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Bipartidismo

10 notas sobre las elecciones andaluzas

Antes del resultado electoral de las elecciones autonómicas andaluzas, conocido el pasado 2 de diciembre, los análisis y pronósticos sobre el proceso se concentraban básicamente en tres aspectos:

  1. El PSOE ganaría las elecciones, pero perdería un significativo apoyo electoral, traduciéndose en una pérdida de escaños que le impedirían formar gobierno en solitario.
  2. En la derecha se dirimiría un incierto combate a tres bandas, con un crecimiento exponencial de Ciudadanos, una sangría de votos para el Partido Popular, y el ascenso de VOX.
  3. Con respecto a Adelante Andalucía, en cambio, se aseguraba que o bien mantendría o perdería 1 o 2 escaños.

Con estos mimbres, la duda fundamental que se planteaba era por lo tanto en torno a la gobernabilidad de Andalucía tras las elecciones, y la cuestión de en quién se apoyaría el PSOE andaluz para gobernar.

Estos pronósticos, en el fondo, no se equivocaron, pero no acertaron en dos acontecimientos de calado que son los que hoy han marcado una suerte de shock, por lo inesperado: el descalabro del PSOE, que ha sido aún mayor de lo predecible, y la espectacular subida de VOX. Este resultado ha destruido también el vaticinio que aseguraba que, en todo caso, el PSOE podría gobernar, aunque sin mayoría y buscando apoyos.

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Lo que se juega en Andalucía

1El día 2 de diciembre se celebran elecciones anticipadas en Andalucía, la Comunidad Autónoma más poblada de España (más de 8,3 millones según el INE)[1], por delante de Cataluña (7,5 millones) y Madrid (6,5 millones). En torno a 6,5 millones de andaluces podrán acudir a las urnas.

Éstas son unas elecciones de primera magnitud, por el peso específico de Andalucía en el conjunto del Estado, y porque, como observa lúcidamente el veterano jurista Javier Perez Royo[2], las elecciones andaluzas suelen marcar una pauta en el resto de Comunidades Autónomas del Estado, salvo en los particulares universos políticos de Madrid, País Vasco y Cataluña.

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El combate que viene: en Europa y contra el populismo de derechas

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Según el análisis electoral realizado por el equipo de Jaime Miquel para el diario Público, la moción de censura de Pedro Sánchez que ha derribado al gobierno de Mariano Rajoy con el apoyo de todos los partidos del arco parlamentario salvo PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias, ha supuesto, de momento, el hundimiento de las perspectivas de voto del Partido Popular. Buena noticia. Lo malo es quiénes van a sustituirles.

Según los cálculos de Miquel, si hoy se votara en unas elecciones generales, el PP quedaría en cuarta posición y el sector de sus votantes de ultraderecha votaría al partido VOX, que podría acceder a la conquista de dos escaños. Además, asegura Miquel, Pedro Sánchez ya no rascará más en el sector derechista del electorado español, que ha quedado aglutinado en torno a la figura de Albert Rivera.

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El Partido Popular, una lacra para España

La negación sistemática de la legitimidad del adversario como estrategia para alcanzar o mantener el poder político. Éste es básicamente el modus operandi al que nos tiene acostumbrado el Partido Popular en España, especialmente cuando está en la oposición, aunque también cuando ejerce el gobierno. Vamos a tener ración doble de este caldo lo que dure el nuevo gobierno socialista.

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La mirada larga del PNV

Hace unos días, una iniciativa del PDeCAT para agilizar los “deshaucios express” de las viviendas ocupadas fue aprobada en comisión (a la espera de su aprobación en el Senado) con el apoyo del PP, PNV y Ciudadanos.

Aunque es cierto que las disposiciones que defendían Ciudadanos y PP eran aún más duras, la iniciativa facilita un trámite rápido para desalojar viviendas pertenecientes a particulares, entidades sociales y públicas destinadas a alquiler social. Esto deja en estricta intemperie a los “ocupas” que deciden habitar una vivienda vacía por motivos relacionados con la mera supervivencia.

La insistencia particular de Unidos Podemos ha conseguido que no se incluyera en esta medida a las propiedades de los grandes tenentes de propiedad y a los fondos buitres, a pesar de la presión en sentido contrario ejercida por Ciudadanos, apoyados por el PP. La nueva normativa se autojustifica con el argumento de “luchar contra las mafias” que aprovechan la situación de vulnerabilidad de los ocupantes para lucrarse, pero no se establece en la práctica ninguna medida para combatirlas. Es decir, que, como denunció Lucía Martin, de En Comú, o Mayoral, de Unidos Podemos, la medida garantiza desalojar a personas sin garantía de realojo. El PSOE, algo más tibio, para variar, finalmente ha votado en contra de la medida. ERC también votó en contra, aunque no presentó ninguna enmienda. Por un solo voto, la propuesta de PDCat ha salido adelante.

En otras palabras, PDeCAT, Ciudadanos, PNV y PP esconden las banderas que tanto agitan para ponerse de acuerdo en aquello que les une: la defensa a toda costa de la propiedad privada. A “toda costa” aquí significa lisa y llanamente por encima del bien común. Estos cuatro partidos nacionalistas de derecha (dos españolistas, uno catalanista y otro vasquista) tienen bien clarito a quiénes se deben, y a quienes defienden. El modelo es el mismo, las diferencias estriban en a qué “nación” dicen representar mientras la desahucian.

Las diferencias entre estos distintos nacionalismos de derecha son no obstante notables, y no sólo en la cuestión nacional, que es fundamental y no solo cortina de humo, aunque haya mucho de esto. Y la diferencia más marcada está sin duda en el PNV.

El PNV es probablemente la derecha más “moderna” de todo el espectro político español, la más conectada auténticamente con la histórica democracia cristiana europea, esa que construyó el pacto social de posguerra con los socialdemócratas y que hoy está en disolución, y es también la derecha que en España ha mostrado una mayor y más genuina sensibilidad social, hecho este último que no puede sin embargo desconectarse de las particulares circunstancias en las que Euskadi se ha desenvuelto desde que el tirano se fue a molestar al infierno: el generoso pacto fiscal concedido por el Estado y la presencia de la violencia armada de ETA, uno de los más deletéreos legados que Franco legó a la democracia española.

Pero la diferencia fundamental del PNV con respecto no ya a las derechas nacionalistas del Estado en sus variadas adscripciones, sino probablemente al resto de opciones políticas, es la sutil, audaz y experta mirada larga con la que los de Sabin Etxea observan el panorama español.

El PNV es hoy el partido que mejor sabe entender España. Podemos supo inicialmente, quizás partiendo de alguna hipótesis incorrecta, pero exitosa, detentar esa mirada larga, pero la progresiva laminación del sector auténticamente radical en su seno (los genuinamente populistas) les ha hecho perder capacidad interpretativa, y salvo el sector que está combatiendo por mantener sus posiciones en Madrid en torno a Errejón, esa capacidad se está diluyendo en el partido morado.

Pero el PNV es otra cosa, en primer lugar porque la experiencia, por mucho que duela a los jóvenes audaces que hoy inundan la política española, es siempre un valor añadido, y en segundo lugar porque ellos no pretenden subvertir el régimen del 78, del que han sacado réditos más que significativos, sino mantenerlo en la medida de lo posible mientras se preparan para su inevitable transformación.

La mirada larga del PNV le está advirtiendo de varias cosas. De un lado, en lo inmediato, ha logrado que el movimiento de los jubilados en Euskadi le sirva de pista de aterrizaje perfecta para apoyar los presupuestos del PP haciendo caso omiso a las barbaridades que el gobierno está poniendo en marcha contra sus “hermanos” en Catalunya. El PNV, con el pacto alcanzado en esta materia con el PP, se acaba de marcar un tanto extraordinario, pues se va a presentar ante las generaciones mayores en Euskadi como el adalid de su combate por el mantenimiento de unas jubilaciones dignas. El peix a cove se fue de Catalunya, pero en Euskadi se mantiene incólume al desaliento.

En segundo lugar, a medio plazo, el PNV está observando con honda preocupación que la fenomenal crisis de representación que azota España, y que ya ha trocado bipartidismo en tetrapartidismo (a nivel estatal) está camino de cerrarse por la derecha con la paulatina sustitución del Partido Popular por Ciudadanos.

Un Ciudadanos que no sólo cuenta con la simpatía de la mayoría de los medios de comunicación y empresariales, sino que además hace gala de un nacionalismo español sin complejos que no se nombra a sí mismo, hecho que marca aún más la relevancia de su existencia, que se aleja (no sin alguna dificultad) de la evidente conexión que el PP aún mantiene con sus raíces franquistas, y que ha acumulado una notable experiencia en la dificilísima batalla catalana, no sólo sin quemarse, sino incrementando exponencialmente sus posibilidades.

El problema fundamental para el PNV es que este nuevo Cid Campeador de la derecha española no debe nada a los pactos del 78, aunque haga uso constante de los mitos fundacionales de la Transición para enrocarse con los valores de moderación, consenso y apatía política con los que fueron educados gran parte de las generaciones posteriores al 78, y sobre todo, no debe nada a los pactos territoriales que se establecieron entonces.

Y he aquí la mirada a largo plazo del PNV: dado que estos pactos están quebrados, primero por la actitud del Partido Popular (desde la política recentralizadora de la segunda legislatura de Aznar hasta la sentencia del TC sobre el Estatut, más todo lo demás que aún sigue) y luego por la reacción defensiva catalana (especialmente esas dos famosas leyes del Parlament de auténtico viaje a la estratosfera), Ciudadanos no se siente en absoluto concernido por ninguna de las líneas rojas territoriales que ya no respetan ni sus demiurgos. Sólo hay una de la que no se habla, que no se toca, que no se huele, que nadie se atreve a nombrar, y esa ausencia se va a convertir, advierte el PNV, en una potente presencia con los oportunistas de Rivera: el concierto económico vasco.

Esta triple mirada del PNV es la que explica, en el contexto de una corrosiva crisis multidimensional que ha degradado hasta niveles insospechados el bienestar en España, la jugada maestra del PNV al apoyar los presupuestos. El PNV teme la llegada del centralismo españolista renovado de Ciudadanos, y va a poner toda la carne en el asador para mantener en la UCI al Partido Popular todo el tiempo que sea necesario. El PNV conoce bien España. Mejor que nadie.

La sonrisa de los mismos

Estos días, en la sonrisa de Cifuentes habita toda una forma de entender la política en España. Y un anuncio de futuro. Un anuncio que hay que combatir con todas nuestras fuerzas. Y con el voto entre los dientes.

La de Cifuentes es la mirada y la sonrisa de un depredador acorralado que aún confía en la firmeza de sus dentelladas y en el auxilio del resto de la jauría.

La sonrisa de Cifuentes es la muralla de Numancia encalada con la sentencia romana que acabó con los asesinos de Viriato, está protegida por los puñales de Guzmán el Bueno y enlucida con el mito de Moscardó resistiendo en el Alcázar de Toledo.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes no está la defensa imposible de un máster que no fue, ni tan siquiera la mala leche y la venenosa quina de las personas curtidas en el mar de tiburones del espectáculo de la copla de la caspa, a lo Pantoja.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes hay algo más profundo. Seguir leyendo “La sonrisa de los mismos”

Catalunya y España, a la derecha

Las elecciones catalanas tienen dos vencedores. Inés Arrimadas, por la parte nacionalista española, y Carles Puigdemont, por la parte nacionalista catalana. Ambos pertenecen al mismo espectro político: la derecha. No son desde luego lo mismo, pero pertenecen a la misma familia. De este modo, “la cuestión catalana” acabará marcando un nuevo cambio de ciclo: el de la derecha que se recupera después de haber arrastrado al país a las más altas cotas de desempleo, precariedad y desigualdad.

Se recupera, pero inicia también un proceso de competencia interna desconocido desde la descomposición de UCD y la renovación-aglutinación del centro-derecha español impulsada por Jose María Aznar. 2018 será un año en el que veremos desplegarse esta competencia.

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Nubes, claros y cortinas de humo en el horizonte

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La crisis catalana, cuyas consecuencias siguen siendo aún impredecibles, anuncia un posible cierre conservador a la crisis de representatividad que vive el régimen del 78 desde  2010.

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Catalunya y la banalización de la democracia

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La crisis política que está enfrentando al Gobierno español con el Govern catalán es la versión específicamente española de algo que está aconteciendo a nivel global: la extensión de un mundo donde cada vez más desaparecen los marcadores de certeza.

A Europa occidental, con unas sociedades acostumbradas a unos relativamente altos niveles de seguridad, bienestar y prosperidad, la disipación de las certidumbres se le está atragantando. Esta realidad está produciendo fenómenos sociológicos diversos propios de un mundo que cambia, pero no sabe hacia dónde. Y esta conciencia está siendo proyectada bajo la forma de una gran ansiedad ante un futuro sobre el que se ciernen inquietantes interrogantes.

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