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Zona de Ruptura

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Europa

Moix, la caída de un anti-sistema

El ya dimitido Jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Manuel Moix, ha caído porque en España ha resurgido con fuerza un periodismo que milita en la profesión con vocación y profesionalidad, y ha ocupado el espacio que el diario “El País” dejó vacío hace mucho tiempo. Los periodistas de infolibre.org, el diario.es, público, Ctxt y un largo etc están demostrándonos que existen sectores del llamado cuarto poder que no están supeditados ni son correa de transmisión de los otros tres, que se toman muy en serio su labor de servicio público a la sociedad, estando más que dispuestos a ejercer las dos tareas fundamentales que debe ejercer el periodismo en una sociedad democrática de masas (y de audiencias): vigilar al poder político y favorecer la existencia de una escena pública donde pueda desarrollarse la libertad de opinión, formada e informada. Elementos indispensables para que podamos tomar decisiones públicas a través de la discusión y la confrontación conflictiva de pareceres.

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Los soldados a casa

La cara de Carmona durante la rueda de prensa de Susana Díaz

Jose Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales en 2004 en el terrible contexto de los atentados del 11-M en Madrid. El Partido Popular hizo un cálculo electoral acertado y tomó una decisión terrible que marco su derrota. El cálculo era que si se sabía que el atentado tenía origen yihadista la gente haría uso de sus conocimientos básicos de aritmética, y concluiría que la bomba nos la pusieron por la participación de España en la guerra de Iraq. La decisión terrible fue que el gobierno de Aznar se atrevió, para evitar la conclusión anterior, a mentirnos de manera miserable, insultando con ello no sólo a nuestra inteligencia sino a la dignidad de nuestros muertos, asegurando que el atentado había sido provocado por ETA. El PP perdió estas elecciones no porque nos metiera en Iraq y de ahí se derivara el atentado terrorista, sino porque nos metió en la guerra de Iraq en contra de lo que pensaba toda España y cuando nos pusieron las bombas, encima, nos escupió en la cara, con sus falsedades, el desprecio enorme que sienten por la sociedad en su conjunto.

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El PSOE está “malito”

Provengo de una familia de extracción humilde que se partió el lomo en la Andalucía de la posguerra para sobrevivir. Mis abuelos maternos por ejemplo son del barrio popular sevillano de Triana, como Susana Díaz. Mientras mi abuelo hacía carne presente la sentencia bíblica de “ganarse el pan con el sudor de la frente” haciendo pozos en las fincas de los señoritos terratenientes, a los que les robaba, y a mucha honra, todas las naranjas que podía para después repartirlas por el barrio, mi abuela hacía lo propio cosiendo, a escondidas de su marido, porque en esa España oscura, aterrada y hambrienta que comandó Franco, el trabajo de la mujer era concebido como un oprobio. La generación de la posguerra en España aprendió las técnicas básicas de la supervivencia a base de trabajo informal en durísimas condiciones, con salarios de miseria, cartillas de racionamiento, un miedo terrible a la Guardia Civil y a la Brigada Social (nuestra particular Gestapo), y agachando la cabeza, apretando los dientes, ante los vencedores de la guerra, aquellos que habían destruido la democracia y cuyos descendientes hoy nos gobiernan.

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Lo que nos jugamos en Francia

Todos los comentaristas, más o menos especializados, que estos días vienen expresando su opinión sobre la relevancia de las elecciones en Francia, parten de la base de que éstas pueden marcar un punto de no retorno. Estoy deacuerdo con esta afirmación. Sin embargo, son discutibles algunas de las argumentaciones que se sostienen para dar plausibilidad a esta aseveración. Seguir leyendo “Lo que nos jugamos en Francia”

La enfermedad y el síntoma

Resulta muy ilustrativo de la situación en la que nos encontramos el tipo de discursos que están sosteniendo en España defensores del statu quo como Susana Díaz o Albert Rivera a raíz de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Ambos líderes aprovechan el triunfo de Trump para hacer un ejercicio de profunda demagogia al compararlo con Podemos, a la vez que se  establecen conexiones con el avance de la extrema derecha en Europa.

Esta estrategia de confusión no sólo lanza un mensaje tergiversador de la realidad orientado a desprestigiar al adversario político, sino que, además, sirve de velo que oculta una realidad que en nada conviene a los interesados que se haga visible. Esa realidad es que Donald Trump no es el origen del problema. El origen  del problema es Mariano Rajoy, Susana Díaz y Albert Rivera, es decir; lo que ellos simbolizan: el universo político que ha permitido que fenómenos como el que representa el señor Donald Trump sean posibles. Donald Trump es un síntoma. Susana Díaz, Albert Rivera y Mariano Rajoy son la enfermedad.

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Las ausencias del PSOE

Cuenta la prensa estos días que en el PSOE están barajando la posibilidad de pedir a 11 de sus diputados que se ausenten del hemiciclo el día que se vote la investidura de Rajoy. Así, ésta podría llevarse a acabo con el resto de escaños socialistas votando en contra.

Ésta sería la versión light del apoyo del PSOE a un nuevo gobierno del Partido Popular. Mientras, Paco Correa  nos cuenta en los tribunales lo que ya todos sabíamos: que el partido de Rajoy se ha financiado ilegalmente, que concedió licencias públicas a empresarios y grandes compañías para contar con su apoyo y que han estado por lo tanto participando en procesos electorales con un alto nivel de dopaje financiero, colocándoles en posición de ventaja frente a otros competidores. Ése es el partido popular que va a gobernarnos de nuevo gracias al apoyo de los socialistas.

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Sánchez no es Corbyn

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Jeremy Corbyn es el actual líder del Partido Laborista británico. Miembro de una familia muy politizada (sus padres se conocieron en una movilización pacifista en favor de la II República Española), es activista desde su juventud, y sobre sus 66 años pesan más de cuarenta participando en movilizaciones y causas sociales (contra la guerra sucia del gobierno británico frente  al IRA, contra el apartheid en Sudáfrica –hecho por el que estuvo incluso en la cárcel-, contra la guerra de Vietnam, contra la Guerra en Afganistán, Siria e Iraq, a favor del sindicalismo, por la defensa de los derechos humanos…) Ha combinado su presencia en movimientos sociales con la institucional desde que a principios de los 80 ganara un escaño como diputado a la Cámara de los Comunes por la circunscripción londinense de Islington North, escaño que ha mantenido elección tras elección durante más de 30 años. No ha sido un impedimento para él esta doble militancia, en las instituciones democráticas representativas y al pie del cañón de la acción colectiva desde abajo. De hecho, han sido numerosas las ocasiones en las que, ante la diatriba de elegir entre la línea oficial del partido o aquello que le dictaba su conciencia de activista, ha elegido lo segundo.

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Segunda Vuelta

Anomalía y Avaricia

No importa si eres comunista o capitalista, primer ministro de una autocracia socialista o presidente de una república democrática; da lo mismo si eres actor o director de cine, ministro de Industria o premio nobel de literatura. Puedes ser también hermana y tía de reyes, deportista de éxito, fiscal general del Estado o íntimo amigo del presidente de una superpotencia en horas bajas. Incluso puedes ser miembro de una monarquía petrolera. O traficante de armas. No importa lo que seas, ni de donde vengas. Puedes ser judío, cristiano o musulmán, incluso las tres cosas a la vez. Da igual si eres árabe, europeo o americano, africano o asiático. Aquí no hay alambres de espino con concertinas. Si tienes la plata, eres de la cofradía de la santa rapiña. Si tienes el dinero, y no quieres pagar impuestos, perteneces al selecto grupo de aquellos que pueden defraudar a las haciendas públicas.

Por decirlo clarito, para que lo entienda Bertín Osborne, “el campechano”: el que tiene una fortuna y no paga los impuestos que le corresponden es un ladrón. Y de los peores, porque nos roba a todos. Y además dos veces. Cuando se tiene una fortuna de la proporción que manejan estos personajes, por regla general tiene poco que ver con el sudor de la propia frente, y mucho con el sudor ajeno. Si encima esas fortunas, producto de la explotación y el latrocinio, no pasan el filtro del fisco, para que caigan algunas de sus migajas a través de los sistemas de redistribución del Estado, el robo es a dos manos, en dos tiempos y de una deleznable catadura moral.

Ahora  se escuchan declaraciones indignadas de representantes políticos de todo el espectro con respecto a este escándalo de los Panama papers. La hipocresía de algunos es sublime. Se muestran abiertamente indignados por la inmoralidad en el comportamiento de algunos próceres de los negocios, la farándula y la política, que depositaron su dinero en paraísos fiscales para evitar cumplir con sus obligaciones a Hacienda. ¿Cómo es posible que se muestren indignados, si esto no es más que producto del modelo económico que ellos mismos defienden?

En España, Partido Popular y Ciudadanos coinciden en lo fundamental: defienden un modelo de sistema económico basado en la creencia (defendida con la vehemencia de los fundamentalistas religiosos) en la existencia de unas leyes naturales intrínsecas a la economía de mercado. Unas leyes con capacidad de auto-regulación, en las que el Estado o las organizaciones internacionales no deben intervenir más que para garantizar el cumplimiento de las reglas del juego. Ya en sí es una contradicción irresoluble el hecho de defender que existen normas que deben seguirse (“reglas del juego”) en un sistema que considera que existen leyes (las económicas) por encima de las convenciones humanas. O una cosa o la otra, listillos, que las dos no pueden ser.

La clave de esta contradicción está por supuesto en que no existe tal cosa denominada “mercado autorregulado”. No se puede separar economía y sociedad. Están íntimamente imbricadas. La economía, por ello, está siempre subordinada a la política. Pero eso no se puede decir en voz alta, no vaya a ser que la gente se dé cuenta de que las cosas funcionan como funcionan no porque lo dicte la naturaleza (que es lo mismo que decir el destino, Zeus o los extraterrestres), sino porque determinados grupos están tomando las decisiones que permiten que el mundo dance según el ritmo que marcan sus intereses.

Esta creencia en que la economía puede y debe organizarse mediante el mercado auto-regulado ha mostrado con creces su potencial destructivo. Está más que comprobado, desde el siglo XIX, que la libertad de mercado desencadenada nos lleva a un lugar muy concreto: al infierno de la desintegración social, de la desigualdad galopante, de la xenofobia, del racismo y la guerra. Es lo que pasa cuando triunfa un proyecto político que entiende que todo es susceptible de convertirse en mercancía. Si junto a las patatas, los tomates y la carne de res, si junto a los frigoríficos, los celulares y la ropa, se pueden comprar y vender relaciones sociales, el trabajo de las personas, sus angustias y esperanzas, además de su medio ambiente, su entorno y los fundamentos materiales y espirituales de su propia existencia, entonces, el camino no es otro que el abismo.

Ahora quieren vendernos que lo de Panamá es producto de quienes se saltan las reglas del mercado. Digámoslo abiertamente: dejad de engañarnos. El mercado no se autorregula, sois vosotros los que instauráis las reglas. Los paraísos fiscales y la actitud de los que evaden impuestos no son ajenas al modelo económico: son parte indispensable del mismo.

Como botón, una muestra: la Directiva de Protección de Datos Comerciales aprobada este Jueves en la UE, en plena polémica por los Panama Papers, con 503 votos a favor y 131 en contra. En teoría, la directiva es para evitar la revelación de secretos frente al espionaje industrial. En la práctica, es una ley europea que fomenta la opacidad absoluta de las empresas, para evitar filtraciones, aunque éstas tengan que ver con corrupción, evasión de impuestos e incumplimiento de legislaciones nacionales e internacionales. Todos los conservadores y liberales de la cámara han votado a favor de esta Ley (incluye a Partido Popular y Ciudadanos). También los socialdemócratas (incluye a PSOE). Es decir, de cara a la galería, todos los líderes conservadores, liberales y socialdemócratas realizan compungidas e indignadas declaraciones por los datos revelados en el caso de los Panama Papers. Mientras tanto, aprueban leyes para dificultar no que existan defraudadores, sino que la ciudadanía pueda enterarse de su existencia. Los Panama Papers no son una anomalía: es representación fidedigna del motor que mueve este mundo: la avaricia.

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