1) No hay palabras ni muestras de solidaridad que puedan hacer justicia al enorme horror que suponen matanzas como la acontecida en París el pasado Viernes. O las sufridas en Beirut, o las atrocidades que se comenten a diario, protagonizadas por los mismos carniceros, en Siria e Iraq, o en países africanos como Nigeria, donde los asesinos de Boko Haram, actualmente afiliados al Estado Islámico (para abreviar, a partir de ahora usaré el acrónimo árabe Daesh) están protagonizando algunos de los episodios más deleznables de violencia de los que es capaz la raza humana. Me preocupa en este sentido que cada vez que se produce un atentado en capitales del mundo occidental las muestras de repudio no tengan la misma repercusión que cuando se producen en otros lugares del mundo, pero igualmente siento tristeza y desasosiego cuando, por criticar justamente que no todas las víctimas requieren la misma consideración, se aplique el mismo baremo a las víctimas de un país occidental. Hay que tener cuidado con esto, porque la denuncia de la desatención, justa y legítima, de los atentados en otros lugares no debe de hacernos caer en el error de usar el mismo sesgo para calificar los atentados en un país occidental. El dolor y la tragedia de cualquier ser humano en el mundo son nuestro dolor y nuestra tragedia. Nada humano debe de sernos ajeno, independientemente del lugar del que se proceda. Hacer otra cosa es seguirle el juego a los perpetradores de dicho dolor, sean los Estados Unidos, Rusia, el yihadismo internacional o cualquier otro tipo de actor que utilice de esta manera descarnada la violencia para conseguir sus objetivos políticos.

2) En relación con esto, al hablar de las “razones” del Estado Islámico, no pretendo establecer ningún nexo legitimador con sus deleznables actos de terrorismo. Antes al contrario, lo que pretendo es denunciar la existencia de una lógica racional en sus actos de guerra, orientados a una estrategia muy concreta, motivados por unas causas muy específicas, a las que hay que atender, irremediablemente, para entender el problema y buscar posibles soluciones.

3) El Daesh nació en el año 2013, producto de la fusión del “Estado Islámico de Iraq” y el Frente al-Nusra, una sección autónoma del primer grupo, creada para combatir en la guerra en Siria, y que estaba desarrollando una independencia, producto de sus éxitos en el combate y su avance territorial, que preocupó al líder de la organización, Abu Bakr al-Bagdadi, actualmente el halifa Ibrahim, cabeza visible del autoproclamado Califato Islámico. El Califa Ibrahim fue mano derecha de al-Zarqawi, líder de Al-Qaeda en Mesopotamia. Actualmente, pese a la raíz común, Daesh y Al-Qaeda son claros competidores. Luchan por el predominio en el seno del yihadismo internacional. Los duros golpes que ha recibido Al-Qaeda han mermado su capacidad de acción, y en esta disputa, el Daesh, con su avance en Siria e Iraq y el control territorial que ejercen, parece que se está llevando el gato al agua. Todo esto y mucho más lo encontraréis mucho mejor explicado en el blog Oriente Próximo del imprescindible Ignacio Álvarez Ossorio. Los atentados en Paris de este pasado viernes son una muestra de la enorme fortaleza que está adquiriendo el grupo, y de un cambio de estrategia fundamental, pues han pasado de hacer la guerra en territorio árabe a atacar al enemigo en el exterior, el mundo occidental, a los que llaman cruzados. Los atentados de Paris, habidas cuentas de la coordinación entre sus miembros (que hacen pensar en una evidente formación militar, con lo que podrían algunos de los terroristas ser franceses retornados de la guerra en Siria) suponen una combinación entre la técnica del lobo solitario (agentes autónomos que se asocian a la franquicia de al-Qaeda o el Daesh y en su nombre cometen la acción terrorista, modelo que parece ser el que funcionó en el atentado de Charlie Hebdo) y las tácticas de combate aprendidas durante años de guerra. El mensaje está claro. Han trasladado la guerra a la casa del cruzado. Los refugiados sirios que huyen de la guerra en Siria huyen precisamente de esta enorme incertidumbre: la muerte aguarda en un bar, en la calle, en una sala de conciertos, en tu propia casa.

4) El Daesh ha sido posible por la combinación de varios factores, algunos coyunturales y otros de carácter estructural. Entre estos últimos no es el menor el hecho de que estamos asistiendo a una reconfiguración del mapa geoestratégico de Oriente Medio. Todas las cláusulas de seguridad y equilibrios de la región forjados durante más de 50 años durante la Guerra Fría venían siendo cuestionadas desde la descomposición de la URSS. El criminal y alucinado proyecto de la era Bush Junior de crear un nuevo Oriente Medio, con la invasión de Iraq en 2003, aprovechando la circunstancia de los atentados del 11-S, hizo estallar todos los mecanismos de control de la zona. Este hecho, junto a la enorme inestabilidad provocada por las fracasadas revueltas árabes, está en la base (no como única causa explicativa pero sí como un origen inmediato a corto y medio plazo) de los atentados de Paris. En este sentido, con la invasión de Iraq en el año 2003 germinó el estado de cosas que ha permitido que la situación llegue al actual callejón sin salida en el que nos encontramos. En la foto de las Azores encontramos pues a algunos de los máximos responsables de la cosa.

5) Dicho esto, no soy partidario de las tesis conspiparanoicas que ven la mano invisible de Estados Unidos y Europa como origen de todos los males. Creo en efecto que es factible pensar en la tesis de la inducción estratégica para explicar cómo países europeos, Estados Unidos e Israel, pero también otras grandes naciones que tienen mucho que decir en el concierto internacional, que no son habitualmente ubicados en la esfera de lo occidental, como Rusia o China, aprovechan determinadas circunstancias (por ejemplo las revueltas árabes o la guerra en Siria) para barrer pro domo sua, en función de sus supuestos intereses, y tratar de arrimar el ascua a su sardina. Sobrados ejemplos tenemos de ello en la Historia, pero no me parece honesto ni intelectual ni éticamente tratar de explicarlo todo bajo esta clave. He leído ya en algunos lugares de la red, sin sorpresa porque me lo esperaba, que los atentados en París han sido orquestados por el propio gobierno francés para legitimar un giro a la derecha, los ataques en Siria y la no aceptación de la acogida de los refugiados sirios. Todo es posible en este mundo, pero las cosas hay que demostrarlas. En Francia, esas tres razones que se enarbolan para “demostrar” un complot ya están de hecho en activo. No es necesario asesinar a más de 100 compatriotas para forzar nada. Desde luego, la idea de la conspiración encuentra su caldo de cultivo porque el atentado refuerza esa tendencia, pero no pueden elegirse los datos en función de la corroboración de la teoría y eliminar los que no satisfacen la tesis, ni confundir las consecuencias con las causas.

6) La tesis de occidente como el mal, además de construir occidente como un bloque homogéneo en el que se eliminan los aspectos valiosos de su historia (como por ejemplo la tradición de luchas sociales, el nacimiento del pensamiento crítico, la primera configuración de una oposición y crítica radical a los aspectos más perniciosos del capitalismo, las luchas civiles, algunos de los productos del pensamiento de incalculable valor para la humanidad en su conjunto, el desarrollo de un sistema democrático, defectuoso y actualmente en retroceso, pero valioso en sí mismo y que nació precisamente en conflicto con y a pesar del capitalismo, y un largo etcétera) para sólo reforzar sus aspectos negativos, no por ello menos reales, y que ciertamente han producido un enorme daño al conjunto de la humanidad (las guerras mundiales, el control del mundo, la colonización, la esclavitud de la Era Moderna, el racismo biologicista, la expansión del afán de lucro basado en la pura avaricia, y otro largo etcétera) tiene el problema añadido de convertir al resto del mundo en seres pasivos. En el caso que nos ocupa, no se puede entender la realidad actual en la zona sin el empeño de Rusia en no perder posiciones en la zona (algo que, como mínimo le iguala éticamente a Estados Unidos), por encima de los intereses de la población. Lo mismo sirve para calificar a Israel, pero también para señalar la larvada guerra fría que viene articulándose entre Irán y Arabia Saudita, que luchan desde al menos 1979 por el control hegemónico de la zona. Cada cual con sus aliados externos, pero con sus propias políticas, su propia realpolitik y el mismo profundo desprecio por la vida de sus semejantes.

7) En este panorama desolador, el Daesh tiene su propia estrategia. Es un actor. No tiene la potencia de Rusia ni de Estados Unidos, pero está condicionando la partida. No hay que engañarse, el Daesh ha atacado en Paris por varias razones, y son claras: por su efecto mediático, en represalia por el cada vez más activo papel de Francia en la guerra en Siria, y porque en su estrategia político-militar, preñada de pensamiento mesiánico religioso (que ensucia el nombre del Islam practicado pacíficamente por miles de millones de fieles) buscan al menos dos cosas: radicalizar a la población europea, forzando, a través del miedo a que aceptemos la imagen que ellos mismos tienen de nosotros y convertirse en el referente de la resistencia yihadista al mundo occidental. De paso, están tratando de convencernos, y en esto están ganando puntos, de que su versión rigorista del Islam es el Islam mismo. Ellos sí que creen en la tesis del choque de civilizaciones. Están por ello, lo llevan a la práctica, y saben dónde tienen que aguijonear para que el adversario se convierta en lo que ellos desean.

8) Las declaraciones de Hollande, declarando que “Francia está en guerra”, muestran dos cosas. Por un lado, el enorme cinismo del Presidente de la República, porque Francia ya estaba en guerra desde hace tiempo. O si no que me definan que es eso de más de 300 incursiones aéreas francesas desde territorio iraquí contra posiciones del Estado Islámico, o los bombardeos en territorio sirio desde septiembre. Este cinismo está además relacionado con una enorme ceguera, exactamente la misma que nos ha conducido al lugar en el que estamos. La intervención armada no está solucionando nada y está generando nuevos problemas. En segundo lugar, muestra el éxito del Estado Islámico en su estrategia. Desean que los cruzados acudan al enfrentamiento abierto en su propio territorio, desean que no permitamos la acogida de refugiados, desean que la extrema derecha europea avance en sus posiciones. Es la lógica enfermiza del círculo del terror, tan vieja como sus prejuicios, pero constantemente rejuvenecida cuando el lobo que puede ser el ser humano campa a sus anchas en el sistema de relaciones internacionales.

9) La única solución al problema es buscar una paz negociada en Siria y solventar el embrollo de Iraq. Eso implica, lamentablemente, que quizás Bachar al Asad se mantenga en su puesto, si Rusia sigue defendiéndole y no encuentra o quiere encontrar sustituto. Implicaría que Estados Unidos embridara a sus aliados Arabia Saudí e Israel (algo que no estoy seguro que estén en condiciones de lograr). Implicaría que Irán sea reconocido como un actor legítimo y una potencia en la zona, y que se protegieran algunos de sus intereses. Algo de esto se ha avanzado con los acuerdos con Estados Unidos sobre el programa nuclear. Implicaría también que cesara la venta de armamento a ningún bando (otra posible quimera). Implicaría que de verdad la ONU protegiera a la población civil, y que se comenzara a solucionar el problema kurdo, los auténticos héroes y resistentes, junto a la población civil siria e iraquí, de todo este drama. Nada es fácil. Puede que no todo sea posible. Pero hay que intentarlo.

10) Porque los problemas son complejos, las respuestas son complejas. Atajar algunos de ellos, en lugar de seguir alimentando a la bestia, sería sin lugar a dudas mucho más efectivo que seguir enfrascados en una guerra contra el Terror que sólo nos arrastra al precipicio.

Mi dolor y mi solidaridad con todos aquellos que, sea en Beirut o Paris, sufren las consecuencias de este maldito mundo donde la injusticia, la desigualdad y la irresponsabilidad de los gobernantes se han convertido en una rémora que amenaza con devorarnos a todos.

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