Estos días, en la sonrisa de Cifuentes habita toda una forma de entender la política en España. Y un anuncio de futuro. Un anuncio que hay que combatir con todas nuestras fuerzas. Y con el voto entre los dientes.

La de Cifuentes es la mirada y la sonrisa de un depredador acorralado que aún confía en la firmeza de sus dentelladas y en el auxilio del resto de la jauría.

La sonrisa de Cifuentes es la muralla de Numancia encalada con la sentencia romana que acabó con los asesinos de Viriato, está protegida por los puñales de Guzmán el Bueno y enlucida con el mito de Moscardó resistiendo en el Alcázar de Toledo.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes no está la defensa imposible de un máster que no fue, ni tan siquiera la mala leche y la venenosa quina de las personas curtidas en el mar de tiburones del espectáculo de la copla de la caspa, a lo Pantoja.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes hay algo más profundo.

Cuando Cifuentes, henchida de la soberbia que exudan los que tienen la suficiente casta, cara y pasta para medrar toda la vida a costa de los otros, expresa en ese vídeo la frase: “no me voy, me quedo”, sin apenas abrir la boca y entornando los ojos, detrás de los cuáles pueden verse brillar dos cuchillos, Cifuentes no está demostrando simplemente su profunda ambición, su desprecio por el ciudadano o la disolución de la careta de impoluta limpieza que se había interpuesto para ocultar que ella, también, es Esperanza Aguirre.

No. Detrás de la sonrisa de Cifuentes está toda una manera de entender a España. La España-monolito, de encina y animal de bellota, irreflexiva y despreciativa con su propia riqueza y pluralidad interna, que se preocupa de lo superfluo (una bandera) y se aferra con uñas y dientes a los elementos de la tradición robados al pueblo, resignificados y convertidos en la sal que esteriliza los campos de la indignación. Detrás de su sonrisa está esa España que da lustre a las cadenas que le atan, la España que se muere pero resiste, porque no sabe hacer otra cosa.

La sonrisa de Cifuentes no es sardónica, irónica o el último resuello del muerto. La sonrisa de Cifuentes es el Partido Popular hecho marfil y carne, dispuesto a matar a toda España antes de que le arrebaten el castillo. La sonrisa de Cifuentes es un pelotón de fusilamiento contra la llegada de una nueva España que esta harta del mal gobierno.

Van a caer del Castillo, de eso no hay duda. El problema es que ya tenemos otro Cid El Campeador de camino, al trote y a lomos de los babiecas que se han alimentado con la alfalfa de sus falacias, de la belleza de su porte y de la gallarda manera en la que ondea la bandera. La sonrisa de Cifuentes es un anuncio: joderse, no me voy, porque los que vienen son los mismos.

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