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Derecha

La mirada larga del PNV

Hace unos días, una iniciativa del PDeCAT para agilizar los “deshaucios express” de las viviendas ocupadas fue aprobada en comisión (a la espera de su aprobación en el Senado) con el apoyo del PP, PNV y Ciudadanos.

Aunque es cierto que las disposiciones que defendían Ciudadanos y PP eran aún más duras, la iniciativa facilita un trámite rápido para desalojar viviendas pertenecientes a particulares, entidades sociales y públicas destinadas a alquiler social. Esto deja en estricta intemperie a los “ocupas” que deciden habitar una vivienda vacía por motivos relacionados con la mera supervivencia.

La insistencia particular de Unidos Podemos ha conseguido que no se incluyera en esta medida a las propiedades de los grandes tenentes de propiedad y a los fondos buitres, a pesar de la presión en sentido contrario ejercida por Ciudadanos, apoyados por el PP. La nueva normativa se autojustifica con el argumento de “luchar contra las mafias” que aprovechan la situación de vulnerabilidad de los ocupantes para lucrarse, pero no se establece en la práctica ninguna medida para combatirlas. Es decir, que, como denunció Lucía Martin, de En Comú, o Mayoral, de Unidos Podemos, la medida garantiza desalojar a personas sin garantía de realojo. El PSOE, algo más tibio, para variar, finalmente ha votado en contra de la medida. ERC también votó en contra, aunque no presentó ninguna enmienda. Por un solo voto, la propuesta de PDCat ha salido adelante.

En otras palabras, PDeCAT, Ciudadanos, PNV y PP esconden las banderas que tanto agitan para ponerse de acuerdo en aquello que les une: la defensa a toda costa de la propiedad privada. A “toda costa” aquí significa lisa y llanamente por encima del bien común. Estos cuatro partidos nacionalistas de derecha (dos españolistas, uno catalanista y otro vasquista) tienen bien clarito a quiénes se deben, y a quienes defienden. El modelo es el mismo, las diferencias estriban en a qué “nación” dicen representar mientras la desahucian.

Las diferencias entre estos distintos nacionalismos de derecha son no obstante notables, y no sólo en la cuestión nacional, que es fundamental y no solo cortina de humo, aunque haya mucho de esto. Y la diferencia más marcada está sin duda en el PNV.

El PNV es probablemente la derecha más “moderna” de todo el espectro político español, la más conectada auténticamente con la histórica democracia cristiana europea, esa que construyó el pacto social de posguerra con los socialdemócratas y que hoy está en disolución, y es también la derecha que en España ha mostrado una mayor y más genuina sensibilidad social, hecho este último que no puede sin embargo desconectarse de las particulares circunstancias en las que Euskadi se ha desenvuelto desde que el tirano se fue a molestar al infierno: el generoso pacto fiscal concedido por el Estado y la presencia de la violencia armada de ETA, uno de los más deletéreos legados que Franco legó a la democracia española.

Pero la diferencia fundamental del PNV con respecto no ya a las derechas nacionalistas del Estado en sus variadas adscripciones, sino probablemente al resto de opciones políticas, es la sutil, audaz y experta mirada larga con la que los de Sabin Etxea observan el panorama español.

El PNV es hoy el partido que mejor sabe entender España. Podemos supo inicialmente, quizás partiendo de alguna hipótesis incorrecta, pero exitosa, detentar esa mirada larga, pero la progresiva laminación del sector auténticamente radical en su seno (los genuinamente populistas) les ha hecho perder capacidad interpretativa, y salvo el sector que está combatiendo por mantener sus posiciones en Madrid en torno a Errejón, esa capacidad se está diluyendo en el partido morado.

Pero el PNV es otra cosa, en primer lugar porque la experiencia, por mucho que duela a los jóvenes audaces que hoy inundan la política española, es siempre un valor añadido, y en segundo lugar porque ellos no pretenden subvertir el régimen del 78, del que han sacado réditos más que significativos, sino mantenerlo en la medida de lo posible mientras se preparan para su inevitable transformación.

La mirada larga del PNV le está advirtiendo de varias cosas. De un lado, en lo inmediato, ha logrado que el movimiento de los jubilados en Euskadi le sirva de pista de aterrizaje perfecta para apoyar los presupuestos del PP haciendo caso omiso a las barbaridades que el gobierno está poniendo en marcha contra sus “hermanos” en Catalunya. El PNV, con el pacto alcanzado en esta materia con el PP, se acaba de marcar un tanto extraordinario, pues se va a presentar ante las generaciones mayores en Euskadi como el adalid de su combate por el mantenimiento de unas jubilaciones dignas. El peix a cove se fue de Catalunya, pero en Euskadi se mantiene incólume al desaliento.

En segundo lugar, a medio plazo, el PNV está observando con honda preocupación que la fenomenal crisis de representación que azota España, y que ya ha trocado bipartidismo en tetrapartidismo (a nivel estatal) está camino de cerrarse por la derecha con la paulatina sustitución del Partido Popular por Ciudadanos.

Un Ciudadanos que no sólo cuenta con la simpatía de la mayoría de los medios de comunicación y empresariales, sino que además hace gala de un nacionalismo español sin complejos que no se nombra a sí mismo, hecho que marca aún más la relevancia de su existencia, que se aleja (no sin alguna dificultad) de la evidente conexión que el PP aún mantiene con sus raíces franquistas, y que ha acumulado una notable experiencia en la dificilísima batalla catalana, no sólo sin quemarse, sino incrementando exponencialmente sus posibilidades.

El problema fundamental para el PNV es que este nuevo Cid Campeador de la derecha española no debe nada a los pactos del 78, aunque haga uso constante de los mitos fundacionales de la Transición para enrocarse con los valores de moderación, consenso y apatía política con los que fueron educados gran parte de las generaciones posteriores al 78, y sobre todo, no debe nada a los pactos territoriales que se establecieron entonces.

Y he aquí la mirada a largo plazo del PNV: dado que estos pactos están quebrados, primero por la actitud del Partido Popular (desde la política recentralizadora de la segunda legislatura de Aznar hasta la sentencia del TC sobre el Estatut, más todo lo demás que aún sigue) y luego por la reacción defensiva catalana (especialmente esas dos famosas leyes del Parlament de auténtico viaje a la estratosfera), Ciudadanos no se siente en absoluto concernido por ninguna de las líneas rojas territoriales que ya no respetan ni sus demiurgos. Sólo hay una de la que no se habla, que no se toca, que no se huele, que nadie se atreve a nombrar, y esa ausencia se va a convertir, advierte el PNV, en una potente presencia con los oportunistas de Rivera: el concierto económico vasco.

Esta triple mirada del PNV es la que explica, en el contexto de una corrosiva crisis multidimensional que ha degradado hasta niveles insospechados el bienestar en España, la jugada maestra del PNV al apoyar los presupuestos. El PNV teme la llegada del centralismo españolista renovado de Ciudadanos, y va a poner toda la carne en el asador para mantener en la UCI al Partido Popular todo el tiempo que sea necesario. El PNV conoce bien España. Mejor que nadie.

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La sonrisa de los mismos

Estos días, en la sonrisa de Cifuentes habita toda una forma de entender la política en España. Y un anuncio de futuro. Un anuncio que hay que combatir con todas nuestras fuerzas. Y con el voto entre los dientes.

La de Cifuentes es la mirada y la sonrisa de un depredador acorralado que aún confía en la firmeza de sus dentelladas y en el auxilio del resto de la jauría.

La sonrisa de Cifuentes es la muralla de Numancia encalada con la sentencia romana que acabó con los asesinos de Viriato, está protegida por los puñales de Guzmán el Bueno y enlucida con el mito de Moscardó resistiendo en el Alcázar de Toledo.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes no está la defensa imposible de un máster que no fue, ni tan siquiera la mala leche y la venenosa quina de las personas curtidas en el mar de tiburones del espectáculo de la copla de la caspa, a lo Pantoja.

Detrás de la sonrisa de Cifuentes hay algo más profundo. Seguir leyendo “La sonrisa de los mismos”

Moix, la caída de un anti-sistema

El ya dimitido Jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Manuel Moix, ha caído porque en España ha resurgido con fuerza un periodismo que milita en la profesión con vocación y profesionalidad, y ha ocupado el espacio que el diario “El País” dejó vacío hace mucho tiempo. Los periodistas de infolibre.org, el diario.es, público, Ctxt y un largo etc están demostrándonos que existen sectores del llamado cuarto poder que no están supeditados ni son correa de transmisión de los otros tres, que se toman muy en serio su labor de servicio público a la sociedad, estando más que dispuestos a ejercer las dos tareas fundamentales que debe ejercer el periodismo en una sociedad democrática de masas (y de audiencias): vigilar al poder político y favorecer la existencia de una escena pública donde pueda desarrollarse la libertad de opinión, formada e informada. Elementos indispensables para que podamos tomar decisiones públicas a través de la discusión y la confrontación conflictiva de pareceres.

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El PSOE está “malito”

Provengo de una familia de extracción humilde que se partió el lomo en la Andalucía de la posguerra para sobrevivir. Mis abuelos maternos por ejemplo son del barrio popular sevillano de Triana, como Susana Díaz. Mientras mi abuelo hacía carne presente la sentencia bíblica de “ganarse el pan con el sudor de la frente” haciendo pozos en las fincas de los señoritos terratenientes, a los que les robaba, y a mucha honra, todas las naranjas que podía para después repartirlas por el barrio, mi abuela hacía lo propio cosiendo, a escondidas de su marido, porque en esa España oscura, aterrada y hambrienta que comandó Franco, el trabajo de la mujer era concebido como un oprobio. La generación de la posguerra en España aprendió las técnicas básicas de la supervivencia a base de trabajo informal en durísimas condiciones, con salarios de miseria, cartillas de racionamiento, un miedo terrible a la Guardia Civil y a la Brigada Social (nuestra particular Gestapo), y agachando la cabeza, apretando los dientes, ante los vencedores de la guerra, aquellos que habían destruido la democracia y cuyos descendientes hoy nos gobiernan.

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7 notas sobre Mayo

1.- Mayo está que arde. El primer dato del mes se anunciaba ya en el barómetro del CIS de febrero. Casi un 40 por ciento de la población española interpretaba como insoportable el nivel de corrupción del país. En el barómetro de marzo, último disponible cuando escribo estas líneas, el porcentaje ha subido a un 44,8% y todavía los españoles no nos habíamos enterado de la “Operación Lezo”. Si combinamos este dato con el hecho de que casi 8 de cada 10 españoles opinan que el paro es el principal problema (72,2%), y más de 6 de cada 10 consideran que la situación económica del país es mala o muy mala (60,7%), siendo un 78,4% los que consideran que la situación es igual o peor que hace un año, uno no puede más que concluir que se está alimentando de nuevo el run-run de la indignación. Sobre este telón de fondo de la opinión ciudadana, la triple noticia de la imputación de Ignacio González, la caída de Aguirre y la polémica en torno a la figura del jefe de la fiscalía anti-corrupción, Manuel Moix, es pura gasolina. Seguir leyendo “7 notas sobre Mayo”

Podemos lo ha vuelto a hacer

La puesta en escena es impresionante. En la mayoría de los medios se reproduce una foto en el que caminan juntos, con paso firme, los representantes de Unidos-Podemos, En Comú Podem y En Marea. Una imagen de fortaleza coral que transmite claramente la siguiente idea: nosotros somos colectivo, nosotros somos la calle; nosotros no somos como todos estos que nos rodean. Nosotros estamos enfrente. El mensaje está claro, es durísimo y enuncia con perspicacia y perspicuidad una realidad que todo el mundo conoce pero que casi nadie nombra en el Parlamento: España está en  “estado de emergencia democrática”.

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España no es sólo eso

Esperanza Aguirre dimite. Ignacio González en el trullo. Descubrimos, otra vez, que millones del erario público han ido a parar a las arcas del PP y al bolsillo de algunos de sus más ínclitos golfos apandadores. Fiscales anticorrupción pasándose el Espíritu de las Leyes por el escroto. Un Secretario de Estado haciéndonos un Fernández Díaz, y un Ministro de Justicia marcándose un “sé fuerte”, también por SMS, al que está en el trullo: “Ojalá se acaben pronto los líos” (sic). Empresarios de la construcción y directivos de club de fútbol jugando a pasar el sobre. Compi-yoguis de la Reina, a lo grande, con nuestra pasta. Un exministro de la era Turbo-Aznar se broncea con rayos uva, también a nuestra costa. Rajoy, mientras tanto, en Brasil, de Gran Hombre de Estado, corriendo rápido, y, por supuesto, preocupado por Venezuela. Tres jóvenes promesas del PP (Maroto, Casado, Levy) muestran sin tapujos su jeta de cemento y su falta de escrúpulos tratando de justificar lo injustificable, advirtiéndonos, de paso, que el recambio en el PP será más de lo mismo. Seguir leyendo “España no es sólo eso”

Y la Gran Coalición se hizo carne

corderoangelesmisaHace mucho tiempo que el diario “El País” entendió perfectamente, con la clarividencia que otorga la amenaza de la falta de ingresos de la que depende el pan que se lleva a la boca, que lo suyo no es el periodismo sino la simple y mera transmisión de los dictados del que sujeta el látigo.

Heraldo de lo viejo que no acaba de morir, en su portada de hoy, edición digital, anuncian a la vez que niegan, con la genuflexión salivante que les caracteriza, la feliz Gran Coalición no formalizada entre PP y PSOE, congratulándose de lo que consideran el aislamiento de Podemos y Ciudadanos y la recuperación de la iniciativa política por parte de los dos grandes partidos. Es un cántico exultante de victoria. Es la felicidad del siervo al que se le enciende la líbido cuando sonríe el Amo. Por fin, parecen decirnos, España se encamina por la buena senda. “El Pais” sigue considerando con desprecio a sus lectores, a los que considera imbéciles en una doble dimensión: por sí mismos, y por leerles. Exactamente lo mismo que piensa el PSOE de sus votantes.  

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La enfermedad y el síntoma

Resulta muy ilustrativo de la situación en la que nos encontramos el tipo de discursos que están sosteniendo en España defensores del statu quo como Susana Díaz o Albert Rivera a raíz de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Ambos líderes aprovechan el triunfo de Trump para hacer un ejercicio de profunda demagogia al compararlo con Podemos, a la vez que se  establecen conexiones con el avance de la extrema derecha en Europa.

Esta estrategia de confusión no sólo lanza un mensaje tergiversador de la realidad orientado a desprestigiar al adversario político, sino que, además, sirve de velo que oculta una realidad que en nada conviene a los interesados que se haga visible. Esa realidad es que Donald Trump no es el origen del problema. El origen  del problema es Mariano Rajoy, Susana Díaz y Albert Rivera, es decir; lo que ellos simbolizan: el universo político que ha permitido que fenómenos como el que representa el señor Donald Trump sean posibles. Donald Trump es un síntoma. Susana Díaz, Albert Rivera y Mariano Rajoy son la enfermedad.

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