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Disputar el sentido de los símbolos culturales es una de las claves fundamentales de la política. Si hay un movimiento social que ha sabido comprender esto, ese ha sido el feminismo.

Una prueba de ello es por ejemplo la conversión en un icono de la emancipación de la mujer del cartel de propaganda de guerra de Howard Miller (We Can do it!), de 1943, en el que aparece una mujer vestida con mono de fábrica arremangándose un brazo. El objetivo del cartel era animar a las mujeres de los años 40 a participar en el esfuerzo industrial de guerra estadounidense en plena Segunda Guerra Mundial. Se trataba así que las mujeres pasaran del ámbito doméstico al de la fábrica. Había que fabricar armas, municiones y toda una serie de productos relacionados con la guerra, y el gobierno estadounidense fomentó una potente campaña de publicidad para convertir a las mujeres en mano de obra industrial.

La imagen de Miller se inspiró en un cartel canadiense (la primera imagen de este texto) en el que aparecía una trabajadora, llamada Verónica Foster, de una planta de fabricación de armas, fumando al lado de una ametralladora ligera tipo Bren.

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A su vez, el lema “We can do it” y la idea del brazo arremangado era tomado de otro cartel de la época (1942) de la General Motors (segunda imagen en este texto) que iba acompañado de dos brazos arremangados, uno de un obrero y otro de un dirigente de empresa y el lema Together we can do it, con lo que de paso se desligitimaba el enfrentamiento que por entonces los sindicatos mantenían con la empresa en la reivindicación de los derechos de sus trabajadores.

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El cartel de Miller (tercera imagen), que aderezaba a la mujer con un pañuelo rojo de lunares blancos en la cabeza, venía a decir que la mujer no perdía su “esencia” (el glamour y la belleza) y conectaba con una idea presente entonces: la mujer debía entrar en la fábrica para ayudar a sus maridos, padres, hermanos o amigos que luchaban heroicamente en la guerra; eso sí, las mujeres debían trabajar en la industria sólo hasta que los hombres volvieran.

Hoy este cartel, por intermediación del movimiento feminista, es un símbolo de la lucha por la igualdad. Pero es que además, la “igualdad” en sí misma, así como la idea de “empoderamiento” de la mujer, se ha convertido en si mismo en un icono que es susceptible de ser utilizado en muchos ámbitos: desde la publicidad de las empresas, como hizo Pescanova en un polémico anuncio,[1] a los discursos de partidos conservadores con una historia de oposición a la igualdad de género de largo aliento (lo que permite decir a Cristina Cifuentes, del Partido Popular, cosas como ésta en una reciente entrevista: “Aún existen muchos micromachismos y tenemos que reivindicar la igualdad”)[2]. Esto no es óbice para que persistan en la idea de desvincular la cuestión de la igualdad de la política, como recientemente hace Inés Arrimadas en sus declaraciones sobre la huelga general feminista convocada para el próximo 8 de marzo, anunciando que no se sumaba a la convocatoria porque “no es la mejor opción mezclar la igualdad con cuestiones ideológicas[3], asumiendo con naturalidad la idea de que la “igualdad” es una cosa “natural”, y no el producto de determinadas luchas políticas, y, por ello, ideológicas.

El caso es que la creciente presencia de mujeres en política, hecho que incluye a Arrimadas y Cifuentes, (aparte de sus talentos personales y profesionales), es fruto de algunos de los más claros éxitos del movimiento feminista. Uno de ellos es el hecho de haber convertido la lucha por la igualdad en un símbolo de la lucha por la emancipación general de los seres humanos, una demanda de carácter universal que está en la base de los conflictos y tensiones sociales propios de la era moderna y constituye una de las máximas conquistas sociales que ha producido.

Esto nos lleva a una cuestión peliaguda, porque aquellos valores políticos que consiguen auparse al más alto estadio que pueden alcanzar, esto es, convertirse en sentido común, se transforman entonces en objeto ineludible de la agenda pública, en arena de combate donde las diversas fuerzas sociales y políticas entran en pugna por asociarse a ellos y controlar su sentido, dado que estos valores marcan los límites de lo pensable, lo considerado lógico y racional, y lo anhelado como deseable, aunque siempre de manera precaria y en disputa.

El éxito del feminismo y de los valores asociados al mismo lo ha convertido en objeto en disputa, y, por ello, pueden ser ganados para la causa de los valores y poderes establecidos. Esto da lugar a hibridaciones como la que representa Beyoncé, que se declara abiertamente feminista e hibrida en sus discursos ideas típicamente feministas con otras de carácter marcadamente conservador (como la idea de la complementariedad entre hombre y mujer) y neoliberales (como la idea de que cada individuo puede conseguir tener “éxito” en la vida si se aplica con tesón a ello). Estas cuestiones pueden percibirse claramente en estas declaraciones de la famosa cantante:

“Ser feminista es muy simple. Es sólo una persona que cree en la igualdad para el hombre y la mujer. El hombre y la mujer se complementan y debemos llegar al punto en el que estamos cómodos apreciando el uno al otro.”

“Mi madre me enseñó a ser fuerte, a nunca dar excusas y nunca esperar que alguien más haga por mí cosas que puedo hacer yo misma. Tengo sueños, y creo que tengo el poder para hacerlos realidad.”[4]

Frente a este tipo de fenómenos, caben dos actitudes: echarnos las manos a la cabeza por la flagrante violación de los principios feministas, convertidos en paradigma de la mercantilización despolitizada que reproduce las estructuras del capitalismo (es decir, habría que combatir a Beyoncé y lo que representa en aras de la defensa de las esencias del feminismo), o, como defienden otras personas también feministas, situar el foco en otro lugar: aprovechar las oportunidades que ofrece el fenómeno.

Un ejemplo del primer caso son algunos de los artículos de “el diario.es” firmados por Barbijaputa. En su crítica a las declaraciones mencionadas de Arrimadas, por ejemplo, esta autora mezcla una crítica sólida y pertinente a la hipocresía de Ciudadanos y al problema de la despolitización del concepto de igualdad que se esconde tras las palabras de su lideresa, con otras afirmaciones muy categóricas y que quizás son menos sólidas. Calificar de manera general a todos los votantes de Ciudadanos bajo el epíteto de “machistas”, no en un sentido general (dado que vivimos en sociedades con un sesgo cultural machista, todos y todas estamos imbuídos de su escala de valores) sino en un sentido esencialista: Ciudadanos es por definición un partido machista y por lo tanto sus votantes también lo son sin remedio, de una vez y para siempre, con lo que se está optando por dar por perdido a un importante sector de la ciudadanía. Dice el texto:

“Personalmente agradezco que no haya miembros de Ciudadanos en nuestras manifestaciones y huelgas, y que no jueguen a hacerse la foto en movimientos por los que no están dispuestos a dar la cara donde deben darla: en el Congreso. Y aunque Ciudadanos no lo hace por honestidad, sino porque sabe que su electorado es machista y no vería con buenos ojos a sus representantes codo a codo con mujeres feministas, me parece mucho mejor el resultado: que se retraten como lo que son, un partido sin ningún interés en aplicar políticas que solucionen la brecha salarial o que acaben con el patriarcado en cualquiera de sus formas. Ciudadanos es el patriarcado, ¿cómo van a querer acabar con él?[1]

No acabo de entender, desde el punto de vista de la lucha por la extensión de los ideales feministas, por qué es mejor que un partido con influencia social se retrate como lo que es y siga con ello influenciando a aquellos que les apoyan en su defensa del status quo.

Salvo que la autora pretenda decir que una vez que se devele la realidad que se oculta tras el partido político Ciudadanos (que es un partido del patriarcado y capitalista) habrá gente que dejará de votarles y apoyarles. En cuyo caso no se sostendría la idea de que los votantes de Ciudadanos son todos inevitablemente machistas y patriarcales.

Otra posibilidad es simplemente que la autora este convencida que hay una parte de la sociedad que jamás aceptará los valores del feminismo y por lo tanto es mejor no preocuparse por ellos. Lo que significaría que sobreentiende que las posiciones políticas están fijadas y marcadas de antemano y que no puede hacerse nada por intentar transformar esa realidad ¿se trata sólo entonces de convencer a los convencidos?

Situar el foco en otro lugar es lo que hace con acierto Eva Ferreras en este artículo de Ctxt[2]. Con un sentido abiertamente pragmático, advierte que le importa poco lo que artistas como Beyoncé pretendan cuando “pasean con orgullo la palabra feminismo”. La cuestión está en qué hacer una vez que celebrities o marcas de moda de una innegable influencia popular estan abriendo una ventana de oportunidad para posicionar el discurso feminista. Para la autora de este artículo, hay que

“(…) aprovechar la fuerza y el impulso de la cultura mayoritaria, ya que hoy por hoy es lo que puede permitir que en algunos sectores se cuelen algunas consignas feministas en lugar de ninguna en absoluto; necesitamos tener en cuenta que sin este feminismo más mainstream corremos el riesgo de que movimientos abiertamente antifeministas consigan rellenar ese mismo espacio donde no hay nada; necesitamos entender esto porque, a pesar de las contradicciones, podemos salir ganando”

Una opinión similar expresa la intelectual feminista cubana Ailynn Torres en este artículo[3] cuando se refiere a las posibilidades que abre el discurso de Oprah Winfrey en los Globos de Oro:

“Con origen popular, la Oprah estrella de los medios encarna el sueño americano de quien se hace a sí mismo y discursa sobre un cambio posible generado por las voluntades. Oprah no encara al sistema que aprisiona, excluye, margina. Sin embargo, en la noche del domingo, Oprah habló de las mujeres del campo, de las migrantes, de las mujeres negras violadas. No dijo que el capitalismo organiza las desigualdades, es cierto. (Si Oprah hablara de las desigualdades estructurales del capitalismo como sistema de dominación, fuera Bernie Sanders, y menos se animarían a pensarla en la carrera hacia la presidencia). Pero habló de ellas y de algunas de las luchas necesarias. El asunto no es menor”

Creo que enfoques como éste y otros asociados a los debates de rabiosa actualidad que hoy en día están teniendo lugar en el movimiento feminista a nivel mundial, están llamando la atención sobre las oportunidades que abre, como ayer, la lucha feminista para seguir avanzando en el combate por la emancipación de los seres humanos. Porque en mi opinión el feminismo trata de esto: de la emancipación y la libertad de todos los seres humanos. Su lucha también es la lucha de los hombres que deseamos un mundo mejor.

Una cuestión preocupante está en si todo se quedará, de nuevo, en el combate por las esencias, algo que ha caracterizado en demasiadas ocasiones a la izquierda, o en la aceptación de la indeterminación que caracteriza a lo político y dentro de la cual es posible batirse el cobre por construir nuevas demandas partiendo de los mimbres que ofrece el contexto económico, cultural, histórico y político. No todo puede construirse desde el discurso y desde la construcción de sentido; existen realidades materiales que limitan el abanico de posibilidades: pero se puede avanzar bastante desde esta vía.

Una de las razones del éxito del capitalismo está en su capacidad mutante, es decir, en su capacidad de integración en el sistema de las demandas políticas que llegan a un punto de desborde tal que no pueden ser contenidas simplemente con la represión. Y para ello tiene que hibridarse, contaminarse con algo del sentido original de la demanda que integra. Cualquier sistema que pretenda mantenerse en el tiempo está necesitado de determinados niveles de consenso social que obligan a la integración parcial de las demandas más potentes que surgen en sus espacios de disidencia. Es por eso que algunos valores del feminismo se han convertido en mainstream en el mundo actual.

Pero éstas no son simplemente las armas del capitalismo, son las armas de lo político. Y dado que es precisamente lo político lo que nos caracteriza como especie, no parece que podamos sustraernos a esta realidad. Hay que saber utilizar estas herramientas sin complejos y ponerlo en práctica, como históricamente ha sabido hacer el feminismo, sin duda uno de los movimientos sociales más relevantes en la dilatada lucha contra la injusticia.

El ejemplo con el que ilustro aquí esta habilidad del feminismo es claro: de un cartel con un origen clasista, machista y bélico (el We Can Do It! de 1943), el feminismo ha sabido hacer una imagen con un colosal valor simbólico que apela de manera inequívoca a la igualdad. Esa imagen ha sido y es utilizada hoy en múltiples esferas, por variadas instituciones, organismos, asociaciones e individuos, con intereses comerciales y crematísticos, individualistas o colectivos; pero en todos ellos una cosa queda bien clara: las mujeres son iguales a los hombres y es injusta cualquier situación legal o de consideración social que no parta de esta premisa.

En mi opinión, esto es la clara expresión del triunfo de una idea emancipatoria y universal nacida en el seno del movimiento feminista. Es una conquista social que se articula además en una esfera absolutamente necesaria (aunque no suficiente) para que una conquista producto de la lucha social arraigue: en la esfera de las conciencias.

En mi opinión, parece que partir de esta base posiciona en un mejor lugar de partida a los movimientos sociales y partidos políticos que pretenden transformar la realidad en un sentido emancipatorio y liberador. Y parece también que enfrascarse en el combate por las esencias aleja, dentro de las dificultades que ya de sí encierra el objetivo emancipatorio, aún más la capacidad de lograr avances en esta materia.

[1]http://www.eldiario.es/zonacritica/feminismo-ciudadanos-huelga_8marzo-barbijaputa_6_735686448.html

[2] http://ctxt.es/es/20180117/Firmas/17379/feminismo-capitalismo-beyonce-metoo-eva-ferreras.htm

[3] https://oncubamagazine.com/columnas/mas-nos-recuerda-metoo/

[1] https://www.youtube.com/watch?v=aG0_MSFHHy0

[2] https://smoda.elpais.com/celebrities/vips/cristina-cifuentes-presidenta-comunidad-madrid/

[3] https://www.eldiario.es/politica/Arrimadas-insiste-feminista-cuestiones-ideologicas_0_735626523.html

[4] Extracto de declaraciones de Beyoncé reflejadas en un artículo de Vogue titulado “El manual feminista de Beyoncé” que propone llegar entender “que significa realmente ser feminista” siguiendo “8 sencillas lecciones” siguiendo a la famosa artista.

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