El Ministro del Interior, Fernández Díaz, ante las grabaciones reveladas por el diario Público, que muestran abiertamente cómo se reunió en secreto con el jefe de la Oficina Antifraude en Catalunya, Daniel de Alfonso, con la intención de fabricar escándalos contra adversarios políticos (en este caso ERC y CDC), muestra su “repugnancia”. No hacia sus propios actos, claro está, sino hacia la filtración y su interés en ensuciar la campaña electoral.

En el contexto de la celebración de la consulta soberanista del 9-N, las grabaciones muestran un claro interés por encontrar en la basura lo que sea para poder desprestigiar a los líderes políticos del soberanismo catalán; a través de familiares, conocidos o amigos; lo que fuera. Utilización interesada de la corrupción, de la policía para favorecer las propias posiciones políticas (y por lo tanto del dinero público de todos los españoles para alimentar los intereses políticos y electorales del partido en el gobierno), falseamiento de la separación de poderes… en fin, un nuevo insulto generalizado del PP a la democracia. El director de la Oficina Antifraude declara que se reunió con el Ministro porque éste se lo pidió. Afirma que el Ministro le hizo “sugerencias” pero no le dio “órdenes”. En el Parlament de Catalunya esta gasolina electoral ha venido como anillo al dedo, y líderes del soberanismo catalán ya han aprovechado para hablar de la organización de un “GAL mediático”, una exageración irrespetuosa absolutamente con lo que fue el Terrorismo de Estado en España y al recuerdo de sus víctimas, pero inteligente desde el punto de vista político, ante lo necesitada que está la opción independentista catalana de energía para el Procés.

Otro dato interesante: la grabación filtrada se realizó en el despacho del Ministro del Interior. Osea, que no sólo el Ministro del Interior trató de organizar pruebas falsas contra opositores políticos (y yo que creía que esto solo pasaba en Venezuela), sino que fue grabado en su intento en su Ministerio, en su despacho. El Ministro del Interior, el Jefe de la policía. La pregunta es, por un lado, si está capacitado para ejercer el cargo de dirección de las fuerzas de seguridad del Estado alguien que es espiado en su propio despacho. Por otro, qué nivel de fractura y descomposición existe en el statu quo del sistema político español para que esta grabación se haya realizado (sólo lo ha podido grabar o el propio Daniel de Alfonso o algún cuerpo policial) y filtrado. La quiebra de la matriz cultural de la democracia española está haciendo temblar todos los mecanismos de seguridad interinstitucional. Los rencores y las venganzas salen a la luz. Las ganas de cambio de aquellos que se callaban en un entorno institucional que favorecía el silencio por fin tienen resquicios a través de los que respirar y pronunciar algunas palabras.

Tiene razón Fernández Díaz al hablar de “repugnancia”. Él, su partido, y su gobierno huelen a corrupción, autoritarismo, ineficacia, incompetencia y miedo a perder el poder y lo que pueda salir a la luz si siguen perdiendo posiciones.El Partido Popular confunde al Estado con su gobierno. Y a éste con el propio Partido Popular. Tiene un concepto patrimonialista de lo público, y eso explica en parte la tendencia a tratar sus recursos económicos como si fueran propios. Tiene razón el señor Fernández Díaz, es repugnante. Dais asco, señor ministro. Sois repugnantes todos vosotros. No os merecéis la dignidad del cargo que ocupáis. Lo ensuciáis. Estáis haciendo un daño enorme a la democracia, a sus instituciones y al espíritu que las sostienen. Ojalá el 26-J esta nueva muestra del desprecio que sentís hacia España os pase factura.

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