Resulta muy ilustrativo de la situación en la que nos encontramos el tipo de discursos que están sosteniendo en España defensores del statu quo como Susana Díaz o Albert Rivera a raíz de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Ambos líderes aprovechan el triunfo de Trump para hacer un ejercicio de profunda demagogia al compararlo con Podemos, a la vez que se  establecen conexiones con el avance de la extrema derecha en Europa.

Esta estrategia de confusión no sólo lanza un mensaje tergiversador de la realidad orientado a desprestigiar al adversario político, sino que, además, sirve de velo que oculta una realidad que en nada conviene a los interesados que se haga visible. Esa realidad es que Donald Trump no es el origen del problema. El origen  del problema es Mariano Rajoy, Susana Díaz y Albert Rivera, es decir; lo que ellos simbolizan: el universo político que ha permitido que fenómenos como el que representa el señor Donald Trump sean posibles. Donald Trump es un síntoma. Susana Díaz, Albert Rivera y Mariano Rajoy son la enfermedad.

Toda falacia, para tener éxito en su propagación, debe asentarse en algo real. El discurso que asimila a Podemos con el avance de los movimientos europeos o norteamericanos de extrema derecha toma asiento en una realidad que permite hacer la conexión. En este sentido, es la situación de crisis a la que nos ha llevado la política tradicional el caldo de cultivo que explica que Le Pen gane apoyos en Francia y que Pablo Iglesias lo gane en España.

Lo que no explican quienes hacen esta asociación es que mientras que Le Pen y similares utilizan un discurso nacionalista retrógrado y xenófobo, construyen una idea de Patria reaccionaria y excluyente, y proponen alternativas que pasan por la construcción de una frontera amigo/enemigo donde el chivo expiatorio es el “otro” representado por el inmigrante, Pablo Iglesias encabeza una formación política que construye esa frontera adversarial poniéndose del lado de las mayorías sociales, señalando con el dedo directamente a los auténticos responsables de la situación (que no son los migrantes sino los líderes políticos y los poderes económicos defensores de un injusto sistema que beneficia a unos pocos en detrimento de los muchos) y proponiendo una alternativa que supone, en la práctica, una radicalización de la democracia, lo que implica, evidentemente, un mayor control sobre las tendencias destructivas en lo social que supone un libre-mercado desatado que abandona a amplios sectores de la población a su suerte.

Podemos representa la esperanza de una profundización democrática. Le Pen y Trump, en cambio, representan una salida autoritaria, un proceso de des-democratización. Es cierto que los líderes de la nueva extrema derecha europea también apelan a la confrontación con el establishment político, pero no diferenciar entre los modelos que propugnan no es más que estrategia electoralista irresponsable y ruin articulada por quienes, como Susana Díaz, Mariano Rajoy o Albert Rivera, no tienen ningún tipo de alternativa real al modelo político, económico, social y cultural que nos ha traído a esta situación. No tienen alternativa porque ellos son el modelo.

Vamos a analizar el discurso de Albert Rivera para demostrar lo que estoy afirmando. Tiene mucho interés desgranar por ejemplo las afirmaciones que realizó hace unos días el líder de Ciudadanos en un conocido programa matinal de Telecinco. Las palabras de Rivera, como veremos, demuestran a las claras porqué el chico de los recados de Rajoy no es una solución a los graves problemas que acucian a nuestra sociedad, sino parte del problema.

Cabe decir antes de nada que Albert Rivera podría haber representado, no sé si aún está a tiempo, una cosa bien diferente a lo que ha decidido representar. Actualmente es evidente que Rivera es quien le lleva el periódico y las zapatillas a Rajoy mientras mueve animosamente el rabo esperando su terroncito de azúcar. Sin embargo, los de Rivera también representan un tipo de derecha más europea, menos rancia, más auténticamente neoliberal, más joven, formada y ubicada en el mundo real que el Partido Popular, que sólo bebe ya de la cultura posfranquista que agoniza, aunque se mantiene, en España. Esta realidad es la que explica en parte los tres millones de votos que ha conseguido la formación naranja. Si siguen por el camino que están tomando, quizás podrían ir quedando paulatinamente relegados a la insignificancia en términos electorales, porque para ser como el PP, ya está el PP, y la gente suele preferir el original a las fotocopias. En todo caso, decida seguir siendo más de lo mismo o renovación de la derecha, Albert Rivera representa simbólicamente el adversario a batir democráticamente de todos aquellos que deseamos una auténtica profundización de nuestro sistema democrático en el sentido de la atención a las necesidades de las mayorías sociales.

Analicemos ya las palabras de Rivera en el mencionado programa de Telecinco. Preguntado por su opinión con respecto al triunfo de Trump, lo primero que nos dice es que el líder republicano ha triunfado porque “no se ha ofrecido un proyecto alternativo”. Es lo único con verisimilitud que dice en toda la entrevista. Seguidamente se presenta como ese proyecto alternativo, comparándose con Trudeau en Canadá, una especie de “tercera vía”, en su discurso, entre el populismo que representa Trump (y Podemos, nos dirá poco después) y la clase política tradicional, desgastada y corrupta.

No tarda ni tres minutos Rivera en hacer uso de su bien administrada y entrenada demagogia, desatándola para atacar a Podemos, al que supone contento por la victoria de Trump. Y es en este momento donde comienza a articular una serie de nociones y presupuestos en su discurso que nos advierten de por qué Albert Rivera es parte del problema y no de la solución. Según Rivera, Podemos estaría contento con la victoria del líder republicano porque va a acabar con el Tratado de Libre Comercio. Inmediatamente asocia la libertad a ese Tratado, y estar “contra la libertad” con el “proteccionismo: “la libertad pierde hoy, gana el proteccionismo”. En su opinión, el debate es entre “libertad y sociedad abierta” y “entre populismo y proteccionismo”.

A partir de ahí comienza todo un discurso que se convierte en una auténtica ceremonia de la brocha gorda, el análisis interesado y superfluo de la realidad y la descarada falsedad con la intención, ridícula de tan manifiesta, de relacionar a Podemos con opciones políticas de extrema derecha xenófoba que no sólo son la antítesis de Podemos sino que, en el fondo, están bastante más cerca de Albert Rivera de lo que él mismo se atreve a reconocer. De hecho, no está de más recordar con quien se presentó a las europeas de 2009 Albert Rivera, antes de convertirse en la actual tercera vía a la canadiense que dice ser: con el grupo Libertas, que aglutinaba a lo más granado de la ultraderecha europea, como el Mouvement pour la France del ultracatólico Philippe de Villiers. En las alforjas de Albert hay una buena dosis de populismo de derechas.

No voy a detenerme en desmontar la ristra de mendacidades y medias verdades que vomita Rivera en la entrevista, porque afortunadamente estaba ahí, en la tertulia, Fernando Berlín, un periodista que cumple con profesionalidad su oficio, para ponerlo en su sitio. Recomiendo ver la confrontación entre ambos, porque no tiene desperdicio.

Voy sin embargo a detenerme en la concepción de “libertad” que maneja Rivera, porque ahí está la madre del cordero sobre la que me gustaría llamar la atención.

Habíamos visto que Rivera nos decía que el proteccionismo es lo contrario de la libertad y la sociedad abierta, y que ésta se relacionaba con el Tratado de Libre Comercio. Por lo tanto, para Albert Rivera, ese gran lector de Kant, la noción de “libertad” está ya muy lejos de su sentido ilustrado, que lo relacionaba con la emancipación del ser humano, con su salida de la minoría de edad, con el atreverse a pensar, y hacerlo libre del sometimiento a las autoridades. Para Albert Rivera, la libertad es en el fondo, dado que es lo contrario del “proteccionismo económico”, libertad de comercio y libertad de consumo. Está por lo tanto absolutamente desgajada de su carácter político: de confrontación y lucha entre quienes cohíben la libertad y quienes luchan por ser libres (y por supuesto, de cuáles son las condiciones necesarias para que la libertad sea realmente efectiva).

Albert Rivera, que considera a Trump una enfermedad, no está capacitado, por esta manera reduccionista, instrumental y economicista de concebir la libertad, para percibir que Trump no es la enfermedad, sino un síntoma de la enfermedad, que es representada a la perfección por el propio Albert Rivera, es decir, por la visión neoliberal del mundo de la que él es uno de sus almuédanos.

Albert Rivera gusta de llamarse a sí mismo como un representante de la nueva política. Tiene cierta razón desde un punto de vista formal. Como decíamos anteriormente, él representa una nueva derecha, más joven, mejor formada, más limpia. En relación a la derecha española, es más auténticamente neoliberal, menos casposa, menos posfranquista. Representa la renovación de la derecha liberal española, la posibilidad de su reproducción en un sentido biológico, pero también un más genuino acercamiento a la derecha moderna europea. Pero no hay nada de nueva política más que en esos aspectos formales, porque la propuesta de Rivera para solucionar los graves problemas a los que nos enfrentamos es más de la misma receta. Rivera no entiende que la tensión desreguladora propiciada por el neoliberalismo que se inició en los años 70 nos ha traído al lugar en el que estamos. El neoliberalismo nos ha llevado a Trump. De la misma manera, salvando las enormes distancias, que el liberalismo económico desembridado de finales del siglo XIX nos llevó al fascismo.

Rivera no cree que el sistema económico actual tenga carencias, fallas o problemas graves; lo que cree es que han fallado sus gestores. Porque concibe la política como eso: como gestión técnica de los problemas. Realmente la política tiene algo de esa dimensión que podríamos considerar “técnica”. Pero lo fundamental de lo político es la capacidad de confrontar proyectos alternativos, de imaginar futuros posibles. La utopía liberal de Albert Rivera nos plantea la existencia de un mundo que no puede existir, porque no está en la naturaleza humana; Albert Rivera nos plantea un mundo sin conflictos, donde todo es cuestión de gestión, técnica y pericia de corte economicista. Plantea un mundo donde el mercado desregulado, bien gestionado, generará la armonía y la felicidad definitiva del ser humano. Éste es un argumento refractario a la autocrítica, porque siempre se puede decir, cuando la evidencia empírica demuestre que el libre mercado no nos lleva a la felicidad que predica, sino a la acentuación de las desigualdades y la infelicidad, al fascismo y a la proliferación de soluciones de extrema derecha, que eso es así porque los que gestionan no lo han hecho deacuerdo a esa entelequia inexistente que llaman las leyes naturales del mercado.

Pero además, este ideal es un ideal anti-político, porque sueña con un mundo imposible en el que no existe el conflicto y la confrontación de opciones políticas. Esta utopía es un no lugar muy peligroso, que nos lleva de cabeza al abismo, como la crisis económica ha demostrado con creces, y cómo la historia lleva advirtiéndonos con insistencia desde que el capitalismo se extendió como modelo económico hegemónico generalizado. Cada vez que se permitió que cabalgara desbocado, lo destruyó todo a su paso.

En el discurso de Albert Rivera, en la práctica, no existen alternativas. La democracia liberal y el capitalismo neoliberal son lo único posible y pensable, no hay nada más allá de estas realidades. No existe la posibilidad de nuevas luchas emancipatorias. En realidad, lo que se hace es enmascarar la realidad de las desigualdades, de las injusticias y de la construcción de un orden injusto, que es el que crea las condiciones de posibilidad de la salida des-democratizadora de Trump o Le Pen.  La gente como Albert Rivera es la enfermedad. Trump sólo es una de las derivaciones más nefastas del mundo que ayuda a construir su opción política.

Anuncios