Voy a empezar por lo más obvio, aunque hoy, tras los resultados del 26-J, permanece velado como consecuencia de la resaca electoral: las cosas no van tan mal.

Los datos son claros: existe una tendencia inexorable, elección tras elección, y nos lleva a la descomposición del sistema bipartidista, aunque ahora haya enseñado los dientes y demostrado que sus huesos todavía tienen calcio para sostener el esqueleto. Pero el cuerpo está podrido. Y lo sostienen los mayores de 65 años, la España que se muere.

La España posfranquista agoniza, y no sólo por una cuestión biológica. Su matriz cultural se ha quebrado. La tríada bienestar-democracia-Europa que sostenía el modelo construido tras la Transición se fue al traste cuando Zapatero le dijo a los españoles que se había acabado el Estado de Bienestar, que la Unión Europea ya no nos manda para desarrollarnos sino para empobrecernos, y que la democracia está muy bien, pero deciden en Bruselas y Berlín. Esta posición acabó con el PSOE de cara al futuro, para que se reconcentre en su bastión en el Sur, con Susana Díaz repartiendo medallitas de la Virgen del Rocío mientras desata su demagogia anticatalana y continúa vomitando sobre el concepto “socialista”. ZP destruyó también la ilusión generada por el “Cuarto Pilar” del Estado del Bienestar, y abrió la senda al Partido Popular para que hiciera lo que le venga en gana, que no es otra cosa que seguir ahondando en la erosión de esos fundamentos (democracia, Europa y bienestar) con los que los españoles hemos sido educados durante más de 30 años. Una erosión que es doble, porque también socava su propia legitimidad como gobernantes.

Se pondrá en marcha una legislatura que se agotará en 2018. El Partido Popular puede seguir clamando todo el respeto que quiera desde el balcón de Génova, pero él no mostrará ninguno hacia los españoles, y volverá a someternos a una política decidida por Merkel y su modelo de Europa, en el que el Norte gana y el Sur se somete. Pero esto lo harán sin la mayoría parlamentaria suficiente para actuar de la manera en la que les gusta, es decir, por cojones, y tendrá enfrente a 71 diputados que le pondrán las cosas duras.

Habrá parálisis porque los actuales dirigentes del PP y del PSOE no saben, ni entienden, ni están educados en ello, como gestionar un Parlamento donde hay sudacas, negros, árabes, rastafaris y madres con hijos, es decir, que no saben gestionar la diversidad, que además en España es plurinacional. Pero acabarán entendiéndolo, porque una de las más potentes economías de la Unión Europea no puede ser ingobernable, y lo que toca es un proceso Constituyente, en el que los partidos políticos tradicionales tendrán que adaptarse a la realidad española y pondrán entonces toda la carne en el asador para no quedar fuera de la foto. Entonces es cuando nos jugaremos de verdad la partida, porque ahí se decidirá la intensidad de los cambios.

El Partido Popular ha ganado y subido en votos porque las generaciones mayores han reaccionado al mensaje del miedo. Cuando Albert Rivera decidió hacer el ridículo en Venezuela les dijo a sus votantes: soy una fotocopia, voten al original. Y por eso han perdido casi 400.000 votos, que se han ido en su mayoría derechitos al PP para frenar a Podemos.

El Partido Popular ha ganado porque Podemos ha movilizado a los abstencionistas que votan derecha al cometer el error de anunciar que iban a competir en igualdad de condiciones con el Partido Popular.

El Partido Popular ha ganado porque ha jugado sus cartas con la sabiduría del perro viejo. Ha ido a lo suyo, movilizar a los avergonzados y volver a llevar al redil a los “riverizados”. El Brexit ha podido ser la guinda.

El miedo es un poderoso sentimiento. Y el PP tiene la hegemonía en su uso, y no el impostor de Rivera. El Partido Popular tiene en eso las riendas y el que pretenda quitárselas se va a quedar en la cuneta.

El Partido Popular ha ganado porque Rajoy fue inteligente al jugar a la parálisis, demostrando que el PSOE y Podemos no saben entenderse, reforzando la imagen de que la izquierda es el Caos y ellos la solución. Sabe además que sus votantes tienen inmunidad olfativa a lo corrupto, y no sólo no les importa que el Ministro del Interior se pase por el arco del triunfo la separación de poderes para debilitar al enemigo nacionalista o podemita, sino que están deacuerdo con eso, con que se vuele a la cúpula de ETA si se puede y se torture o secuestre a terroristas con dinero público. Eso también lo sabe Felipe González. Rajoy sabe dónde está y que de ahí no se mueve, no desperdicia peones en vano.

A todo esto, Podemos no ha sumado mucho con Izquierda Unida. A la espera de datos seré prudente, pero todo apunta que allí donde el voto a IU era fuerte en diciembre de 2015, la abstención ha subido.

En todo caso lo que seguro que les ha enajenado apoyos es ponerse de espaldas al 15-M. Y no hablo de las elucubraciones febriles de los autonomistas embobados con la multitud, la pos-hegemonía y el exilio de las instituciones, sino de decirle a la gente que se movilizó contra las medidas de austeridad de Zapatero el 15 de Mayo de 2011 que el de la Ceja es el mejor presidente de la democracia. Carlos Marx y Engels están muertos y no se levantarán de su tumba porque les llamen socialdemócratas, pero el 15-M fue anteayer, ha sido la experiencia clave de una generación, que son los que están dando impulso al cambio, arrastrando a sectores de cohortes más antiguas.Pasar por encima suyo en cuestiones tan básicas y extendidas como éstas es un error de bulto que Pablo Iglesias tiene que hacerse mirar. Como también tiene que hacerse mirar su ambigüedad con la plurinacionalidad, el otro gran error de la campaña, porque esa es una posición inexpugnable de la que no hay que moverse, porque ahí hay una realidad inevitable que es la que explica por qué Colau no sólo reina sino que gobierna. Después del lamentable espectáculo de la CUP en Catalunya, esa es una posición ganadora desde el punto de vista electoral.

Entiendo perfectamente que tras los resultados electorales y las expectativas generadas, los representantes de Podemos salieran con la cara compungida y los hombros alicaídos por el peso de la desilusión. Yo también derramé lágrimas. Pero las cosas no van tan mal. Podemos tiene que levantar la barbilla, porque el horizonte que nos arrebataron esta ahí enfrente y son ellos los que han sabido marcar el camino. Nunca llegaremos del todo, eso es lo que pasa con los horizontes, pero hay que seguir adelante, y ya tenemos a 71 en el Parlamento prestos a desbrozarnos el camino.

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