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Zona de Ruptura

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El 28 de abril vivimos en España una potente movilización del electorado progresista. Una altísima participación electoral casi desconocida en nuestro país, auspiciada por una idea manifiesta: erigir un dique de contención frente al avance insoportable de una triple derecha desatada en lengua, soberbia e irresponsabilidad política.

Una triple derecha dispuesta a seguir empeorando las condiciones de existencia de los españoles con sus fracasadas medidas neoliberales, las mismas que nos arrastraron a la crisis del 2008, y crecientemente reaccionaria en el ámbito de la moral, la memoria y los derechos conquistados. Todo ello bien rociado con un denso y sofocante perfume con el hedor de la tumba principal del Valle de los Caídos.

Este dique de contención se había levantado sin embargo no sólo sobre el miedo a que esta derecha desbocada tomara el poder. Sus cimientos más luminosos se asentaban sobre una esperanza: la posibilidad de establecer cualquier tipo de acuerdo de gobierno entre los partidos políticos que atraen la mayoría del voto progresista o de izquierdas en nuestro país. Ya lo habían conseguido tras la moción de censura a Rajoy. No era un castillo en el aire.

Sin embargo, no nos hacíamos grandes ilusiones. Sabíamos que, a nivel internacional, el volante lo llevan aquellos que aman la política al borde del abismo. Sabíamos que, a nivel europeo, la elección está entre quienes cabalgan sin complejos derechitos al desastre, o a quienes desean, sin cambiar el curso del camino, ponerle bridas a la locura. Sabíamos que el PSOE es una maquinaria oligárquica de administración del poder, orientado por la máxima de mantenerse en el timón, a toda costa, siguiendo el itinerario que imponga la marea. También sabíamos que Unidas Podemos hace tiempo dejó de representar la ilusión indignada de 2011.

Sabíamos todo esto pero fuimos a votar con la papeleta bien firme entre los dientes. Como en una suerte de último acto de insurgencia votante, tras el exasperante ciclo electoral que comenzó en 2014. Gritando: os votamos porque sois lo mejor dentro de los que estáis, pero no es un cheque en blanco. Os votamos porque nos debéis vuestro derecho a la representación. Os votamos porque somos el grito ahogado del que clama contra el mal gobierno. Os votamos porque es nuestro puto derecho, arrancado de las manos de las élites que siempre nos consideraron idiotas de lo público. Os votamos porque, a pesar de todo, confiamos en vosotros, y en que os pongáis de una jodida vez de acuerdo.

Con estos mimbres, el cesto construido el 28 de abril nos pareció una victoria. Una victoria que cabía (y se expresaba) en un suspiro. Un suspiro que daba cobijo a esos dos anhelos (parar a la derecha, construir un gobierno progresista). Sinceramente, hoy esos dos anhelos se han convertido en vaho que se disuelve en el techo de cristal de la componenda política.

El PSOE es el gran responsable de la disolución de los anhelos del 28 de abril. Pero a Unidas Podemos también le toca su parte.

Tras su arrebato quincemayesco, consistente en el acto de rebeldía del militante socialista, que eligió al líder defenestrado por la cúpula, el PSOE ha vuelto a ocupar el lugar que le corresponde: el de la rémora. La prueba está en que ha puesto toda la carne en el asador para quemar la posibilidad de articulación de un pacto con Unidas Podemos. El PSOE no quiere compartir el poder del Estado. Un poder, y un Estado, que han sido construidos por él mismo tras la erección del modelo de democracia del que disfrutamos. El PSOE por eso se siente propietario del hábitat España. Cree tener la legitimidad para administrarnos como a los habitantes de un cortijo. Y al PSOE no le gusta gobernar su hacienda a través de intermediarios. Dicho más claramente: el partido socialista ha visto la luz tras las elecciones, y cree que puede volver a recuperar lo que perdió comportándose exactamente igual que se comportó siempre: como un patrón benevolente que sabe lo que nos conviene a los demás, que somos imbéciles.

Es triste reconocer esto y a la vez desear que sean ellos los que gobiernen. Pero así es. Porque necesitamos un respiro, un mientras tanto, un caballo con bridas, es mejor que gobierne esta rémora a que lo hagan los otros. El PSOE sabe aún administrar sus herencias, es un titán cuando tiene el poder en sus manos, y es aún depositario de la confianza de amplias capas de nuestro pueblo. El PSOE es sociológicamente de izquierdas (por favor dejémonos de monsergas identitarias puristas, la izquierda es lo que fue, lo que es y aquello en lo que se convierte, no discutamos sobre el sexo de los ángeles) y esta realidad permite al menos pensar que algunas políticas serán progresistas (más aún con alguien que le sople en la nuca a la izquierda en el Parlamento o en el gobierno). No encuentro argumentos para pensar que un gobierno del PSOE será igual o peor que uno formado por el tridente derechista.

Antes de pasar a hablar sobre Unidas-Podemos creo que es necesario recordar una cosa: el voto es sólo una de las opciones que tenemos los ciudadanos para luchar por construir un mundo más humano para nosotros y nuestros semejantes. El voto es sólo una opción estratégica en un juego donde las cartas están marcadas y las reglas las dictan otros. Votar en democracia es fruto de una conquista social, pero el voto no es la morada donde reside el conjunto de todas nuestras preocupaciones, valores y deseos. Hay que desacralizar el voto. La democracia comprende el voto, pero lo rebasa.

La responsabilidad de Unidas Podemos está en otro lugar bien distinto al del PSOE, que claramente pretende humillar y doblar el codo de Unidas-Podemos. Básicamente, mi preocupación con respecto a Unidas-Podemos está en que parece haber abandonado la sana práctica de aquello que los antiguos griegos llamaban parresía. Esto es, decir la verdad, hablar en libertad, con franqueza, aún a sabiendas de que supone un peligro, de que podrás concitar el rechazo de aquellos que te apoyan. Arriesgarse a abandonar la retórica y los instrumentos técnicos para orientar la opinión, y hablar el lenguaje de la nuda verdad. Unidas Podemos ya no hace esto, porque la parresía, una forma de crítica, se articula hacia fuera, pero también hacia dentro. Quizás sigue haciendo lo primero, pero hacia dentro no le queda más que lengua desatada sin puertas. Los griegos, según nos cuenta Foucault, tenían un nombre técnico para esto. Yo se lo resumo: verborrea. Porque todo lo que nos cuentan sobre sus posiciones, sus conflictos internos, sus plebiscitos, sus cartas a los inscritos, suena en demasiadas ocasiones al arrullo embaucador de la charlatanería. Nunca se equivocan. La culpa es siempre del otro. Si asumo errores, es por no ver llegar al adversario con el puñal en la boca. Pero jamás nos cuentan ya la verdad cruda, sin aditivos. Mucho me temo que esto bien pudiera significar que el enemigo ya habita en ellos. Porque Podemos ha envejecido muy rápido, pero ha madurado poco. Se ha adaptado rápidamente al juego de los medios, al lenguaje del adversario; ha aprendido a eliminar la disidencia, a construir militantes-hooligan, a dejarse arrastrar por la autocomplacencia, a evitar siquiera el asomo de una retractación pública. A dar excusas, contar medias verdades, vendernos la moto. Da la sensación de que Podemos también ha comenzado a tratarnos como a idiotas de lo público.

Entiendo que Unidas-Podemos se encuentra en una tesitura terrible. Tener la bota del PSOE en la boca, sentir toda la presión humillante de su poder mediático, económico, de organización; su experiencia en la movilización de recursos, su habilidad para construir relatos de victoria, su dilatada sabiduría en decir lo uno y lo contrario en la misma frase sin pestañear. Se encuentra en la tesitura de tener que soportar todo esto y decir la verdad: no podemos doblarle el codo, no somos lo suficientemente fuertes, tenemos que aceptar su dictamen. Podemos vino a la política a volver a hacer de ella un servicio, y no a seguir jugando al juego de los testículos de partido enfrentados, y por ello, en mi opinión, Podemos debiera aceptar el jodido acuerdo que el maldito PSOE le proponga, para evitar que nos vuelvan a arrastrar a unas elecciones que, en el mejor de los casos, dejará a Podemos más debilitado y al PSOE más fuerte (con lo que habrá menos políticas de izquierdas) o, en el peor de ellos, dejará el gobierno en manos de los tres caudillos del paraíso fiscal, la flexibilización laboral, la venta de España al por mayor y la nostalgia por la moral autocrática.

Si esto no sucede, el PSOE nos arrastrará a elecciones. Yo volveré a votar a Unidas-Podemos o cómo demonios se llame la coalición que monten entonces. Pero ya los dientes no apretarán tan fuerte el voto, ya la ilusión se habrá convertido en resignación y ya la mirada estará en el horizonte de la esperanza en que hayamos aprendido algo, y surja, en el medio plazo, alguna otra cosa que vuelva a hablarnos con la franqueza que nos merecemos.

 

El combate que viene: en Europa y contra el populismo de derechas

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Según el análisis electoral realizado por el equipo de Jaime Miquel para el diario Público, la moción de censura de Pedro Sánchez que ha derribado al gobierno de Mariano Rajoy con el apoyo de todos los partidos del arco parlamentario salvo PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias, ha supuesto, de momento, el hundimiento de las perspectivas de voto del Partido Popular. Buena noticia. Lo malo es quiénes van a sustituirles.

Según los cálculos de Miquel, si hoy se votara en unas elecciones generales, el PP quedaría en cuarta posición y el sector de sus votantes de ultraderecha votaría al partido VOX, que podría acceder a la conquista de dos escaños. Además, asegura Miquel, Pedro Sánchez ya no rascará más en el sector derechista del electorado español, que ha quedado aglutinado en torno a la figura de Albert Rivera.

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Catalunya y la banalización de la democracia

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La crisis política que está enfrentando al Gobierno español con el Govern catalán es la versión específicamente española de algo que está aconteciendo a nivel global: la extensión de un mundo donde cada vez más desaparecen los marcadores de certeza.

A Europa occidental, con unas sociedades acostumbradas a unos relativamente altos niveles de seguridad, bienestar y prosperidad, la disipación de las certidumbres se le está atragantando. Esta realidad está produciendo fenómenos sociológicos diversos propios de un mundo que cambia, pero no sabe hacia dónde. Y esta conciencia está siendo proyectada bajo la forma de una gran ansiedad ante un futuro sobre el que se ciernen inquietantes interrogantes.

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Susana sabe, pero no se entera

«Lo único que te pido como secretaria general y como presidenta es que nunca me hagas elegir entre las dos lealtades, porque soy presidenta de todos los andaluces»

Esta frase, copiosamente reproducida en la prensa digital e impresa, fue pronunciada por Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía y líder del PSOE-A, dirigida a Pedro Sánchez, presente en el acto, en el reciente congreso regional del PSOE en Andalucía.

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Los soldados a casa

La cara de Carmona durante la rueda de prensa de Susana Díaz

Jose Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales en 2004 en el terrible contexto de los atentados del 11-M en Madrid. El Partido Popular hizo un cálculo electoral acertado y tomó una decisión terrible que marco su derrota. El cálculo era que si se sabía que el atentado tenía origen yihadista la gente haría uso de sus conocimientos básicos de aritmética, y concluiría que la bomba nos la pusieron por la participación de España en la guerra de Iraq. La decisión terrible fue que el gobierno de Aznar se atrevió, para evitar la conclusión anterior, a mentirnos de manera miserable, insultando con ello no sólo a nuestra inteligencia sino a la dignidad de nuestros muertos, asegurando que el atentado había sido provocado por ETA. El PP perdió estas elecciones no porque nos metiera en Iraq y de ahí se derivara el atentado terrorista, sino porque nos metió en la guerra de Iraq en contra de lo que pensaba toda España y cuando nos pusieron las bombas, encima, nos escupió en la cara, con sus falsedades, el desprecio enorme que sienten por la sociedad en su conjunto.

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Lo quiero muerto hoy

Cuentan las malas lenguas que, en la víspera del Comité Federal que defenestró a Pedro Sánchez , éste envió a una de sus partidarias, la secretaria general del PSOE en Baleares, Francina Armengol, para pactar un sometimiento claro de Pedro Sánchez a lo que dijeran los jerarcas del partido a cambio de mantenerse en la Secretaria. Susana Díaz le contestó a Armengol: “Oye Francina, veo que no te has enterado. Yo a éste lo quiero muerto hoy”.

De ser cierta esta anécdota, que desde luego es bastante plausible, se desprenden dos cosas, interesantes si reflexionamos sobre ello a tenor del resultado de las primarias del PSOE, en las que el muerto Sánchez no sólo ha resucitado, sino que ha recuperado la corona, y a lo grande, ya que, contra todo pronóstico, no solo ha vencido a Susana Díaz, sino que ha superado el 50% de los votos. Más de diez puntos por encima de la representante preferida por el establishment socialista y buena parte de la derecha política y mediática.

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La deshonestidad intelectual de Elena Valenciano

Uno de los peores pecados que puede cometer  un representante político es el de la deshonestidad intelectual. Puedo comprender que por razones de estrategia política se utilicen determinadas artimañas del lenguaje, subterfugios retóricos, circunloquios argumentativos. Puedo entenderlo, aunque prefiero políticos que hagan el menor uso de ello.

Lo que me resulta insoportable, y lo que es más importante, muy peligroso para la calidad de nuestras democracias, es ese tipo de deshonestidad intelectual que tiene como único objetivo tender redes de engaño y que, de manera no confesada, parte de la premisa de que el personal es absolutamente imbécil e incapaz de pensar por sí mismo. Esto es muy preocupante, porque estamos hablando de la gente que nos “representa” en función de su cargo público. Y que alguien nos “represente” es algo muy serio. Porque un representante público es el portador de un determinado “poder” cuya cristalización es el resultado de innumerables luchas sociales. Ese poder se llamar “poder del pueblo”, e hizo falta mucha sangre para que lograra instaurarse como fundamento último de la legitimidad de nuestros representantes.

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El PSOE está “malito”

Provengo de una familia de extracción humilde que se partió el lomo en la Andalucía de la posguerra para sobrevivir. Mis abuelos maternos por ejemplo son del barrio popular sevillano de Triana, como Susana Díaz. Mientras mi abuelo hacía carne presente la sentencia bíblica de “ganarse el pan con el sudor de la frente” haciendo pozos en las fincas de los señoritos terratenientes, a los que les robaba, y a mucha honra, todas las naranjas que podía para después repartirlas por el barrio, mi abuela hacía lo propio cosiendo, a escondidas de su marido, porque en esa España oscura, aterrada y hambrienta que comandó Franco, el trabajo de la mujer era concebido como un oprobio. La generación de la posguerra en España aprendió las técnicas básicas de la supervivencia a base de trabajo informal en durísimas condiciones, con salarios de miseria, cartillas de racionamiento, un miedo terrible a la Guardia Civil y a la Brigada Social (nuestra particular Gestapo), y agachando la cabeza, apretando los dientes, ante los vencedores de la guerra, aquellos que habían destruido la democracia y cuyos descendientes hoy nos gobiernan.

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7 notas sobre Mayo

1.- Mayo está que arde. El primer dato del mes se anunciaba ya en el barómetro del CIS de febrero. Casi un 40 por ciento de la población española interpretaba como insoportable el nivel de corrupción del país. En el barómetro de marzo, último disponible cuando escribo estas líneas, el porcentaje ha subido a un 44,8% y todavía los españoles no nos habíamos enterado de la “Operación Lezo”. Si combinamos este dato con el hecho de que casi 8 de cada 10 españoles opinan que el paro es el principal problema (72,2%), y más de 6 de cada 10 consideran que la situación económica del país es mala o muy mala (60,7%), siendo un 78,4% los que consideran que la situación es igual o peor que hace un año, uno no puede más que concluir que se está alimentando de nuevo el run-run de la indignación. Sobre este telón de fondo de la opinión ciudadana, la triple noticia de la imputación de Ignacio González, la caída de Aguirre y la polémica en torno a la figura del jefe de la fiscalía anti-corrupción, Manuel Moix, es pura gasolina. Seguir leyendo “7 notas sobre Mayo”

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