intriga

Hoy el número es 700.000.

Más de 700.000 euros cuestan el mantenimiento de los jardines en la Embajada de España en París. Imagino que aquello será de una frondosidad incontenible, como en el Cuyabeno ecuatoriano. Cuando llegas a esta región del Oriente Amazónico del Ecuador, lo primero que notas es la densidad y la humedad en el aire. Seguramente esos más de 700.000 euros servirán para hacerle más fácil la respiración a  Jose Ignacio Wert, actual embajador de España ante la OCDE en París. Debe pasarlas canutas el pobre al pasear por los jardines de la embajada. No encontrará consuelo en su chófer, en su piso de 500 metros cuadrados (que le pagamos los españoles a 11.000 euros al mes), ni en su sueldo de 10.000 euros (al mes, pagados por quienes ustedes saben), porque en ese jardín debe haber anacondas acechando en el agua, ya que imagino que el Sena habrá sido desviado para que pase por nuestra Embajada. 775.000 euros. ¿Os llega el hedor? Ahí no huele a austeridad, esa que con encono han aplicado a la educación y la sanidad pública.

Otros 700.000 son los miles de euros que el ex presidente del PP en la provincia de Valencia, Alfonso Rus, le pagaba a la constructora BM3 entre los años 2010 y 2011 con fondos públicos del Ayuntamiento de Xátiva. Este dato sale a la luz en el contexto de una investigación de la Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil sobre una supuesta trama corrupta que se encargaba de dar una pátina de legalidad a las mordidas del 2 o 3% sobre contratos públicos que llevaban a cabo numerosos dirigentes del PP valenciano. Todo indica que los pagos a empresas como BM3 estaban dirigidas a poder contar con financiación opaca de cara a las elecciones.

Mientras leo estas cosas hediondas, escucho a un prominente dirigente del partido Ciudadanos, Fernando de Páramo, un tipo inteligente sin duda, colocándose medallas porque están “imponiendo” condiciones anti-corrupción al PP para un pacto de investidura. Su rostro olímpico se ensancha al argumentar que es gracias a su partido “y no a Podemos”, que el PP está “tomando medidas” contra la corrupción. Olvida hábilmente de Páramo que es el hastío y la indignación de la sociedad española, y no la labor de Ciudadanos, la que ha marcado en la agenda la preocupación por la corrupción que asola nuestro sistema político. Olvida de Páramo que Podemos nació para dar salida a esa indignación, y que Ciudadanos nació precisamente para contenerla.

Dar sentido a las palabras, dotarlas de significado y extender su uso, supone una de las batallas decisivas en la arena política. Partido Popular y Ciudadanos, con su reciente pacto, pretenden redefinir el sentido de la palabra corrupción.

En la negociación con el PP, Ciudadanos nos dice que está imponiendo condiciones cuando lo que sucede es a la inversa: el PP está logrando que Ciudadanos, esos del detergente que lava más blanco, reduzca el campo semántico de la corrupción. Ahora resulta, según Jose Manuel Villegas, vicesecretario general de Ciudadanos, que sólo son corruptoslos que meten la mano y no los que meten la pata”. La financiación ilegal y el enriquecimiento personal son, según esta nueva definición, las dos características que definen “lo corrupto”. Dejan fuera con ello lo esencial de la corrupción, aquello que fertiliza el suelo donde la corrupción florece: las relaciones de poder.

La corrupción política existe siempre y cuando un cargo público utiliza los recursos que tiene a su disposición (precisamente por ostentar dicho cargo) para su provecho propio, en beneficio de otros, de su organización o de cualquier otro grupo, en detrimento de los intereses de la sociedad a la que se debe. Esos recursos y ese provecho no tienen por qué ser directamente económicos ni ir orientados al enriquecimiento personal.

Pongamos dos ejemplos:

1) Esperanza Aguirre probablemente ha tenido buen cuidado de no meter la mano en ninguna de las prácticas corruptas de toda la estela de piratas de lo público de los que se ha rodeado. Pero a buen seguro que ha utilizado toda esa tupida red de relaciones corruptas para mantenerse políticamente como una de las personas indispensables en el Partido Popular madrileño. Ha utilizado la red de redes vertebrada por la corrupción que instituye como organización al Partido Popular para hacerse un hueco y mantenerse en el poder. Eso es corrupción.

2) Chávez y Griñán probablemente no “metieron la mano” en ninguno de los sustanciosos negocios ilícitos que el PSOE ha generado a costa de lo público tras más de 30 años dominando las instituciones públicas de Andalucía. Sin embargo, son responsables políticos no sólo porque eran sus máximos dirigentes, sino porque su posición de poder dependía, en gran medida, de que no tocaran el sistema clientelar corrupto que se nutre de los fondos públicos que pertenecen a todos los andaluces y que funciona como una máquina bien engrasada en el PSOE andaluz, siendo éste, además, uno de los factores que explican que sigan siendo el poder hegemónico en Andalucía. Eso es corrupción.

Con la nueva definición de “corrupción” del PP y Ciudadanos puede que hasta se salve Rita. Ciudadanos está cumpliendo un papel histórico, sin lugar a dudas. Primero se prestó a ser una de las herramientas fundamentales del status quo al servir como elemento de contención de las ansias de cambio, logrando, con un evidente apoyo de los poderes fácticos, aglutinar una parte relevante del voto descontento que probablemente habría ido a Podemos o a la abstención. Luego se ha mostrado claramente abierto a pactar, a derecha o a izquierda, con cualquiera de los dos elementos que sustentan el sistema bipartidista, reduciendo las posibilidades de cambio. Ahora pactan con el Partido de la Corrupción por antonomasia, no sólo para permitir que gobierne, sino para redefinir el sentido mismo de la corrupción en sentido restrictivo (es decir, en beneficio de los corruptos).

¿Lo huelen? Hasta aquí llega el hedor

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