corderoangelesmisaHace mucho tiempo que el diario “El País” entendió perfectamente, con la clarividencia que otorga la amenaza de la falta de ingresos de la que depende el pan que se lleva a la boca, que lo suyo no es el periodismo sino la simple y mera transmisión de los dictados del que sujeta el látigo.

Heraldo de lo viejo que no acaba de morir, en su portada de hoy, edición digital, anuncian a la vez que niegan, con la genuflexión salivante que les caracteriza, la feliz Gran Coalición no formalizada entre PP y PSOE, congratulándose de lo que consideran el aislamiento de Podemos y Ciudadanos y la recuperación de la iniciativa política por parte de los dos grandes partidos. Es un cántico exultante de victoria. Es la felicidad del siervo al que se le enciende la líbido cuando sonríe el Amo. Por fin, parecen decirnos, España se encamina por la buena senda. “El Pais” sigue considerando con desprecio a sus lectores, a los que considera imbéciles en una doble dimensión: por sí mismos, y por leerles. Exactamente lo mismo que piensa el PSOE de sus votantes.  

La noticia en cuestión se refiere al pacto de mínimos sobre el salario mínimo interprofesional entre PSOE y PP, a espaldas del Congreso y de los agentes sociales. Es una nueva versión del viejo juego de la bolita. Es verdad que en el Partido Socialista de Euskadi aún conservan algo de la materia gris que les caracterizó antaño, como demuestra el inteligente pacto con el PNV (que hasta ayer, para Susana Díaz y sus rebujitos, eran esos nacionalistas/separatistas engendrados por Lucifer y Sabino Arana en las profundidades del Tártaro ante la onanista mirada de ETA). Pero el PSOE de la Gestora, con esta maniobra de trilerismo político demuestra que el pozo se está secando. El cadáver de González está contaminando el agua, y ahí ya sólo quedan tábanos hambrientos. Quiero decir que este PSOE está en decadencia y lo demuestra el hecho de que ya no es sutil ni en el despliegue de su más conocida habilidad: el engaño.  

Nos toca una legislatura de gestos de cara a la galería, en la cual el PSOE se presenta como abanderado de las luchas de otros, que ellos capitalizan, reduciéndolas a la insignificancia, mientras tras las bambalinas, con la excusa del “Pacto de Estado”, acuerdan con el PP los asuntos de mayor relevancia. El PSOE va a aprobar los presupuestos. El PSOE va a otorgar estabilidad al gobierno del PP. El PSOE sigue jugando el papel de gran tenia apoltronada con ventosas en las entrañas de España, alimentándose parasitariamente de su hez. Así hasta que reviente. El PSOE está dispuesto miserablemente a que la sociedad española pague con creces por haber cometido el pecado de haberle retirado su apoyo masivo de antaño. En la zozobra, salvar el propio ombligo es su meta.

La Gran Coalición se hizo carne sin necesidad de transubstanciación, a lo luterano, como gusta en Alemania. Ni pactos flanqueados por banderas, ni apretones de manos ante las cámaras, ni biblias y constituciones para confirmar juramentos o promesas. Mejor lo de toda la vida: la covachuela. Montoro, Mi Tesoro, lo ha dicho claro, siseando las palabras mientras las dejaba arrastrar con satisfacción entre los apretados dientes: “es preferible entenderse con los que suman y no el voto marginal”. Mensajito a Ciudadanos: Roma no paga traidores. Ni a advenedizos. Gracias por asesinar a Viriato, ahora a casita y a agachar la cabeza o te tocará garrote. La operación ninguneo a Ciudadanos, ya anunciada por Rajoy en el eterno proceso de investidura, toma cuerpo y se ensancha. En los sótanos de Génova, el cancerbero Rafael Hernando custodia el baúl de las herencias inconfesables, que sólo abren cuando toca la embestida. En él anida el ethos franquista, esa rabia chulesca, de facha frustrado de provincias, de complejo de Imperio, de cabreo antediluviano por la Pérdida de Cuba, de barbilla alzada y mirada de novio de la muerte, de militar encabronado, del que sabe que ganó la guerra y no está dispuesto a olvidarlo. Con este ethos, que huele a la mala ansia del fascista, Hernando pronto se afilará el colmillo para hincarle el diente a los naranjitos. Albert Rivera pagará el precio de su impostura, porque todos los tontos útiles son siempre desechables.

Ya sabemos que la política de austeridad no fue una reacción a la crisis. Fue una reacción a la pérdida de la tasa de beneficios de los que provocaron la crisis. Ya sabemos que la merma en derechos políticos y sociales y la expropiación del erario público no era cuestión de necesidad inevitable, era el derecho de pernada de quienes guardan con celo sus privilegios. Ahora queda más claro que nunca, si alguna vez lo dudamos, de que el PSOE, otra vez, está dispuesto a ejercer de dique de contención de los cambios. El cabreo de la calle está peligrosamente ocupando las instituciones. La tarea del Partido Popular y el Partido Socialista es una: impedir que esa institucionalización de la indignación acabe en senderos incontrolables. No debemos permitírselo, hay que seguir dando la batalla.

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