La campaña de Rajoy ha resultado un éxito.

El PP se reconcentró en lo suyo: el discurso del miedo para “rescatar” el voto huido a Ciudadanos. Los errores de Albert Rivera, como ir a Venezuela a practicar la demagogia que critica en los demás, ha jugado en favor del Partido Popular.

El Partido Popular ha podido beneficiarse del miedo de los votantes del PSOE al sorpasso de Podemos que pronosticaban todas las encuestas. El “Brexit” ha debido también beneficiarle, pero desde luego su estrategia de comunicación en torno al miedo ha funcionado de maravilla. Ciudadanos, al optar por el mismo discurso apareció como lo que es: una pulcra fotocopia. La gente ha preferido el original.

El panorama no deja lugar a dudas: el PP refuerza su posición (pasa de 7.236.965 votos a 7.906.185: gana 669.220 votos, sube de 123 a 137, 14 escaños más). Ciudadanos ha perdido 390.754 votos, baja de 40 a 32 diputados. El PP recupera posiciones por lo tanto en el espectro del centro-derecha. Y esto a pesar de Rita Barberá, Granados, Torres Hurtado, todos los casos de corrupción, la financiación ilegal del Partido y el Ministro del Interior jugando a la guerra sucia. La derecha vota no sólo sin complejos, sino absolutamente ajena al olor a podredumbre. Un ejemplo es Valencia, donde el Partido Popular ha obtenido 913.398 votos y 13 asientos; más de 75.000 votos que en las anteriores elecciones y 2 escaños de aumento.

En fin, más de 7´2 millones de españoles prefieren a Rajoy antes que cualquier otro tipo de experimento, a pesar de los SMS a Bárcenas, el latrocinio constante del erario público, la organización de bandas de apandadores que financiaban ilegalmente al partido a la vez que se llenaban los bolsillos, los recortes sociales, las falacias sostenidas para legitimarlos y todo el cúmulo de insultos a la inteligencia de los ciudadanos.

Desde luego, la cultura política de los españoles que han vuelto a votar a Rajoy dice mucho de sí misma, pero también del resto, puesto que, a pesar de todo, no se logra crear una opción política que desbanque definitivamente a un gobierno claramente corrupto y perjudicial para los intereses de la mayoría de los españoles.

Todos dábamos por muerto a Rajoy. Pues el walking dead está muy vivo, y parece que Albert Rivera tendrá que meterse la lengua muy adentro, y apoyar o abstenerse frente a la investidura de Mariano Rajoy. Algo que dejará en una posición muy incómoda a Ciudadanos, que parece haber cumplido ya su misión histórica: servir de comparsa a la derecha de toda la vida.

La satisfacción de Rajoy en el balcón de la sede del PP en la calle Génova ayer era evidente y exultante. Se ha ganado el triunfo sudando la gota gorda. Por eso pudo decir a modo de abierto desafío: “este partido se merece un respeto”.

Ahora toca formar gobierno; en Europa, más aún con el Reino Unido ya oficialmente fuera de la UE, quieren una España con gobierno de coalición lo más amplio posible, para que se atenga a una nueva política de austeridad, y presionará para conseguirlo.

Por lo tanto tendremos gobierno. Con apoyos del socialismo o con abstención, y Albert Rivera llevándole el Marca y las zapatillas a Rajoy. Pero será una legislatura dura, necesitada de negociar una por una las medidas más relevantes.

El PSOE por su parte ha sacado el peor resultado de su historia, pero Pedro Sánchez saca pecho porque todo se había cifrado en el sorpasso de Podemos. Y eso se ha logrado evitar contra todo pronóstico. Susana no ha quedado muy bien en Andalucía, así que, al final, puede que resulte que Díaz se quede en casa rumiando la derrota y Sánchez sea un anfibio y no un pez fuera del agua (en la anterior elección, el PSOE consiguió en Andalucía 1.402.393 votos, en éstas 1.324.742 . El PP le ha adelantado en unos 100.000 votos).

La abstención en el 20 de diciembre tuvo un carácter bipartidista (la mayoría se concentró en votantes del PSOE y del PP). En esta elección, la abstención parece haberse concentrado en la coalición Unidos-Podemos. La lectura parece clara: la confluencia con Izquierda Unida no ha funcionado. Algunos creímos que sumaría, pero en lugar de eso, ha restado en votos. Ha dado miedo al statu quo, ha alimentado la ilusión y la fantasía en las encuestas, pero ha resultado no ser eficaz. En Podemos tendrán que pensar sobre esto. Y será duro. Pablo Iglesias, que ha apostado abiertamente por esta vía, contra el criterio de Íñigo Errejón, queda tocado. Quizás necesite de un refrendo para reafirmar su liderazgo. Quizás afirmar que Zapatero había sido el mejor presidente de la democracia fue audaz, pero también un gol en propia meta. ZP fue una de las bestias pardas del 15-M y esa afirmación ha podido decantar a algunos a la abstención. También queda en cuestión Alberto Garzón en IU.

En fin, la España de los Castillos resiste. Resiste el bipartidismo, la España mayor de 55 años, de entorno rural, con miedo al cambio, las incertidumbres y las rastas en el Parlamento. Ha ganado la Vieja España frente a las nuevas generaciones que no entienden que ha pasado con el horizonte, que ha desaparecido. Pero esta España está en retroceso. El PP gobernará, en minoría o con apoyos, pero tendrá una durísima legislatura. Muchos auguran que además, será corta. Veremos. Por lo pronto, el bipartidismo ha enseñado los dientes. Es una estructura poderosa, y mientras el cambio generacional no se concrete, continuará aferrado con vigor a sus posiciones.

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