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Zona de Ruptura

mes

junio 2018

El combate que viene: en Europa y contra el populismo de derechas

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Según el análisis electoral realizado por el equipo de Jaime Miquel para el diario Público, la moción de censura de Pedro Sánchez que ha derribado al gobierno de Mariano Rajoy con el apoyo de todos los partidos del arco parlamentario salvo PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias, ha supuesto, de momento, el hundimiento de las perspectivas de voto del Partido Popular. Buena noticia. Lo malo es quiénes van a sustituirles.

Según los cálculos de Miquel, si hoy se votara en unas elecciones generales, el PP quedaría en cuarta posición y el sector de sus votantes de ultraderecha votaría al partido VOX, que podría acceder a la conquista de dos escaños. Además, asegura Miquel, Pedro Sánchez ya no rascará más en el sector derechista del electorado español, que ha quedado aglutinado en torno a la figura de Albert Rivera.

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El Partido Popular, una lacra para España

La negación sistemática de la legitimidad del adversario como estrategia para alcanzar o mantener el poder político. Éste es básicamente el modus operandi al que nos tiene acostumbrado el Partido Popular en España, especialmente cuando está en la oposición, aunque también cuando ejerce el gobierno. Vamos a tener ración doble de este caldo lo que dure el nuevo gobierno socialista.

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7 notas sobre el nuevo gobierno de Pedro Sánchez

1.- El primer y más evidente hecho en los nombramientos de Sánchez para su gobierno, es el nombramiento de más mujeres que hombres. Más mujeres y además en puestos de responsabilidad que habitualmente eran considerados patrimonio de los hombres.

Esto tiene una clara significación feminista, en el sentido de que atiende al despertar feminista que la sociedad española parece estar viviendo en los últimos años. Poner esto en cuestión me parece absurdo.

Porque los gestos simbólicos no son únicamente gestos, son también reconocimiento, en este caso, a la pujanza del movimiento feminista. Que haya interés electoralista, por obvio, no implica que no pueda tener aspectos positivos.

La discusión en torno a si este gesto es algo verdaderamente feminista me parece aún temprana, fundamentalmente por dos cuestiones: a) habrá que esperar a ver qué tipo de políticas públicas se ponen de manifiesto y b) habrá que esperar a ver qué tipo de políticas de corte feminista se ponen en marcha, si es que finalmente se ponen en marcha.

Esto último en dos sentidos: lo radicales que sean esas políticas y en función a qué tendencia del feminismo se adhieren tales medidas. Porque el feminismo es algo bastante plural, afortunadamente. En principio siempre es positivo cualquier política feminista (puesto que busca una mayor emancipación de las mujeres en un contexto que las discrimina con evidencia, y ello redunda en una sociedad más igualitaria y, por lo tanto, mejor para todos y todas) pero en lo concreto no todas las propuestas del feminismo son igualmente valiosas (según mi opinión).

Por ejemplo: existe un feminismo que considera que la prostitución debe ser abolida. Y existe otro feminismo que considera que lo fundamental es proteger a las trabajadoras del sexo, regulando su trabajo. El primer feminismo denuncia la mercantilización del cuerpo de la mujer y siente aversión a que el sexo pueda ser objeto de una transacción comercial, tendiendo a dar poca voz a las trabajadoras del sexo, a las que se victimiza y elimina capacidad decisoria (entre otras cosas confundiendo constantemente prostitución con trata), mientras que el segundo atiende a un concepto más desprejuiciado de la sexualidad y se preocupa por la cuestión de los derechos de las trabajadoras.

Existe, por poner otro ejemplo, un feminismo de carácter muy punitivo, que entiende que problemas sociales reales y muy sangrantes como la violencia de género, el acoso o la agresión sexual se solventan con un mayor énfasis penal, mientras que existe otro feminismo que, sin negar necesariamente lo anterior, reivindica una mayor dedicación a políticas públicas educativas para erradicar el machismo de allí donde mejor cobijo encuentra: las mentalidades sociales.

La articulación de políticas feministas puede por lo tanto atender a unos u otros valores, y en función de donde se ubiquen podrán resultarnos más valiosas o menos. Aún es pronto para saberlo, pero mi intuición es que de articularse políticas feministas puede que se concentren en la tendencia feminista hegemónica, compartida tanto por el feminismo socialista como por el autoconsiderado de corte más “de izquierdas” (que en los dos casos presentados se refieren a la postura “abolicionista” y a la postura “punitiva”), que, en lo que respecta a la lucha por la igualdad, son en mi opinión opciones menos valiosas, porque en el fondo no atienden o confunden la raíz del problema y tienen cierto poso de conservadurismo con el que no comulgan, afortunadamente, todas las feministas. Esta fértil disputa intelectual en el diario Ctxt.es entre Beatriz Gimeno y Loola Pérez puede resultar ilustrativas del tipo de diferencias existentes en el seno del feminismo:

(http://ctxt.es/es/20180523/Firmas/19815/sexo-feminismo-empatia-sexualidad-machista.htm y http://ctxt.es/es/20180606/Firmas/19986/follar-empatia-sexo-patriarcal-feminismo-Loola-Perez.htm).

2.- Los gestos, decíamos, no son sólo gestos, sino también reconocimiento. Y en el vital cargo del Ministerio de Economía, Sánchez ha decidido colocar a una tecnócrata abiertamente socio-liberal (Calviño) lo que anuncia (de nuevo, habrá que esperar que tipo de políticas se ponen en marcha) un gesto hacia las políticas económicas tradicionales en la UE.

Es decir, el tipo de políticas económicas que nos han traído hasta el lugar en el que estamos: una potente erosión de los sistemas de protección de las mayorías sociales, de los derechos de los trabajadores y de las instituciones públicas dedicadas a tal efecto, a la vez que se incrementa la renta de quienes más tienen y se reduce la de los que menos tienen. A su vez, estas políticas han desgastado, desprestigiado y vaciado de contenido al sistema representativo democrático, arrebatándole espacios de soberanía que se ubican en lugares donde no decide la gente.

Los suspiros de alivio de los mercados, de Ana Botín y de los prebostes de Bruselas ante el nombramiento de Calviño han sido evidentes. Y como no existen evidencias de que los suspiros de tales agentes suelan repercutir en el bien común, no tengo ningún tipo de confianza ante este nombramiento. Habrá que ver por dónde van los tiros, pero no huele bien.

3.- La elección de Marlaska para el ministerio de Interior tampoco anuncia buenas cosas. Este bilbaíno, perteneciente al sector conservador de la judicatura, asociado tradicionalmente al Partido Popular, se ha destacado por poner en cuestión las denuncias de las asociaciones de derechos humanos sobre el trato recibido por los migrantes en situación irregular en los CIE, ha ignorado las denuncias de torturas en el País Vasco, no encontró causa penal en el caso del Yak-42, que afectaba al PP, y se ha manifestado en contra del acercamiento de presos de ETA condenados por terrorismo a sus localidades de origen (hecho que conculca de manera evidente derechos fundamentales por muy deleznables que nos parezcan los atentados). Otras realizaciones del juez que inciden en su carácter conservador son las referidas a la petición de identificación de las personas que quemaron fotos del rey en Cataluña en 2007 (los autores fueron condenados a multas, y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reprendió a España por ello).

En definitiva, lo único positivo de este juez desde un punto de vista progresista es su defensa de los derechos del colectivo LGTBI, al que él mismo pertenece, con lo que Sánchez se apunta un nuevo tanto de “guiño” hacia los que defiende las libertades en el capítulo de la identidad sexual.

4.- Se podría seguir relatando sobre las ambigüedades de cada uno de los nombramientos. El candente tema catalán es otro de ellos, y el nombramiento de Borrell y de Batet apunta a disparos en dos direcciones (un tiro españolista y otro más proclive al diálogo). En todo caso lo que parece claro es que Sánchez ha convertido lo que se denominaba un “gobierno Frankenstein” en un gobierno con imagen de solvencia, que contenta de manera relativa a un amplio abanico de sectores, especialmente a los sectores más conservadores del voto progresista, a los votantes de Ciudadanos que emigraron del PSOE o a algunos sectores amplios de personas hastiadas del gobierno del PP.

5.- Lo más positivo del gobierno de Sánchez es en todo caso que por fin el PP es desalojado del gobierno. Esto en principio puede parecer poca cosa, porque la vida nos enseña que en política, por muy mal que vayan las cosas, siempre pueden ir a peor.

Sin emabargo la cuestión es que hoy el peor escenario, que aún sigue en el horizonte, es la configuración de un gobierno de derechas dominado por Albert Rivera y apoyado por el PP y ese escenario ha sido trastocado con la moción de censura.

La jugada de Sánchez con la moción fue en realidad un ataque directo no al Partido Popular (inicialmente es probable que Sánchez ni siquiera estuviera pensando en ganar la moción de censura) sino al partido naranja, que ya se frotaba las manos esperando que la Moncloa le cayera como manzana madura en las manos impulsada por la ley de la gravedad de la corrupción sistémica de los populares. Albert Rivera se ha quedado con la cara congestionada, al estilo Susana Díaz tras las primarias del PSOE. Al menos podremos agradecerle a Pedro Sánchez el haber lanzado un buen jarrito de agua congelada sobre la soberbia insultante de estos dos personajes. Bromas aparte, el PP se ha ido porque la sociedad española ya no aguanta más, y Pedro Sánchez ha sabido leer que era el momento de dar descanso a esta saciedad. Él y sus asesores han sido inteligentes, y esto debe ser reconocido como una virtud en política. El sentimiento mayoritario en la sociedad española, aunque se exprese con voto dividido, es que está harta de los corruptos, y Sánchez se ha convertido en el percutor de esa indignación con su moción de censura.

6.- Se podrá comprobar que no tengo mucha confianza en las posibilidades que tiene este gobierno de generar una política progresista. Sin embargo, me parece bastante pueril el tipo de manifestaciones que suelen oírse en determinados ambientes de izquierdas. Básicamente, estas manifestaciones alarman sobre la insolvencia de la identificación de Sánchez y del PSOE con la izquierda, proponen un corolario de ejemplos, la mayoría de las veces acertado, sobre las veces que el PSOE traicionó a los ideales de la izquierda, e incluso se oyen los cánticos de quienes aseguran que con el PSOE se estará incluso peor que con el PP, dado que llevará a cabo las mismas políticas con una pátina de falsa preocupación social. Sinceramente estoy algo cansado de quienes se sienten en la obligación de recordarnos constantemente dónde están los verdaderos ideales del PSOE, entre otras cosas porque creo que esta cuestión es suficientemente conocida. En fin, que la gente no es tan imbécil, y sabe perfectamente lo que hay. Y es responsable de lo que vota y a quien apoya. Lo que pasa es que la gente decide depositar su voto o sus perspectivas de mejora en quien le ofrece aquello que considera una mejor solución. Esto lo sabe perfectamente Pedro Sánchez y sus asesores, y por eso han ido directo a la yugular, pensando en las futuras elecciones.

La cuestión es que el voto no es el alma de una persona. No compromete su “esencia” (si acaso existe tal cosa) ni lo condena al Hades de por vida. El voto es una de las múltiples herramientas que tenemos en democracia para manifestar nuestras preferencias políticas, nuestra indignación o nuestras esperanzas. Uno puede considerar que la población es simplemente un conjunto de hormigas o borregos que son dirigidos de manera absoluta por los medios de comunicación, las mentiras de los líderes políticos, su ignorancia y su propio e intrínseco egoísmo.  Por ejemplo, esto lo piensan los nacionalistas españoles de los nacionalistas catalanes, y a la inversa. Esto lo piensa por regla general la derecha, y en momentos específicos la izquierda, sobre todo cuando el pueblo no apoya sus propuestas. Esto lo piensan muchos líderes políticos que prefieren no hacer el esfuerzo de pensar en la propia responsabilidad a la hora de convencer a la gente de que su opción es la más acertada.

Sin eliminar totalmente la tesis del seguidismo irreflexivo, el poder de los medios de comunicación, la manipulación de los líderes políticos, etc, que evidentemente afecta también, podría argumentarse que existen más factores, que la gente toma decisiones de manera consciente, tiene herramientas para hacerlo, y son por lo tanto responsables de las decisiones que toman. La gente vota a una opción porque su proyecto le emociona, coincide con sus valores, con lo que piensa o incluso con lo que desea pensar. En la combinación entre la capacidad volitiva del ser humano y la presión de las estructuras sistémicas está la clave. No sólo en uno de los dos polos.

 7.- Finalmente, ante esta situación que tenemos, la pregunta clave, para un votante progresista, es: ¿Qué puede hacer Unidos-Podemos? Porque Unidos-Podemos, a pesar de todos los pesares, que comienzan a ser muchos, y muy densos, sigue siendo la opción más esperanzadora que uno vislumbra en el horizonte. No porque sean la panacea de nada, sino porque son el germen de algo, y, de hecho, ya han provocado una dignificación de la política española evidente. El Parlamento se parece hoy a España más que en 2014, eso es evidente.

Unidos-Podemos puede entonces tirar por la vía confortable y conocida de jugar a lanzar las profecías de autocumplimiento que tanto han hecho por el avance del neoliberalismo al provocar el auto-exilio de la izquierda de las instituciones. En este caso esta estrategia se plasmaría en realizar una labor de zapa y destrucción del gobierno de Sánchez aprovechando su posición de debilidad en el Congreso, denunciando la impureza y falsedad de su asociación al espectro de la izquierda (siempre se encontrarán sólidos argumentos para esto).

Sin embargo, también podría aprovechar para alejarse del típico puritanismo obsesionado con la búsqueda de las esencias y preocuparse por el bien del común, por avanzar en lo que se pueda, apoyar aquello que sea progresista, denunciar lo que no lo sea, y no hacerle el juego a Ciudadanos y PP, que de buen seguro van a dedicarse a tratar de hacer, como siempre, del Caos su mejor baza electoral. Si Unidos-Podemos decide optar por esta última opción, que no es otra que la de tratar a la gente con respeto, quizás obtenga buenos réditos electorales. Pero la cuestión no está únicamente en ganar elecciones. También es posible que, se haga lo que se haga, a Sánchez le salga bien la jugada, y acabe animando un nuevo incremento de apoyo electoral al PSOE. Pero resulta que la cuestión no es qué es lo mejor electoralmente, sino qué es aquello que verdaderamente repercute en el bien de la gente. ¿Un gobierno de Ciudadanos y del PP será igual que uno de PSOE apoyado por Podemos? Quizás sí, pero, como aún no lo sabemos, porque no se ha dado la circunstancia… ¿y si probamos?

 

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