A raíz del conflicto actual entre el gobierno de la Generalitat de Catalunya y el gobierno de España, son numerosas las voces que claman, con razón, contra el problema de la reconcentración del conflicto político en torno a los ideales de “patria” y “nación”. Alberto Garzón por ejemplo, actual líder de Izquierda Unida, ha sido muy vehemente a la par que convincente al relatar que el enfrentamiento entre nacionalismo español y nacionalismo catalán extiende una espesa cobertura de humo sobre otras problemáticas de fondo, más relevantes, como las relacionadas con las cuestiones sociales. Así, en una entrevista en el Huffingtonpost, asegura:

Creo que primero debemos partir de la idea de que el nacionalismo español ha creado durante mucho tiempo el nacionalismo e independentismo catalán, y que el independentismo catalán también genera el nacionalismo español. Y este rebrote del nacionalismo español, que tiene su visión gráfica en la puesta de banderas en los balcones, desde luego es un escenario muy favorable al PP. El PP jamás podría rentabilizar la política desde el campo de la corrupción o desde el campo de lo social, porque todo el mundo sabe que es un partido corrupto y que recorta. Pero, en cambio, en el tema nacional puede rentabilizarlo si consigue que gran parte de la población, en vez de pensar en sus condiciones materiales de vida, piense en una supuesta identidad española perjudicada o amenazada por el independentismo[1].

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