Mientras millones de españoles, al ver entrar en el Congreso a los 69 diputados de Podemos, veíamos a más gente joven y a más mujeres, entre ellas, por primera vez en un Parlamento español, a una mujer negra y a una mujer árabe; mientras muchos veíamos a una madre con su hijo, a un rastas, un coletas, profesores, estudiantes, currelas, o sea, la España viva, la del presente y el futuro, la España que ya no es posfranquista y tiene la firme voluntad de lograr que las instituciones reflejen con mayor dignidad y fidelidad a la sociedad a la que dicen representar; mientras millones, insisto, veíamos eso, los diputados de PP y PSOE sólo veían a 69 odiosos. Siguen sin enterarse de qué va la Historia.

Piojosos, sucios, inexpertos, radicales irrespetuosos que vienen a violar su santuario. Los desaharrapados, los de la alpargata, las sandalias y las camisetas con lemas reivindicativos, los que protestan en las calles, los que no se conforman, los que sueñan con romper los lazos de esta asfixiante servidumbre de lo pospolítico, se han atrevido a poner sus sucios pies en su casa. Que Celia Villalobos haga chistes sobre la higiene no es insólito, extraño o excepcional, es simplemente la expresión de un paradigma.

Celia Villalobos es la representación más fidedigna y descarnada de lo que realmente piensan los que ya no tienen nada que decir, salvo exabruptos, porque de tanto falsear la realidad, de tanto mentir mientras se llenaban los bolsillos, ellos o los suyos, de tanto insultar a la ciudadanía en toda la cara, sin tapujos ni medias tintas, ya no les creen ni sus más fanáticos adeptos, muchos de los cuales se están pasando en masa a Ciudadanos, el partido cuya máxima pretensión no es otra que aglutinar a toda la caterva de impostores necesitados de nuevas ilusiones para seguir incurriendo en las mismas mendacidades.

Villalobos es un auténtico icono, la vívida y absolutamente transparente imagen de aquellos que ya sólo se ocupan de mantenerse firme en su posición, aferrándose a ella con las uñas, los dientes y los párpados, si es posible. Lo que a Villalobos y a su gente les molesta es el olor a plebe. Es decir, a soberanía popular. Lo que les molesta a todos ellos es que el Congreso apeste a Democracia.

Este es el pavor al cambio, el desprecio a lo plebeyo, que viene afectando a las élites dirigentes desde al menos el siglo XIX. Es la idea de la existencia de una dicotomía radical entre orden y caos; la creencia, firmemente asentada en las élites españolas, y transmitida durante generaciones a la ciudadanía, a través del control que ejercen sobre los dispositivos de creación y difusión de cultura, de que la sociedad es algo frágil, refractaria al cambio, necesitada de control y dirigencia, es decir; del control y la dirigencia que sólo ellos saben ejercer.

La actitud de los diputados del PP, vociferando, berreando y profiriendo improperios, cortando el sonido del micrófono para que no se oyeran las declaraciones de los diputados de Podemos mientras juraban su cargo y la Constitución, ha sido un vano intento por evitar que el Congreso se convirtiera en espacio de representación simbólico-política, precisamente una de las funciones básicas para el cual fue concebido el sistema de representación parlamentaria. Precisamente la función que estaba siendo relegada a la más absoluta e insípida intrascendencia.

Esa actitud de los parlamentarios del PP demuestra al menos tres cosas:

Por un lado, la falta de respeto por los más de 5 millones de votantes de Podemos. Es decir, la falta de respeto que sienten por España. Por su pluralidad, por las transformaciones que se han vivido en su seno. Por su futuro.

En segundo lugar es la maravillosa constatación de un hecho irreductible: tienen miedo. Por primera vez en su vida están sintiendo la zozobra de la incertidumbre. Ya era hora. Hoy publicaba Intermón Oxfam que sólo un 1% de la población española amasa en sus manos más riqueza que 35 millones de españoles, y que el desvío de inversión española a paraísos fiscales se ha incrementado un 2000% (si, si, dos mil por ciento) en 2014. Copio y pego del informe:

En 2015, mientras el patrimonio de las 20 personas más ricas del país se incrementó un 15%, la riqueza del 99% restante de la población cayó un 15%. Los presidentes de las empresas del IBEX35 cobran ya 158 veces más que el salario de un trabajador medio. El incremento de la desigualdad en nuestro país se debe principalmente a la combinación de una enorme brecha salarial con una un sistema fiscal regresivo que grava poco a los que más tienen”.

Creo que no cuesta mucho trabajo intuir a quienes votan esas 20 personas que se lo llevan crudito cuando el resto peor lo pasa. Creo que no hace falta mucha inteligencia para comprender por qué el IBEX35 suspira y saliva con Ciudadanos. Creo que no es difícil percibir que es lo que realmente apesta a podrido en el Parlamento, quienes son esas personas concretas, con nombres y apellidos, que han permitido, desde el apoltronamiento en su sillón del Congreso, que se produzca esa enorme brecha salarial combinado con ese sistema fiscal regresivo que está enriqueciendo a los pocos y perjudicando a los muchos. La desigualdad es su negocio. Y la entrada de los sucios piojosos plebeyos de Podemos puede ser el final de su chiringuito. Por eso ladran.

En tercer lugar, la actitud de los diputados del PP es una demostración de que saben quiénes son y el lugar que ocupan. Saben cómo usar el espacio político para enfangar, se saben todas las artimañas, los golpes bajos, las técnicas de guerra encubierta. No van a ceder terreno fácilmente. Y nos están avisando. Tenemos las espadas, los escudos y las armaduras. Toda la panoplia, y lo vamos a usar todo contra los intrusos que vienen a joder la fiesta. La Troika va soltando sus pildoritas en dosis cada vez más copiosas, al estilo de: “oye, españoles, que no queremos meternos, pero esto de la incertidumbre del gobierno, me lo arreglas ya o te vas a enterar de lo que es una “recuperación económica” sin el apoyo del Banco Central Europeo”. Perdonen la expresión, pero esto es pasarse por el forro el respeto a la soberanía nacional y popular, lo votado por los españoles el 20 de diciembre y las mínimas reglas y procedimientos del funcionamiento interno de nuestras instituciones democráticas. No tienen pudor, ya lo hicieron al rociarle toneladas de insecticida al tábano en la oreja, la Grecia de Tsipras. Ahora nos toca a nosotros. Pues que se anden con cuidado, porque ahora tenemos a 69 piojosos apestando a plebe en el Parlamento (71 contando al digno Alberto Garzón y a Sol Sánchez), y os están señalando con su dedo sucio. Vosotros, traidores, sois los puñeteros responsables. No están violando vuestro santuario, esa es nuestra casa, la de todos, y sois vosotros los que la estáis mancillando.

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