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Zona de Ruptura

mes

abril 2018

La mirada larga del PNV

Hace unos días, una iniciativa del PDeCAT para agilizar los “deshaucios express” de las viviendas ocupadas fue aprobada en comisión (a la espera de su aprobación en el Senado) con el apoyo del PP, PNV y Ciudadanos.

Aunque es cierto que las disposiciones que defendían Ciudadanos y PP eran aún más duras, la iniciativa facilita un trámite rápido para desalojar viviendas pertenecientes a particulares, entidades sociales y públicas destinadas a alquiler social. Esto deja en estricta intemperie a los “ocupas” que deciden habitar una vivienda vacía por motivos relacionados con la mera supervivencia.

La insistencia particular de Unidos Podemos ha conseguido que no se incluyera en esta medida a las propiedades de los grandes tenentes de propiedad y a los fondos buitres, a pesar de la presión en sentido contrario ejercida por Ciudadanos, apoyados por el PP. La nueva normativa se autojustifica con el argumento de “luchar contra las mafias” que aprovechan la situación de vulnerabilidad de los ocupantes para lucrarse, pero no se establece en la práctica ninguna medida para combatirlas. Es decir, que, como denunció Lucía Martin, de En Comú, o Mayoral, de Unidos Podemos, la medida garantiza desalojar a personas sin garantía de realojo. El PSOE, algo más tibio, para variar, finalmente ha votado en contra de la medida. ERC también votó en contra, aunque no presentó ninguna enmienda. Por un solo voto, la propuesta de PDCat ha salido adelante.

En otras palabras, PDeCAT, Ciudadanos, PNV y PP esconden las banderas que tanto agitan para ponerse de acuerdo en aquello que les une: la defensa a toda costa de la propiedad privada. A “toda costa” aquí significa lisa y llanamente por encima del bien común. Estos cuatro partidos nacionalistas de derecha (dos españolistas, uno catalanista y otro vasquista) tienen bien clarito a quiénes se deben, y a quienes defienden. El modelo es el mismo, las diferencias estriban en a qué “nación” dicen representar mientras la desahucian.

Las diferencias entre estos distintos nacionalismos de derecha son no obstante notables, y no sólo en la cuestión nacional, que es fundamental y no solo cortina de humo, aunque haya mucho de esto. Y la diferencia más marcada está sin duda en el PNV.

El PNV es probablemente la derecha más “moderna” de todo el espectro político español, la más conectada auténticamente con la histórica democracia cristiana europea, esa que construyó el pacto social de posguerra con los socialdemócratas y que hoy está en disolución, y es también la derecha que en España ha mostrado una mayor y más genuina sensibilidad social, hecho este último que no puede sin embargo desconectarse de las particulares circunstancias en las que Euskadi se ha desenvuelto desde que el tirano se fue a molestar al infierno: el generoso pacto fiscal concedido por el Estado y la presencia de la violencia armada de ETA, uno de los más deletéreos legados que Franco legó a la democracia española.

Pero la diferencia fundamental del PNV con respecto no ya a las derechas nacionalistas del Estado en sus variadas adscripciones, sino probablemente al resto de opciones políticas, es la sutil, audaz y experta mirada larga con la que los de Sabin Etxea observan el panorama español.

El PNV es hoy el partido que mejor sabe entender España. Podemos supo inicialmente, quizás partiendo de alguna hipótesis incorrecta, pero exitosa, detentar esa mirada larga, pero la progresiva laminación del sector auténticamente radical en su seno (los genuinamente populistas) les ha hecho perder capacidad interpretativa, y salvo el sector que está combatiendo por mantener sus posiciones en Madrid en torno a Errejón, esa capacidad se está diluyendo en el partido morado.

Pero el PNV es otra cosa, en primer lugar porque la experiencia, por mucho que duela a los jóvenes audaces que hoy inundan la política española, es siempre un valor añadido, y en segundo lugar porque ellos no pretenden subvertir el régimen del 78, del que han sacado réditos más que significativos, sino mantenerlo en la medida de lo posible mientras se preparan para su inevitable transformación.

La mirada larga del PNV le está advirtiendo de varias cosas. De un lado, en lo inmediato, ha logrado que el movimiento de los jubilados en Euskadi le sirva de pista de aterrizaje perfecta para apoyar los presupuestos del PP haciendo caso omiso a las barbaridades que el gobierno está poniendo en marcha contra sus “hermanos” en Catalunya. El PNV, con el pacto alcanzado en esta materia con el PP, se acaba de marcar un tanto extraordinario, pues se va a presentar ante las generaciones mayores en Euskadi como el adalid de su combate por el mantenimiento de unas jubilaciones dignas. El peix a cove se fue de Catalunya, pero en Euskadi se mantiene incólume al desaliento.

En segundo lugar, a medio plazo, el PNV está observando con honda preocupación que la fenomenal crisis de representación que azota España, y que ya ha trocado bipartidismo en tetrapartidismo (a nivel estatal) está camino de cerrarse por la derecha con la paulatina sustitución del Partido Popular por Ciudadanos.

Un Ciudadanos que no sólo cuenta con la simpatía de la mayoría de los medios de comunicación y empresariales, sino que además hace gala de un nacionalismo español sin complejos que no se nombra a sí mismo, hecho que marca aún más la relevancia de su existencia, que se aleja (no sin alguna dificultad) de la evidente conexión que el PP aún mantiene con sus raíces franquistas, y que ha acumulado una notable experiencia en la dificilísima batalla catalana, no sólo sin quemarse, sino incrementando exponencialmente sus posibilidades.

El problema fundamental para el PNV es que este nuevo Cid Campeador de la derecha española no debe nada a los pactos del 78, aunque haga uso constante de los mitos fundacionales de la Transición para enrocarse con los valores de moderación, consenso y apatía política con los que fueron educados gran parte de las generaciones posteriores al 78, y sobre todo, no debe nada a los pactos territoriales que se establecieron entonces.

Y he aquí la mirada a largo plazo del PNV: dado que estos pactos están quebrados, primero por la actitud del Partido Popular (desde la política recentralizadora de la segunda legislatura de Aznar hasta la sentencia del TC sobre el Estatut, más todo lo demás que aún sigue) y luego por la reacción defensiva catalana (especialmente esas dos famosas leyes del Parlament de auténtico viaje a la estratosfera), Ciudadanos no se siente en absoluto concernido por ninguna de las líneas rojas territoriales que ya no respetan ni sus demiurgos. Sólo hay una de la que no se habla, que no se toca, que no se huele, que nadie se atreve a nombrar, y esa ausencia se va a convertir, advierte el PNV, en una potente presencia con los oportunistas de Rivera: el concierto económico vasco.

Esta triple mirada del PNV es la que explica, en el contexto de una corrosiva crisis multidimensional que ha degradado hasta niveles insospechados el bienestar en España, la jugada maestra del PNV al apoyar los presupuestos. El PNV teme la llegada del centralismo españolista renovado de Ciudadanos, y va a poner toda la carne en el asador para mantener en la UCI al Partido Popular todo el tiempo que sea necesario. El PNV conoce bien España. Mejor que nadie.

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La sonrisa de los mismos

Estos días, en la sonrisa de Cifuentes habita toda una forma de entender la política en España. Y un anuncio de futuro. Un anuncio que hay que combatir con todas nuestras fuerzas. Y con el voto entre los dientes.

La de Cifuentes es la mirada y la sonrisa de un depredador acorralado que aún confía en la firmeza de sus dentelladas y en el auxilio del resto de la jauría.

La sonrisa de Cifuentes es la muralla de Numancia encalada con la sentencia romana que acabó con los asesinos de Viriato, está protegida por los puñales de Guzmán el Bueno y enlucida con el mito de Moscardó resistiendo en el Alcázar de Toledo.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes no está la defensa imposible de un máster que no fue, ni tan siquiera la mala leche y la venenosa quina de las personas curtidas en el mar de tiburones del espectáculo de la copla de la caspa, a lo Pantoja.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes hay algo más profundo. Seguir leyendo “La sonrisa de los mismos”

El Máster en Novio de La Muerte

mastermuerte

El Partido Popular ha desplegado durante esta Semana Santa una poderosa estrategia mediática que merece una reflexión seria y desprejuiciada. Aquellos que deseamos que caiga el mal gobierno deberíamos estar muy atentos a las señales que los estrategas del PP están mandando a la sociedad. Porque son de una inteligencia indiscutible, y no anuncian nada bueno.

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