1.- El derecho al voto no es un regalo, es una conquista. Es producto de la resistencia y el combate. Como todos los derechos, es un producto de la historia. Un producto derivado de la lucha social que logró arrancar a las élites dirigentes la imposición de controles al poder arbitrario del Estado. Los derechos existen porque sectores importantes de la población se organizaron y enfrentaron durante siglos al poder omnímodo de los que mandaban de toda la vida. La acción colectiva tuvo por lo tanto que ver en la transformación del Estado en un sentido democrático (no fue el único factor pero sí uno relevante) y, en ese sentido, la democracia, tal y como la conocemos hoy en día, es en sí misma una conquista social, posible más a pesar del capitalismo que gracias a una supuesta tendencia inherente en el sistema a caminar por esta vereda, como muchos quieren hacernos pensar. Los derechos son por ello resultado de una contingencia histórica y no hay nada que nos garantice su permanencia en el tiempo. No hay nada inmanente en la humanidad que nos lleve a postular la existencia de un proceso de desarrollo ininterrumpido y creciente de la libertad y el bienestar social como resultado de una especie de “ley” del progreso. Hay que mantener una labor activa y vigilante para impedir retrocesos. Hoy en España estamos en una evidente situación de degeneración del bienestar y de reflujo de los derechos sociales y cívicos. Hoy, el voto puede servir para defender nuestros derechos expulsando del poder, o limitándolo, a quien se ha encargado sistemáticamente de mermarlos.

2.- Voy a decirlo muy claro: dado que el PSOE es parte del problema, que Ciudadanos es el recambio de la derecha que nos ha llevado a esta situación en los últimos cuatro años y que Izquierda Unida, a pesar de su impecable candidato y sus muy honorables bases sociales, no logra renovarse ni tocar la fibra sensible que late en el pulso de la parte de la sociedad española más indignada y hastiada con la situación, la opción de voto que defiendo es la de Podemos.

3.- Las elecciones las ganará el PP, pero perderá muchísimo poder. Puede que Rajoy no gobierne, si necesita el apoyo de Ciudadanos, que pueden presionar para que otro tome el testigo, por eso de guardar las formas. Últimamente suena el nombre de Soraya Sáenz de Santamaría. Esta mujer, desde luego capaz e inteligente, es el paradigma de esas grandes rémoras que la política española produce en cada generación. Todo en ella huele a ambición, burocracia y ansia de poder. Es una de esas personas que podrían estar en el PSOE, pero se apuntó al caballo ganador. Lo mismo le da ocho que ochenta. Lo suyo es regir. Soraya es tecnocracia. Con la perseverancia, el cinismo y la obstinación del que se ha dedicado años a aislarse de su propia vida para poder decidir sobre la de los demás, Soraya lo mismo llora por los desahuciados que se emociona con los refugiados o baila con desparpajo en un infumable programa de variedades. Soraya se almuerza a sus contrincantes en los debates parlamentarios y se merienda al que le hace sombra en su partido. Soraya es poder. Gobierne ella o Rajoy, en todo caso, puede ser una legislatura corta. Es período de incertidumbre; la democracia construida en el 78 se erigió pensando en el bipartito. Tocan nuevas fórmulas.

4.- Ciudadanos va a arrasar. Puede superan los 60 diputados. Esos eran los números de Podemos hasta que el statu quo se puso firme y aplastó a Grecia, el tábano en la oreja, para castigar y advertir a la indignación en España. La presencia de los de Rivera en el parlamento ejercerá un lamentable papel de contención de los cambios, que son inevitables, y que ahora serán más templados. Albert Rivera representa a la nueva derecha sin complejos, sin resabios posfranquistas, que reclama su sitio. Neoliberalismo sin tapujos, eficiencia de libre empresa y el cuento del alfajor de siempre con nuevo envoltorio. Ellos son el nuevo adversario del futuro para los que ansiamos un país más justo, menos desigual, con más protección de los desfavorecidos. Algunas cábalas apuntan a que puede superar al PSOE e incluso gobernar con su apoyo. No lo veo claro, pero de ser así, le veremos las orejas al lobo.

5.- El PSOE huele a chamusquina, con Pedro Sánchez a las puertas del Averno tras el 20-D. Susana Díaz se prepara para el asalto, con su falsa sonrisa sardónica y su prepotencia felipista, otro bicho político de tomo y lomo, que es vieja guardia pero en Andalucía todavía mantiene firmes sus posiciones frente a lo nuevo. El PSOE andaluz jugará un papel profundamente distorsionador en el debate territorial que vendrá. El “café para todosdebiera tocar a su fin, pero Susana pedirá, que ya lo ha hecho, más café y mejor para todos (sic), que es lo mismo que pedir que nada cambie, y que sigamos con el problema en los hombros. Otra vez la peineta pa Andalucía, que diría Carlos Cano. Sevillanas y folklor, y caña al catalán que sólo quiere la pela. Demagogia en estado puro, en nombre de mi amada, siempre sufriente y manipulada Andalucía, que se siente discriminada por ser el Sur, con razón, pero sin percibir que hay otro Sur en España, y está en el Noroeste. Allí el PSOE, porque no puede, no atenaza las entrañas revolviendo estereotipos.

6.- Podemos llegará mermado al Parlamento, pero llegará. Y esto es una buena noticia, se mire por donde se mire. Representan de lo mejor que hay en la política española en este momento. Ahí hay honestidad, indignación en estado puro, de izquierdas aunque su estrategia lo niegue, y sin las mochilas cargadas de las piedras de las esencias. Hay voluntad de poder y de cambio. Mientras no demuestren lo contrario, no sólo es lo más digno que hoy se puede votar, sino que es lo más cercano a una posible renovación y refundación democrática que tenemos al alcance. Un Podemos hacía falta en España, y ya ha llegado. Tras el 20-D veremos si se cumplen las expectativas.

7.- Y vuelvo al principio. El derecho al voto. El derecho al voto es un valor en sí mismo, porque es resultado de una conquista, y porque marca ciertos límites a nuestros dirigentes. Eso no quiere decir que ejercer el derecho al voto sea una obligación absoluta, que haya que votar siempre, en cualquier circunstancia. La abstención es también una opción, especialmente en períodos en los que las opciones en liza apenas nos ofrecen nada. Creo que no me equivoco si afirmo que mi generación, y las que vinieron después, jamás se habían enfrentado al voto con tanta ilusión como ahora. Esto es un mérito a sumar en las alforjas de Podemos. Lamentablemente Ciudadanos ha metido la mano en el saco y se va a llevar su premio. Aun así, este es un momento clave en la historia de España, un período bisagra. Que estará en los libros de Historia. Lo digo por tercera vez, por si no había quedado claro: hay que votar a Podemos el 20-D. A partir del 21, estaremos para vigilar que no conviertan nuestro voto en un cheque en blanco y para que hagan honor a la ilusión que han sabido generar.

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