. Este chiringuito resiste, pero se tambalea con la crisis económica, producto en gran medida de los excesos de la avaricia de este tipo de personajes, que desde el gobierno convirtieron a los ayuntamientos de todo el país en agencias inmobiliarias donde la corrupción, el pago de prebendas y los favores se extendieron hasta formar parte indispensable del engranaje de todo el sistema.

En este mundo, es normal que el mismísimo Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, distinguido miembro del Opus, en pleno proceso de enjuiciamiento a Rodrigo Rato, se reúna en los despachos de su ministerio hace unos días para hablar de sus cosas. Es la España de siempre, aquella en la que si uno tiene problemas, llama al Ministro pertinente, a tomar unos relaxing cup of café con leche y a ver como arreglamos lo nuestro.

Así las cosas, lo de Rato viene de casta. Es indescriptible la indignación que uno siente al comprobar cómo estos prohombres de los negocios y la política, que es como en España llamamos a las sanguijuelas, se han dedicado al latrocinio de lo público a cara descubierta, con alevosía, impunidad y gastos pagados.

Nuestra capacidad de asombro se renueva y desborda cada día que pasa y un nuevo escándalo asoma para alumbrar nuestras conciencias. El exministro de Educación José Ignacio Wert, sin lugar a dudas el peor ministro del ramo que hemos tenido en la historia de la democracia española, ha sido premiado por su pésima gestión con un exilio dorado en Paris como embajador de la OCDE, donde trabaja precisamente su esposa. Tendrá un piso de 500 metros cuadrados (11.000 euros de nada al mes), un sueldo de 10.000 mensuales, más gastos de representación, dos personas a su servicio y un coche con chófer. Todo a cargo del contribuyente.

Recientemente nos hemos enterado, gracias al diario.es, que Don Wert y el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, han pasado juntos una semana de vacaciones en Punta Cana, República Dominica, invitados todos ellos por el propietario de la cadena hotelera canaria Grupo Martinón, famosa por poseer un hotel en Lanzarote cuya construcción ha sido declarada ilegal por la justicia española. La herencia de la corrupción del cemento. Capitalismo de amiguetes. Lo más lacerante de todo es que sigan comportándose de la misma manera a pesar de la que está cayendo. Ubicados en la mentalidad de la genealogía española del latrocinio, parecen ciegos ante la indignación ciudadana. O eso, o el nivel de desprecio que sienten por nosotros es inconmensurable.

Nota: Los datos sobre la familia Rato son veraces y están contrastados en la obra de investigación del periodísta Ramón Tijeras titulada “Los Rato”. Pueden encontrar una referencia aquí: http://www.ramontijeras.com/sin-categoria/los-rato-de-nuevo-a-la-venta-en-version-digital-y-en-papel-bajo-demanda/#more-2005. Buena lectura para el verano

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