Cuentan las malas lenguas que, en la víspera del Comité Federal que defenestró a Pedro Sánchez , éste envió a una de sus partidarias, la secretaria general del PSOE en Baleares, Francina Armengol, para pactar un sometimiento claro de Pedro Sánchez a lo que dijeran los jerarcas del partido a cambio de mantenerse en la Secretaria. Susana Díaz le contestó a Armengol: “Oye Francina, veo que no te has enterado. Yo a éste lo quiero muerto hoy”.

De ser cierta esta anécdota, que desde luego es bastante plausible, se desprenden dos cosas, interesantes si reflexionamos sobre ello a tenor del resultado de las primarias del PSOE, en las que el muerto Sánchez no sólo ha resucitado, sino que ha recuperado la corona, y a lo grande, ya que, contra todo pronóstico, no solo ha vencido a Susana Díaz, sino que ha superado el 50% de los votos. Más de diez puntos por encima de la representante preferida por el establishment socialista y buena parte de la derecha política y mediática.

En primer lugar, esta anécdota demuestra que Susana Díaz representa a esa vieja España que entiende la dignidad de la representación como licencia para el caudillaje. “La única autoridad soy yo”, que dijera su mano derecha, Verónica Pérez. La derrota moral de Susana Díaz en estas primarias es también en cierto sentido la derrota de esa vieja España que no vive ni entiende el siglo XXI y que acostumbrada a políticos autoritarios que consideran al pueblo menor de edad e imbécil de lo público, prefiere lo malo conocido a la incertidumbre de los cambios.

En segundo lugar, la anécdota nos advierte del extremo pragmatismo de Pedro Sánchez y de la posible vacuidad de su apuesta política para el PSOE, pretendidamente más a la izquierda que la de Susana Díaz. Antes de verse defenestrado pretendió ceder en sus posiciones. Ahora está en una posición de fuerza y veremos si mantiene las expectativas de giro hacia la izquierda en la que ha basado su discurso político.

Yo sinceramente espero que esto último suceda, porque de eso dependerá mucho la expectativa de cambio en España. El PSOE sigue siendo una fuerza política con un apoyo electoral considerable, sociológicamente de izquierdas, y se abre la posibilidad, si Podemos recoge el guante (cosa que también está por ver) en el hipotético caso de que Sánchez fuera coherente con sus promesas, de articular juntos una “vía portuguesa” para España.

Los militantes del PSOE han demostrado con este voto a favor de Sánchez que forman parte del núcleo del espíritu de ansias de cambio del 15M. Una versión más conservadora y menos rupturista, pero de regeneración al fin y al cabo. Los militantes del PSOE han hablado, probablemente por primera vez en décadas, y han dejado una cosa clara: no quieren a un PSOE que permite que Rajoy nos gobierne. La cuestión estará ahora en ver, insisto porque no me fio, si Sánchez hará honor a este mandato de sus bases o acabará traicionando sus expectativas.

Por otro lado, ahora veremos hasta qué punto los oligarcas del PSOE están dispuestos a someterse a lo expresado en el voto o si se dedicarán a dar guerra (la primera batalla se verá en la formación de la nueva Ejecutiva) y con ello, a hundir aún más al socialismo español. El discurso de derrota de Susana Díaz no augura nada bueno es este sentido. Con evidente cara de disgusto, a pesar de la sonrisa de impostura, y secundada por miembros de su equipo a la espalda, Susana Díaz ha sido incapaz de mencionar las palabras “Pedro” y “Sánchez” y se ha limitado a las consabidas congratulaciones por el apoyo recibido, el proceso democrático articulado y dar la enhorabuena al “secretario general”, a la vez que ha recordado que ha recibido el apoyo del 60% en Andalucía, el único territorio donde ha vencido. Hace bien Susana en preocuparse, porque cuando el perro alfa está herido, los aspirantes comienzan a probar suerte con sus ladridos, y probablemente vamos a ver movimientos en el socialismo andaluz.

El proceso que discurre desde la presentación de los avales a la votación demuestra otras dos cosas: una, que muchos de los que avalaron a Susana Díaz lo hicieron por la presión de los aparatos y dos, que los militantes han aprovechado el voto secreto para demostrar su verdadera preferencia, que mayoritariamente aboga por un cambio en el seno del PSOE. Esto da alimento al argumento que sostiene que la democratización de los partidos políticos es un mecanismo necesario e indispensable para controlar la tendencia de las élites políticas a ahondar la brecha que les separa de sus militantes.

Pensando en los datos de Andalucía, feudo de Susana Díaz, éstos ilustran que algo se mueve. Susana arrasa, pero la diferencia (un 31,7 de Sánchez frente a un 63,2 de Susana) nos advierte también de que la animadversión a Susana Díaz entre las bases socialistas es potente también en Andalucía (en al menos 3 de cada 10 militantes), donde son muy poderosos los diversos mecanismos de presión e influencia sobre el voto en favor de Díaz.

En lo que respecta a Catalunya, la victoria de Pedro Sánchez es muy contundente (82% del voto para Sánchez). Esto anuncia que Pedro Sánchez acertó al calcar el discurso de la plurinacionalidad de Podemos, y que ésta constituye una posición inexpugnable desde el punto de vista electoral en las regiones donde existe un extendido sentimiento nacionalista no españolista.

El PP por su parte, ha mostrado preocupación en sus primeras declaraciones. Su candidata favorita, como no podía ser de otra forma, era Susana Díaz. La posible vuelta del “No es No” pone en un brete a Rajoy, que con la abstención del PSOE, la sumisión práctica de Ciudadanos y el apoyo de los otrora demonios separatistas del PNV y PDCat, creía tenerlo todo atado y bien atado. Mariano Rajoy, de nuevo acosado por sus propios fantasmas (la corrupción estructural, genética e incontenible de su partido) presumiblemente tendrá ahora dudas de si va a perder una de las bazas fundamentales que le mantenían en el gobierno: un PSOE servil.

En las primeras palabras de Sánchez podemos observarle hablar, por primera vez en toda su carrera, sin ningún tipo de impostura, bastante suelto, emocionado, y sin controlar en exceso las frases, por muy preparadas que estén.  Contento como un niño con zapatos nuevos y con bastante elegancia frente a unos militantes que reclamaban sangre (pidiendo calma a los que cantaban “susanista el que no vote”), Pedro Sánchez lanza un mensaje claro: el socialismo ha vuelto. Habla de defensa de las mayorías sociales, cambiar el rumbo del país, acabar con la corrupción del Partido Popular. Su promesa es hacer del partido socialista el partido de la izquierda en España. Nos habla también de reconstituir la unidad del partido para caminar “rumbo a la Moncloa”. El remate: acaban todos juntos al unísono cantando la Internacional Socialista.

Habrá que ver en qué acaba todo. Por lo pronto, una declaración del alcalde de Valladolid, muy cercano a Sánchez: no es el momento de buscar una moción de censura a Rajoy. Y una evidencia: la Cacique del Sur va a tener hoy pesadillas con muertos vivientes.

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